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Estamos jugando a la ruleta rusa con el cambio climático

Por Cristián Frers

Al comenzar un nuevo año, personas de todo el mundo se enfrentan al aumento de los costos de la vivienda, la energía y los alimentos. A la mayoría le preocupa la situación económica; las perspectivas laborales parecen inciertas ante la generalización de la inteligencia artificial, la automatización y otras disrupciones.

Estas preocupaciones han eclipsado la acción climática en las urnas y en el discurso político, especialmente en los países más ricos. El intenso debate en torno a las políticas climáticas en la Unión Europea (UE) y el retroceso en Estados Unidos reflejan la creencia común de que la lucha contra el cambio climático empeorará las dificultades económicas cotidianas.

El cambio climático es la variación a corto, mediano y largo plazo de la temperatura y los patrones meteorológicos de la Tierra, proceso acelerado drásticamente desde el siglo XIX por la actividad humana. La quema de combustibles fósiles —como carbón, petróleo y gas—, la deforestación y la agricultura intensiva liberan gases de efecto invernadero (GEI) que atrapan el calor, elevando la temperatura global.

La negación del cambio climático es un fenómeno complejo impulsado principalmente por intereses económicos, políticos y sesgos cognitivos. Se basa en desinformación que busca proteger la industria de combustibles fósiles, evitar regulaciones costosas y mantener el statu quo político-cultural, a pesar del consenso científico.

Protegerse del cambio climático es crucial para garantizar la supervivencia humana y la estabilidad del planeta. Implica evitar desastres naturales extremos como inundaciones y sequías, asegurar el suministro de alimentos y agua, prevenir enfermedades y proteger ecosistemas vitales que sostienen la vida, la economía y la salud.

Desde el ámbito científico se reitera la urgencia de implementar políticas eficaces para limitar el aumento de la temperatura global y evitar las consecuencias más adversas del calentamiento, que afectan tanto al ambiente como a la salud, la producción de alimentos y la economía mundial.

La negación del cambio climático es un fenómeno complejo impulsado principalmente por intereses económicos, políticos y sesgos cognitivos. Se basa en desinformación que busca proteger la industria de combustibles fósiles, evitar regulaciones costosas y mantener el statu quo político-cultural, a pesar del consenso científico.

Todas las miradas están puestas en la implementación del nuevo impuesto al carbono de la UE y la tecnología de energía limpia en 2026, una prueba crucial para la voluntad mundial de abordar el cambio climático mientras el presidente estadounidense, Donald Trump, continúa impulsando una retirada global.

El negacionismo tiene raíces ideológicas tanto como psicológicas. Desgraciadamente, ambas se combinan en una retroalimentación que se está haciendo más evidente que nunca. Estas posturas, expresadas por la derecha estadounidense durante la primera presidencia de Donald Trump, bloquearon los avances globales en la reducción de emisiones de carbono y rompieron los compromisos asumidos por sus antecesores. Lamentablemente, Argentina parece querer sumarse al negacionismo anticientífico con un argumento ideológico endeble: el de una libertad sin responsabilidad ni obligaciones.

La retirada de Estados Unidos del Acuerdo de París entró en vigor el 27 de enero de 2026. Es la segunda vez que dicho país se retira de este acuerdo, y la decisión ha venido precedida de la intención declarada de abandonar la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático y el Fondo Verde para el Clima. Además, Donald Trump ha pedido que Estados Unidos se retire de más de 60 organizaciones internacionales relacionadas con el clima, la biodiversidad y las energías renovables, tachándolas de “derrochadoras, ineficaces o nocivas”.

Donald Trump, en vez de negar el cambio climático, podría impulsar las energías renovables e incentivar economías sustentables; pero no, se niega a hacerlo. La sustentabilidad económica es la capacidad de las actividades financieras, empresas y gobiernos para generar riqueza y rentabilidad a corto, mediano y largo plazo, manteniendo un equilibrio con el bienestar social y el respeto por el medio ambiente. Busca un crecimiento responsable sin agotar recursos naturales ni comprometer las necesidades de las generaciones futuras.

En abril de 2026, los gobiernos de Colombia y los Países Bajos coorganizarán en territorio colombiano la Primera Conferencia Internacional sobre la Transición Justa fuera de los Combustibles Fósiles. El encuentro abre una oportunidad para que la región influyan en este proceso y fortalezca alianzas con otros países, incluidos los europeos —aún entre los grandes emisores— y naciones altamente vulnerables al cambio climático.

Estamos jugando a la ruleta rusa con el cambio climático y con la vida de millones de personas. La pregunta es: ¿A quién sí le tocará y a quién no?


Cristián Frers es Técnico Superior en Gestión Ambiental y Técnico Superior en Comunicación Social (Periodista).

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