En una Basílica Catedral colmada de fieles, el Padre Juan Carlos Bouzou presidió este domingo su última misa como párroco de la iglesia principal de Mercedes.
La celebración, cargada de gestos de afecto, marcó el cierre de una etapa de siete años de labor pastoral en la ciudad, dispuesta por el nuevo destino decretado por el Arzobispo Jorge Eduardo Scheinig.
La comunidad parroquial expresó su agradecimiento mediante diversos obsequios, entre los que se destacó un imponente cáliz. Al recibirlo, Bouzou compartió una íntima anécdota sobre su ordenación, revelando que durante sus 20 años de sacerdocio —que cumplirá el próximo 26 de mayo— nunca había tenido un cáliz propio, ya que el primero que adquirió lo donó a una capilla en Tierra del Fuego durante su misión como capellán de hospital.
«De altar a altar no hay distancia. Siempre que celebre, Mercedes estará presente en el altar y en mi corazón», expresó visiblemente conmovido.
Una vocación puesta a prueba: «Freud o Dios»
El sacerdote repasó sus orígenes y los desafíos de su vocación, que surgió a los seis años en su Tucumán natal. Recordó con particular énfasis su paso por la Universidad de Buenos Aires (UBA), donde cursaba la carrera de Psicología hasta que una docente le planteó una dicotomía que cambiaría su vida: «Bouzou, acá adentro está Freud; Dios de la puerta para afuera».
Ese episodio fue el detonante para que abandonara la facultad y buscara su camino en el seminario, llegando a Mercedes en 1999 para iniciar su formación definitiva. «Mercedes me abrió las puertas para decirle ‘sí’ a Dios», enfatizó.
El legado de la pandemia y la fe en las calles
Al evaluar su paso por la Catedral, Bouzou destacó el vínculo con la comunidad durante la crisis sanitaria del COVID-19. Mencionó la importancia de las transmisiones virtuales y el impacto emocional de sacar la imagen de la Virgen a las calles en una camioneta para animar a los vecinos en tiempos de aislamiento.
«Fue una gracia especial ser portador de ese ánimo de Dios y de la Virgen. Mercedes para mí es una gran riqueza y mi lugar en el mundo», concluyó el párroco, quien también recordó con gratitud a los obispos y sacerdotes que lo acompañaron en su trayectoria, como así también a varios fieles que lo apoyaron y a las autoridades y docentes de las instituciones educativas en las que trabajó.
«Una profesora me dijo en plena aula: ‘Mire Bouzou, acá adentro está Freud; Dios de la puerta para afuera’. En ese recreo decidí no entrar más. Me fui y al otro día me tomé el 57 para venir a la Basílica»
Las frases destacadas del adiós
Durante su última misa, el sacerdote no solo se despidió, sino que compartió confesiones íntimas sobre su fe, su pasado y su vínculo con Mercedes.
Estas fueron sus definiciones más sentidas:
Sobre su vocación y la UBA: «Una profesora me dijo en plena aula: ‘Mire Bouzou, acá adentro está Freud; Dios de la puerta para afuera’. En ese recreo decidí no entrar más. Me fui y al otro día me tomé el 57 para venir a la Basílica».
Sobre el regalo de la comunidad: «Agradezco mucho que se hayan fijado en esta riqueza. Yo me ordené en este mismo altar hace 20 años y nunca tuve un cáliz propio; el que me compré al año de cura lo dejé de regalo en una capilla de Tierra del Fuego porque ellos no tenían».
Sobre el sentido de la distancia: «Como decía un santo, de altar a altar no hay distancia. Siempre que celebre la misa, Mercedes estará presente en el altar y en mi corazón».
Sobre su llegada a la ciudad: «Mercedes para mí es muy significativo porque es la ciudad que Dios, providencialmente, me tenía preparada para mi vida sacerdotal».
Sobre la fe en pandemia: «La salida de la Virgen a las calles fue un broche de oro; poder ser portador del ánimo de Dios arriba de una camioneta diciéndole a la comunidad: ‘ánimo, ánimo, ánimo'».
Sobre la imperfección humana: «Nadie es perfecto, solamente Dios. Lo importante es estar unidos a Él para poder ver la parte de Dios incluso en aquel que tiene defectos».

