
La noche estuvo marcada por la intimidad y la potencia interpretativa. Flor Chena volvió a escena y se presentó con éxito este sábado en «La Casa Suena».
El concierto en íntimo formato y en trío significó su esperado regreso tras un año de ausencia en los escenarios locales, y la consolida a Chena como artista con una de las voces más personales, esta vez liderando un grupo que tuvo notable solvencia técnica junto a Santiago Bustos Berrondo en guitarra líder y Nano Espíndola en percusión.
El espectáculo fue mucho más que un recital; se trató de un compendio de canciones fundamentales del cancionero latinoamericano reinterpretadas bajo una mirada fresca. Chena no solo hizo gala de su característico registro vocal, sino que demostró su versatilidad como multiinstrumentista al rotar entre la guitarra, el charango y la flauta traversa, aportando capas de texturas que enriquecieron cada pieza.
Un repertorio con identidad y vigencia
La selección musical no fue azarosa. El trío navegó por una geografía rítmica que excedió las fronteras argentinas, abrazando identidades de México, Perú, Uruguay y Chile. Con temáticas que orbitan alrededor del amor, la naturaleza, el trabajo y la riqueza cultural, el show mantuvo un hilo conductor de compromiso humano.
Uno de los puntos más altos de la noche fue la brillante interpretación de «¿Quién va a cantar?», de Rubén Rada, cuya letra resonó con una actualidad sobrecogedora en el contexto global actual. Asimismo, el público celebró versiones disruptivas como la de «Yo vengo a ofrecer mi corazón», el himno de Fito Páez, que fue ejecutado con una rítmica de chacarera.
El ensamble logró sinergia. La calidad de Bustos Berrondo en las seis cuerdas y la precisión de Espíndola en los parches y maderas de su set percusivo permitieron que Chena se moviera con comodidad por géneros que le resultan orgánicos, fruto de su formación que va de la música coral de iglesia al folclore norteño, sumado a una herencia musical familiar que se percibe.
Entre los momentos más emotivos del programa destacaron canciones como «Cosechero», de Ramón Ayala, rescatando el origen litoraleño y con Damián Tessore como musico invitado; «Patria», de Víctor Heredia, y «Arriba quemando el sol», tremendo himno por el trabajo minero de Violeta Parra; o bien «Pajarito Colibrí», de Natalia Lafourcade, y «Tu memoria y tu mañana», de Raly Barrionuevo.
La propuesta de «Canciones de amor, esperanza y libertad» cumplió con la expectativa de un público que agotó la capacidad del lugar, y dio para la escena mercedina la recuperación de una artista íntegra, capaz de transformar lo íntimo en una experiencia colectiva de gran potencia.
