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50 años de Memoria en este hoy

Por Virginia Altube

Había escrito otra cosa, pero apareció la noticia de la recuperación de restos en La Perla y, la verdad, eso me cambió; fue como un golpe que me devolvió a la realidad más dura.

Y comencé a recordar. En los primeros años de la vuelta a la Democracia, la publicación de testimonios terribles de sobrevivientes que contaban su propia experiencia, pero también su rol como testigos de muchísimos que no habían vivido para contarlo. No sé por qué, me impactaron muy fuerte los testimonios de los horrores de La Perla, o al menos así lo registré en mi memoria. En mis viajes desde Capilla del Monte a Mercedes, paso por ese predio enorme, señalizado como centro clandestino. El Juicio a las Juntas, todos los juicios posteriores y, por supuesto, todo el trabajo de los organismos de Derechos Humanos, fueron ampliando los testimonios y las crónicas; hoy nadie puede negar lo que ocurrió, sea cual sea la mirada que se tenga.

Y cincuenta años después, doce familias recuperan los restos de sus seres queridos: doce mínimas partículas recuperan doce identidades. Y todo lo que aún falta…

Retrocedo en el tiempo y llego a esa noche del 24 de marzo del 76; noche negra, anunciada, esperada. El clima social y político estaba muy denso desde hacía mucho tiempo. La Triple A, al mando de López Rega, había operado desde mediados del 74, los Montoneros habían pasado a la clandestinidad, Perón había muerto… todo iba barranca abajo.

Se hacía cada vez más evidente: la militancia barrial se replegaba, de a poco, por pura intuición de lo que se venía. Todos los días aparecían jóvenes, profesionales u obreros tirados en un zanjón o en una vereda, sobre todo en ciudades como La Plata, Rosario, Córdoba o Buenos Aires. Pero el miedo estaba en todos lados.

Y el Golpe llegó con una crueldad no imaginada por nadie (quiero creer), y desplegó lo que fue y es el Terrorismo de Estado: esto es, toda la fuerza del Estado puesta al servicio de la persecución, la cárcel, la tortura, el asesinato y la desaparición de militantes, pero también de ciudadanos por el solo hecho de ser familiares, amigos, vecinos, o por la trágica casualidad de estar ahí.

MEMORIA, VERDAD Y JUSTICIA

Para mí, desde este hoy, Memoria es Martín (Caracoche), mi esposo, mi cumpa, el «Cumpa» con mayúsculas hasta el final. Son todas y todos los jóvenes militantes de acá, de Mercedes, de los barrios. Son nuestros padres preocupados y, después, desesperados por lo que presentían. Memoria son las Abuelas y las Madres en aquel principio de incomprensión y persecución. Memoria son todos los que ayudaron y arriesgaron, aun en desacuerdo con las ideas de los perseguidos.

Memoria también son los verdugos y los traidores.

Los necios y los soberbios.

Las víctimas inocentes.

Y ya terminando, ¿saben qué? Siento un anhelo: buscar una fecha nueva para recordar a todos los que han tenido sueños de libertad, de justicia, de igualdad; un día para celebrar lo más sagrado de lo humano: la entrega, la solidaridad, el fuego de lo imposible, el desprejuicio, el jugarse a fondo… la vida, el amor en estado puro.

Porque es difícil transformar esta fecha oscura, cargada de muerte, de injusticia y de perversión, en algo que nos aliente a mirar el futuro con la mirada esperanzada de aquella «juventud maravillosa».


Virginia Altube Marzo 2026 – Capilla del Monte

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