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Alberto Horacio Robles, un soldado desaparecido hace 50 años

Por Ciro J. Lalla

Mientras en el país se esperaba con ansiedad y resignación el Golpe de Estado, en la taciturna ciudad de Mercedes el Regimiento 6 de Infantería se aprestaba a participar activamente en el siguiente proceso, aunque -valga recordar- el aparato represivo ya venía practicando operativos clandestinos: allanamientos, secuestros, torturas, asesinatos y también desapariciones de personas.

Alberto Horacio Robles había nacido el 24 de agosto de 1954. Hijo de padre desconocido y de Alba Juana Robles, una humilde planchadora que vivía en Tigre. Estaba cumpliendo el Servicio Militar Obligatorio en la ciudad de Mercedes.

Pero a principios de febrero de 1976, el conscripto Robles nunca volvió al Regimiento 6; poco tiempo después fue declarado “desertor” y dado de baja por la autoridad militar comandada entonces por el Teniente coronel Alberto Schollaert.

El aparato represivo ya venía practicando operativos clandestinos: allanamientos, secuestros, torturas, asesinatos y también desapariciones de personas

En su libro “El Escuadrón Perdido”, José Luis D’Andrea Mohr incluye el caso del soldado Robles:

“En los primeros días de febrero de 1976 un amigo de Alberto avisa a su madre que el hijo estaba detenido en una comisaría de San Fernando. La señora se presenta en la comisaría y allí le dicen que Alberto Horacio no estaba ni había estado detenido allí. Horas después, y por intermedio de otros amigos de su hijo, detenidos junto con él, supo que el joven conscripto, a juzgar por los gritos oídos, podría haber sido asesinado dentro de la comisaría. Con esos testimonios la señora radicó una denuncia en el Juzgado Penal número 4, Secretaría 7, Causa 10616/7. Concurrió a declarar personal policial que admitió haber detenido al joven ROBLES durante un procedimiento «de rutina», pero el muchacho «se había escapado».

Más allá de las investigaciones policiales y judiciales resulta preciso señalar que Alberto Horacio Robles estaba “bajo bandera”, es decir que era en el momento de su desaparición un ciudadano bajo la tutoría del Estado Nacional que, por ley lo “obligaba” a cumplir el servicio militar. Las autoridades militares del Regimiento 6 tienen que haber sido informadas inmediatamente de este confuso episodio en la Comisaría de San Fernando.

El habeas corpus interpuesto en el Juzgado Federal de San Martín, con el número 734/76, no dio resultados.

Durante el año 1976 el caso del soldado Robles no fue el único sucedido bajo jurisdicción del Regimiento 6 de Infantería “Gral. Viamonte”. Seis meses después, y en plena Dictadura, sufrirá la misma suerte el soldado conscripto Jorge Mario Piedras, de 22 años, en circunstancias semejantes cuando estaba de franco, en la localidad de San Martín.

Era 1976 y el caso del soldado Robles no fue el único sucedido bajo jurisdicción del Regimiento 6 de Infantería “Gral. Viamonte”. Seis meses después, y en plena Dictadura, sufrirá la misma suerte el soldado conscripto Jorge Mario Piedras, de 22 años, en circunstancias semejantes cuando estaba de franco, en la localidad de San Martín

“La colimba no es la guerra”

Este era el título de una película argentina realizada a principios de los años 70, en la cual se pretendía promocionar el Servicio Militar Obligatorio para los jóvenes ciudadanos sin más riesgos que una severa y estricta instrucción y formación militar, necesaria para encarar la vida adulta. Pero la realidad terminó mostrando otra verdad: el maltrato institucionalizado afloró en la Guerra de las Malvinas.

Seis meses antes del caso Robles había sucedido la muerte de un conscripto en el propio Regimiento de Mercedes: Guillermo Oscar Polanco, de 21 años.

Con tan solo 24 palabras, en un solo párrafo, el jefe del Regimiento 6 de Infantería “Gral. Viamonte” comunicó públicamente la muerte en un supuesto accidente de uno de sus soldados conscriptos: “La Guarnición Militar Mercedes lamenta comunicar que, en un accidente en el Servicio de Guardia, se produjo el fallecimiento del soldado Guillermo Oscar Polanco.” (Cfr. Diario “La Hora” 19/07/75)

Según cuentan colimbas de aquella época, a un Suboficial se le habría escapado un tiro de fusil que le impactó de lleno en el pecho a Polanco y la bala salió por la espalda. El hecho ocurrió el día 18 de julio de 1975 al mediodía.

El joven era hijo de Simón Polanco y de Eusebia Torres, y había nacido en Leventue, La Pampa, el 11 de marzo de 1954. El Dr. Alfredo León Eduardo Swysen certificó que su fallecimiento fue producto de una “hemorragia interna aguda”. Su familia estaba radicada en Mercedes, en la calle 32 entre 61 y 63.

Teniendo en cuenta el clima de extrema violencia que se vivía en esos meses del año 1975, es válido preguntarse si hay motivos para sospechar que no se haya tratado de un accidente. Y si no fuera así, ¿la vida de un soldado muerto de un tiro por un superior no merecía mayor relevancia?

Existen referencias no documentadas de exsoldados que narran muertes extrañas de compañeros en diversas circunstancias, como el caso de un conscripto recién incorporado que habría fallecido cuando iban caminando del Regimiento por la Ruta 5 hacia la Colonia de Olivera, donde se hacían las primeras instrucciones.

Los “colimbas” siguen siendo testigos privilegiados del accionar represivo durante la última Dictadura. Gracias a testimonios de algunos de ellos se ha podido reconstruir parte de nuestra historia reciente, que permaneció mucho tiempo esperando el momento oportuno para salir a la luz. Y seguramente quedan muchos más testimonios, recuerdos autocensurados, de quienes como ciudadanos cumplieron con el Servicio Militar Obligatorio.

Según la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP) se registraron 135 denuncias de desapariciones de conscriptos en la última Dictadura. Durante este oscuro período, muchos “colimbas” fueron víctimas de abusos y torturas, y muchos más fueron testigos de hechos aberrantes, de crímenes que lesionan a la humanidad toda.

Todos los argentinos que hicieron el servicio militar entre los años 1975 y 1983 seguramente tienen algo que contar, y merecen ser escuchados después de tan prolongado silencio.

Aportes, comentarios y consultas: ciro.lalla@gmail.com

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