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Respetemos los símbolos patrios

En estos días hemos tenido a la vista un desagradable hecho. Aquellos que promovemos el amor a nuestra tierra y a nuestro pasado como vía hacia una sociedad mejor, somos testigos consternados, tristes y, por qué no, enojados, de una ofensa, un agravio a nuestra Bandera Nacional.

En el mástil de la Plaza Rivadavia, frente a la Iglesia San Luis y a la Escuela Primaria Nº 1, y a metros de una placita de juegos por la cual pasan centenares de niños en estas vacaciones a causa de su reciente remodelación, en el mástil –repetimos- se encuentra izado el pabellón nacional y debajo suyo la bandera wiphala (aquella multicolor que representa a los pueblos originarios inca y aymará).

Nos preguntamos, ¿tiene que estar allí la wiphala? ¿Puede estar izada en el mismo mástil que la nacional? NO. NO a ambas preguntas.

Tristemente pareciera que hemos olvidado el significado de “símbolo patrio”. Hagamos memoria entonces. La Bandera Nacional –creada por Manuel Belgrano el 27 de febrero de 1812- es la máxima expresión de argentinidad. Es la mayor representación argentina en el concierto de naciones del mundo. Ningún otro país tiene una bandera igual. Miles y miles de argentinos han dado su vida por su grandeza y defensa lo largo de 200 años, han trabajado por ella, por el país que representa. Y lo siguen haciendo por supuesto. Es por ello, que las leyes (porque esto está legislado a nivel nacional y provincial, no es un capricho de un vecino patriota) establecen que en el mástil de izamiento de la bandera nacional sólo puede haber una: la celeste y blanca. Ninguna otra que la acompañe, ni siquiera la bandera provincial, ésta debe estar en otro mástil a su lado.

Si el izar la bandera wiphala debajo de la nacional fue un gesto de inclusión, en realidad fue bastante discriminatorio. La wiphala representa a los descendientes de los pueblos andinos, quedan fuera de ella los descendientes de guaraníes, mapuches, ranqueles, tobas y otras naciones indígenas que aún habitan suelo argentino. Además, si consideramos que desde 2008 la wiphala es símbolo nacional de Bolivia, ello significa que con nuestra bandera estamos izando la de un estado vecino. Por ende, si de descendencia se trata, y teniendo en cuenta que por nuestras venas corre sangre española, italiana, francesa, inglesa, etc, etc, ¿deberíamos promover también izar todas estas banderas junto a la celeste y blanca en cada plaza? Sencillamente descabellado.

Sabemos que este hecho ha ocurrido en simultáneo en otras plazas de la ciudad. Entonces, ¿quién es el responsable? ¿De quién fue esta desafortunada idea? ¿Van a seguir haciéndolo? Estamos seguros que el izamiento no fue realizado por un mercedino que casualmente pasaba por allí. Imposible.

Hace apenas un mes que los niños y niñas de cuarto grado hicieron su promesa a la Bandera Nacional, en una Plaza San Martín plena de celeste y blanco, frente al Municipio. ¿Acaso borramos con el codo lo que escribimos con la mano? ¿Qué mensaje, qué imagen le damos cuando ellos ven otra tela que no es la nacional confundida con el verdadero símbolo de argentinidad? No olvidamos que en esa misma plaza se usó la estatua de San Martín para atar guirnaldas de luces en las noches del último corso. Hubo quejas de vecinos, pero las luces siguieron inamovibles. Y ahora esto… justo teniendo frente a la plaza Rivadavia una escuela primaria.

Como miembros del Instituto Belgraniano de esta ciudad solicitamos a quien corresponda, dos cosas: en primer lugar, leer las leyes sobre nuestros símbolos patrios, en especial sobre la Bandera Nacional (por ej. Decreto Poder Ejecutivo Nacional Nº 10.302/ 1944, Ley Nacional Nº 23.208/ 1985, Decreto PEN Nº 824/ 2011, y Ley Provincial Nº 14.438/ 2012).

En segundo lugar, y más importante, honrar y respetar nuestro pabellón nacional permitiéndole ser el UNICO en todos los mástiles, como debe ser, como nunca debió dejar de ser. Porque la Bandera Nacional es nuestro emblema de libertad, paz, honor y trabajo para todos los habitantes de esta tierra argentina. No lo olvidemos.

Alejandro Molle, Secretario
María Mónica Brown, Presidente

Instituto Belgraniano

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