
Por Ciro J. Lalla
Hace 50 años, la ciudad de Mercedes no era ajena al denso clima político que vivía el país los días anteriores al Golpe de Estado. La crisis económica y el malestar popular habían provocado las renuncias de los Ministros de Economía y de Trabajo, Antonio Cafiero y Carlos Ruckauf. La inflación les ganaba a los aumentos de sueldo y no se convocaban las paritarias. El Gobierno de María Estela Martínez, viuda de Perón, intentaba hacer valer precios fijos de los productos de la canasta básica alimentaria pero la realidad atropellaba todos los controles. Y en Mercedes, el Intendente Julio César Gioscio (55 años) se empeñaba en resguardar los precios fijados por la Secretaría de Comercio de la Nación, enviando a los Inspectores Municipales a controlar los comercios de la ciudad, como lo había hecho en junio de 1975 clausurando casi todas las panaderías.
A comienzos de febrero de 1976 la Unión de Personal de Panaderías y Afines decidió hacer un paro de 72 horas “ante el total silencio de las autoridades nacionales y el sector empresario, hacia el pedido de mejoras salariales”. Esto llevó a un desabastecimiento del pan en toda la ciudad. El conflicto siguió creciendo hasta llegar al paro por tiempo indeterminado, promovido por la Federación de Panaderos de la Provincia de Buenos Aires “en reclamo por los altos costos que deben afrontar para producir pan”.
La última sesión
A las 21 horas del lunes 23 de febrero de 1976, exactamente un mes antes del Golpe de Estado, trece Concejales concurren al llamado a Sesión Extraordinaria en el histórico salón de la Municipalidad de Mercedes. Bajo la Presidencia del concejal José Stieb (54 años), los representantes del pueblo mercedino se dan cita para tratar un tema que amerita tratarse con urgencia: el problema originado por la falta de abastecimiento de pan en la ciudad.
El proyecto fue impulsado por diez concejales. Pero por diversas razones estuvieron ausentes (con aviso) los concejales Eduardo Cerulli, Carlos Etchehún, Pablo González Casanueva, José Luis Palacios y Rubén Ramponi.
Aníbal H. Luna (48 años) era comerciante y también era político. Como concejal electo por la Alianza Popular Revolucionaria, era uno de los impulsores del proyecto en sesión extraordinaria, y clamaba por una solución más allá de eufemismos leguleyos.
El Secretario de Gobierno de la Municipalidad era el Dr. Lucas Ricardo Gómez (37 años); fue invitado a participar de la sesión extraordinaria para informar a los concejales sobre el problema que estaba planteado: “Hoy por la mañana -dice Gómez- se presentó un grupo de industriales panaderos a una reunión en la cual personalmente no asistí, pero conozco detalles de la misma. Solicitaron vender el pan a un precio superior al vigente hasta antes del cierre de las panaderías, porque aducen ser éste el nuevo precio oficial, como nosotros no tenemos comunicación oficial de éste nuevo precio a través de la Secretaría de Comercio como corresponde, se les contestó de que no podían venderlo -para nosotros por ellos fijado-, hasta tanto no tengamos confirmación oficial del nuevo precio. De modo, que de esta manera no podemos aceptar el precio que nos dicen.”
Se pasa a un cuarto intermedio, en el cual los concejales debatieron la problemática con los representantes de industriales panaderos y de la CGT buscando llegar a un acuerdo.
Los concejales, luego de debatir el tema, culminaron en la siguiente Declaración: “Que habiéndose solicitado para el día de la fecha una reunión extraordinaria tratando de hallar solución al problema de la falta de pan, debido al cierre de los negocios de panaderías por parte de sus propietarios, y agotadas todas las tratativas encaminadas a lograr de que los mismos siguieran expendiendo el producto al precio que regía actualmente hasta que la Secretaría de Comercio fije el precio, este H. C. Deliberante pone en conocimiento de la población que lamenta comunicar no haber tenido éxito en su intención de regularizar el suministro de pan.” (Cfr. Actas del H. C. Deliberante de Mercedes, Tomo VIII, Acta N° 130, fojas 436/438).
A las 0:40 del día 24 de febrero se dio por finalizada la sesión, la última vez que se reunieron los concejales, porque después vino la oscura y larga noche que imperó nuestra patria por siete años.
Panaderías clausuradas
Ante la fallida mediación del Honorable Concejo Deliberante y al no poder obtener ganancia con los precios fijos, los industriales panaderos decidieron no hacer pan. “Comprendemos el interés de las autoridades locales de tratar de salvaguardar el poder adquisitivo de la población, pero lamentablemente no se puede seguir vendiendo por debajo de los costos actuales”, decía un comunicado del Centro de Industriales Panaderos de Mercedes, publicado el 27 de febrero.
En medio de este prolongado conflicto la Cámara Económica Mercedina se vio en la obligación de manifestar públicamente su “total adhesión y solidaridad hacia los Industriales Panaderos de esta ciudad”, ante la clausura de sus establecimientos dispuesta por la Municipalidad.
Y la crisis fragmentaba cada vez más a la opinión pública. El propio oficialismo mostraba que las raíces de las divergencias eran realmente profundas. Por un lado, la Agrupación Peronista “Lealtad” apoyaba al gobierno nacional “en la persona de la compañera Isabel Perón, (…) Esta agrupación luchará poniendo a disposición de las autoridades a sus adherentes, para el control de precios”, según decía un comunicado firmado por Raúl Roberto Regueiro (55 años), quien a la vez era el Secretario General del Sindicato de Trabajadores Municipales. Y, por otro lado, el dirigente sindical Luis Carbajal (48 años) publicaba una solicitada refutando al oficialismo, bajo el título “Hablan los vecinos”: “Muchas veces se puede ser legalista, si cada mañana nos ponen en la puerta de nuestro hogar el pan fresco y crocante de cada día, como sucede con algunos integrantes del Departamento Ejecutivo de nuestra ciudad (…); porque Mercedes es la única ciudad de la Provincia de Buenos Aires donde permanecen cerradas las panaderías (…) Todo el pueblo de Mercedes está esperando una solución favorable a este problema que lo aqueja y esperamos que el razonamiento y la cordura primen, dejando de lado las actitudes arbitrarias y despóticas, que ya no asustan a nadie, por el contrario generan repudio.” (Cfr. Diario “La Hora” 7/03/1976).
El pan, alimento básico de la canasta familiar, estaba ausente en las mesas del pueblo debido a la falta de autorización oficial de los nuevos precios, en medio de una crisis económica que iba a dar fundamento al Golpe de Estado, concretado tan solo treinta días después. Una razón más para entender (no para justificar) por qué la irrupción de los militares al poder tuvo en aquellos días aceptación popular.
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