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Memoria colectiva de Mercedes en redes sociales

Berta era una vecina de mi infancia que vivía sola en un caserón interminable. Una abuela a la que nunca le conocí los nietos. Quizás por eso la visitaba con frecuencia. Berta me hacía pasar a la cocina y me convidaba unos bombones que guardaba en un frasco de vidrio sobre la mesada. Junto a los bombones traía una caja con fotos amarillentas, carcomidas en los bordes, y recortes de diarios de épocas, prueba fehaciente de que sus historias eran reales. El pacto consistía en que yo comía los bombones y ella me contaba sus historias, las historias de las fotos, el por qué de esos recortes.

Nunca supe si Berta olvidaba en cada encuentro las visitas anteriores o si sus relatos se trataban de alguna técnica para la memoria, ejercicios sugeridos por el médico para no olvidar. En cualquier caso mi presencia aportaba para conservar lo más esencial que tenemos, la memoria de quienes somos.

Hoy, de pronto, treinta años después, hay veces que me paseo por el barrio de Facebook y me encuentro de forma imprevista imágenes anacrónicas que me llevan a Berta, a aquellos encuentros, a nuestra historia en común. Fotos sacadas de su caja de memoria que se imponen sin permiso al abrir la red social. Portales que me hubiese encantado que Berta conociera, que fuera una de las cuatro mil trescientas personas que siguen la página “Mercedes en el recuerdo”, por ejemplo.

Tulio Ortiz, el creador de la página cuya descripción dice “Para memoriosos y nostalgiosos del Mercedes del ayer” cuenta cómo surgió la idea: “Surgió espontáneamente al recibir el libro de Rolo Capaccio (que desde hace décadas vive en Misiones) con sus memorias llamado “27 y 32. Una historia de infancia en Mercedes (B)»– (417 págs.) Le pedí una versión electrónica y permiso para difundirlo por alguna red. Entonces se me ocurrió crear el grupo invitando a los amigos de Mercedes y parientes del mismo origen. Unos 30 más o menos. El nombre del Grupo proviene del libro de Raúl Ortelli así llamado y, también, como homenaje a él”.

Empezó invitando unos treinta amigos, pero los algoritmos de las redes sociales saben captar dónde hay una necesidad o un deseo. Y en poco tiempo la página creció exponencialmente en el número de miembros.

“Cuando vi cómo se iban sumando pensé que en Mercedes debía haber infinidad de fotos y recuerdos que la gente atesora y que son presa del olvido o de la ausencia de un lugar donde mostrarlas, resucitarlas y de alguna manera volver a vivir épocas de cada uno, que es la de todos. Además, el reencuentro de personas, el clima afable y amistoso que se fue creando… También conocí gente que nunca hubiera conocido y me parece que a muchos le ocurrió otro tanto”.

¿Cuántas Bertas andarán por allí, en sus casas, frente a las pantallas, compartiendo encuentros virtuales y diálogos tipográficos alrededor de una foto que ancla, de algún modo, un tiempo o una época de nuestra historia? ¿Cuántos hijos o nietos de Bertas, ávidos de conocimientos sobre sus mayores y su pueblo, serán parte de estos grupos?

Imagino a Berta dándole también un like a la página “Mi antigua Mercedes” que tiene más de cinco mil seiscientos miembros y que fue creada por Diego Marú, a quien le pregunto por el origen: “Por un lado la creé porque me gusta mucho la historia, particularmente sobre la ciudad. Leo mucho material que me llega de Mercedes y tengo una bibliotequita con bastante info. Soy muy localista. Por otro lado, cuando yo armé la página iba mucha gente, especialmente de las escuelas, a la dirección de prensa buscando si había algo de lo orígenes de la ciudad, de la iglesia, del Municipio… y no teníamos ese material. Entonces fui volcando a la página todo lo que tenía. Surgió un poco por gusto y un poco por brindar el material que yo tenía o podía conseguir”.

Gracias a la tecnología y a las redes sociales –tan despreciables en otros aspectos–, y gracias a quienes administran estos sitios, el álbum de foto familiar empolvado en alguna baulera pérdida en los caserones de antaño, dejó de ser un ejercicio para la memoria para convertirse en las historias de un pueblo, en la memoria social. Las anécdotas repetidas de los abuelos dejaron de ser transmisiones unilaterales sobre la verdad del pasado para ser construcciones colectivas y horizontales, recuerdos compartidos, una búsqueda conjunta de identidad.

¿Cuáles son los recuerdos de Mercedes con mayor afectividad? ¿Cuáles, las imágenes y los temas con mayor repercusión?

“Las que tuvieron más repercusión –dice Diego Marú– fueron las de las fiestas; las del salame y las del durazno, porque hay mucho material con fotos de las reinas y eso pega mucho en los familiares y amigos. También tuvieron mucha repercusión las distintas etapas de la plaza San Martín y de la Catedral. Y fotos personales. Por ejemplo las fotos de las promociones. Se enganchan mucho con eso. De desfiles de la ciudad también”.

Diego piensa, busca en sus archivos mentales y dice: “Me acuerdo una foto del tren pasando justo por las vías de La Trocha a la altura del parque… una del loco Di Palma que corrió la última carrera de las 500 millas mercedinas… esa pegó mucho…. la de la cucaracha, el viejo y tradicional colectivo de los Cosi”.

Para Tulio, las publicaciones con mayor repercusión tienen que ver con “las que llegan hasta lo más hondo del alma, la que reviven un momento de la juventud o la niñez, irrecuperable de otra manera. Las que refieren temas de los cuales ya no tenemos con quien hablar…”

La palabra circula como en un fogón. El rompecabezas de datos, recuerdos y contexto se va conformando y en esa interacción evocativa surgen nuevas experiencias, nuevas anécdotas. “Si, muchas anédotas -afirma Tulio-, por ejemplo, cuando se reencontraron dos personas que, recíprocamente, tenían la creencia de que el otro había fallecido…O bien, discusiones sobre favoritos en el TC en las 500 Millas, propias de la década del 50…recientemente lo que ocurrió con una inocente poesía de Luis Cané que derivó en preguntarse qué había ocurrido con su Monumento de 16 y 25, y que muchos (yo entre ellos) se enteraran que ya no estaba…”

Es verdad que las redes sociales son efímeras, que están pensadas para la inmediatez y que los contenidos suelen ser fugaces. Pero también es cierto que páginas con estas temáticas suelen tener una gran recepción ¿Por qué? creo que funciona por el hecho de que son publicaciones que te aferran más a tu historia, a la historia de tu ciudad, al arraigo -responde Marú-. Creo que va por ahí, en recordar aquellos momentos. Más todavía los que suben fotos de familiares, de abuelos… esa melancolía. Tratar de mantener vivos los recuerdos. Al ser abierta la página cada uno va volcando su propia historia también con fotos de abuelos o padres que les hace acordar momentos de juventud, de infancia. Es el hecho de revivir aquellos momentos, y de darles valor.”

Tulio opina al respecto: “Creo que es porque toca, como vimos, sentimientos muy profundos, donde cada uno se manifiesta con absoluta libertad (la página es de todos), el trato afable y muy respetuoso especialmente hacia los que nos han precedido. Quizá también porque todos necesitamos una caricia en el alma…”

Dicen que algo se mantiene vivo mientras se lo recuerde, es decir, mientras se tenga con quien hablar, a quien contarle. Berta, además de cumplir con las ejercitaciones indicadas por el médico, estaba haciendo algo aún más noble: transmitir el legado de los recuerdos para que no mueran.

Es una pena. Si Berta viviera en esta época ya no tendría que comprar bombones.

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