
Al cumplirse un nuevo aniversario del fallecimiento del Dr. Arturo Umberto Illia, el Comité de la Unión Cívica Radical (UCR) de Mercedes, bajo la conducción de Karina La Regina, rindió un sentido homenaje a quien fuera presidente de la Nación entre 1963 y 1966.
A través de un comunicado oficial, la dirigencia local resaltó que la figura de Illia representa la política entendida como un «acto de servicio y decencia».
Desde el centenario partido subrayaron que, en el contexto actual, las enseñanzas del ex mandatario «resuenan más fuerte que nunca».
En este sentido, recuperaron una de las frases más emblemáticas de Illia para definir su gestión: “Para ser presidente de la Nación, no hace falta ser un sabio, pero sí un hombre honrado”.
Un faro de austeridad y educación
Para la conducción de la UCR local, los pilares del gobierno de Illia siguen siendo el norte de su construcción política.
«Su austeridad, su defensa de la educación y su integridad inquebrantable son el faro que guía nuestro camino», expresaron desde el Comité. El homenaje concluyó con un llamado a «honrar su legado trabajando por una Argentina mejor».
Perfil de un presidente ejemplar
Arturo Umberto Illia (1900-1983) fue un médico y político argentino cuya presidencia se caracterizó por una profunda impronta democrática y el respeto por las instituciones. Entre los hitos más destacados de su gestión se encuentran:
Educación y Salud: Destinó el presupuesto más alto de la historia argentina a la educación y sancionó la Ley de Medicamentos (Ley Oñativia), que buscaba controlar los precios y la calidad de los fármacos.
Economía: Logró una importante reducción de la deuda externa y un crecimiento sostenido del Producto Bruto Interno (PBI).
Austeridad: Reconocido por su sencillez, Illia renunció a su jubilación de presidente y se retiró de la función pública con el mismo patrimonio con el que ingresó, regresando a su pueblo, Cruz del Eje, para ejercer la medicina.
Su mandato fue interrumpido por un golpe de Estado cívico-militar en junio de 1966, pero con el paso de las décadas su figura se ha consolidado como un símbolo de honestidad y ética en el ejercicio del poder.
