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Los propósitos pascuales

Es muy común, o mejor dicho más común, que hagamos propósitos de Cuaresma. incluso propósitos de Adviento, pero es muy raro que hagamos propósitos de la Pascua. Será algo así de tal manera que prolonguemos la alegría de la Pascua, en esta semana que se llama Octava primero y después Cincuentena Pascual, estos 50 días que nos separan de Pentecostés, donde se sigue con la alegría de la Pascua. Creo que es bueno también tener propósitos pascuales, que serían algo así como aquello que hemos logrado hacer como fruto de la Cuaresma, como fruto de la Semana Santa, podamos prolongarlo a lo largo de la Cincuentena Pascual.

Por ejemplo si nos habíamos propuesto no criticar a alguien, si nos habíamos propuesto mirar de tal o cual manera a tal persona, si nos habíamos propuesto ayudar a tal o cual persona, si nos habíamos propuesto en casa hacer tal o cual cosa, sería bueno hacerlo como Propósito Pascual. Es decir que se prolongue a lo largo de la Pascua, para ir adquiriendo un hábito. ¿Y qué es un hábito? Hábito –como dice Tomás de Aquino– es la misma definición de virtud, es defecto de vicio. La repetición de actos operativos buenos, eso se convierte en una virtud. La repetición de hábitos operativos malos se transforma en un vicio.

Entonces yo les propongo que todos aquellos que hayamos hecho algún propósito de la Pascua los prolonguemos en la Cincuentena Pascual, a ver si puede adquirirse cómo habitus, como hábito, y de esa manera convertirse en virtud. Y de esa manera aquello que decíamos en estos días es una alegría que nadie nos la podrá quitar, de la misma manera esa alegría se va a producir en nosotros. Propósitos de la Pascua, para que la alegría se prolongue.

Que la Virgen Santísima de Luján nos ayude a todos a hacer esos propósitos y a cumplirlos en nuestra vida.

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