Icono del sitio NOTICIASMERCEDINAS.COM

A 50 años del Golpe: Daniel Tarnopolsky, único sobreviviente de una familia arrojada al mar

Daniel Tarnopolsky nació en 1957. Su juventud, que debió ser una época de descubrimientos, quedó marcada a fuego por el calendario de la violencia argentina.

Hoy, sentado en un café frente a la plaza frente a la Plazas san Matin de Mercedes, donde tiene una chacra y el sonido del ensamble coral Ars Pulchra –que integra– reemplaza al estruendo de las bombas, Daniel reconstruye para esta entrevista exclusiva el rompecabezas de una tragedia que le arrebató a sus padres, a sus dos hermanos y a su cuñada. Y que documentó en libros.

Además sus testimonios fueron clave para al CONADEP en busca del «Nunca más» y el juicio a las juntas.

En 1976, Daniel era un joven de 18 años que recién terminaba el secundario y daba sus primeros pasos en la carrera de Musicoterapia. Provenía de una familia que él define, con orgullo y precisión, como «socialista y solidaria».

«En esa época, decir ‘solidario’ o ‘de izquierda’ no era un insulto como pretenden instalar ahora»

Aunque sus padres no militaban activamente en ese momento, su hogar era un hervidero de conciencia social. Su hermano, Sergio, cumplía el servicio militar obligatorio nada menos que en la ESMA, escuela de la Armada desde donde traía noticias escalofriantes: los conscriptos sabían que allí funcionaba un centro clandestino; veían los autos entrar y salir en la penumbra de la noche.

«En esa época, decir ‘solidario’ o ‘de izquierda’ no era un insulto como pretenden instalar ahora», reflexiona Daniel con una candidez que no admite réplicas. Para él, el compromiso era natural: trabajaba en centros de salud mental haciendo recreación para chicos de inquilinatos, una tarea social que la dictadura clausuró apenas tomó el poder.

La noche que lo cambió todo
A medida que avanzaba 1976, el cerco se cerraba. Primero fue el secuestro de una prima. Luego, las discusiones familiares sobre el exilio. Sergio, su hermano, se negó a desertar de la Marina por principios. Daniel, por consejo de su padre, decidió «semi clandestinizarse»: dormir fuera de casa, cambiando de domicilio constantemente, sin que nadie —ni siquiera sus padres— supiera su paradero exacto. Esa decisión le salvó la vida.

Un grupo de tareas había volado la puerta de su casa en Peña y Laprida. Secuestraron a sus padres tras torturarlos en el lugar; luego fueron por su hermana Betina, de apenas 15 años, y por su cuñada. Sergio, su hermano, nunca regresó de la ESMA. En menos de 24 horas, Daniel se quedó solo en el mundo.

El 15 de julio de 1976, la realidad se partió en dos. Al llamar a su casa y no obtener respuesta, Daniel contactó a su abuela. La frase de ella fue una sentencia: «¿Dónde estás?». Esa noche, un grupo de tareas había volado la puerta de su casa en Peña y Laprida. Secuestraron a sus padres tras torturarlos en el lugar; luego fueron por su hermana Betina, de apenas 15 años, y por su cuñada. Sergio, su hermano, nunca regresó de la ESMA. En menos de 24 horas, Daniel se quedó solo en el mundo.

«Nadie pensaba en ese momento que la bestialidad de los milicos iba a ser lo que fue. No había noción de lo que era la desaparición, especialmente para quienes no eran militantes políticos de vanguardia», explica.

El periplo del exilio: De Chile a Israel y el refugio en Francia
A los 18 años, Daniel inició un exilio que lo llevó por tres países. Primero Chile, donde la dictadura de Pinochet le permitió entender, a través de amigos chilenos, la macabra verdad: los desaparecidos no volvían. Allí comprendió que sus padres y hermanos probablemente estaban muertos.

Luego vino Israel, bajo la ley de retorno para familias judías. Allí se encontró con miles de argentinos y, por un momento, recuperó una esperanza frágil al conocer sobrevivientes que habían sido liberados. «Me enganché a esa esperanza: si a ellos los soltaron, ¿por qué no a mis padres que no tenían nada que ver?».

Junto a otros exiliados, fundó organizaciones para denunciar desde Europa lo que el Mundial 78 y la Guerra de Malvinas intentaban tapar. Daniel recuerda con amargura el «fervor» de una sociedad que, por momentos, parecía mirar hacia otro lado mientras los aviones de la muerte partían desde la ESMA.

Finalmente, en 1977, llegó a Francia. Allí nació su faceta de militante por los Derechos Humanos. Junto a otros exiliados, fundó organizaciones para denunciar desde Europa lo que el Mundial 78 y la Guerra de Malvinas intentaban tapar. Daniel recuerda con amargura el «fervor» de una sociedad que, por momentos, parecía mirar hacia otro lado mientras los aviones de la muerte partían desde la ESMA.

El regreso y la justicia: «Venganza de clase e industricidio»
Daniel regresó al país en 1984, con la democracia de Alfonsín. Fue testigo clave en el Juicio a las Juntas de 1985. El Almirante Emilio Massera fue condenado, entre otros cargos, por el caso de la familia Tarnopolsky.

En su análisis histórico, Daniel es tajante: la dictadura no fue solo una persecución ideológica, fue un plan económico de saqueo. «Fue un industricidio», afirma, señalando cómo se secuestró a industriales que se oponían a Martínez de Hoz para robarles sus empresas. «Ese delirio de que era una guerra… Mentira. Fue asesinato puro y robo».

Presente en Mercedes: Libros, música y memoria
Daniel ha volcado su historia en dos libros fundamentales: «Betina sin aparecer» (2012) y «Sergio clandestino en la ESMA» (2022). A través de ellos, busca reivindicar la vida de sus hermanos y mantener viva la exigencia de Verdad y Justicia.

Radicado en Mercedes por «casualidad turística», maneja la Chacra San Francisco, un emprendimiento que comparte con su hijo. Aunque decidió no militar activamente en la política local, su presencia en el ensamble Ars Pulchra y su vida cotidiana en la ciudad son un testimonio silencioso pero potente de alguien que sobrevivió al horror para contar la verdad.

Al cerrar la entrevista, el recuerdo de sus familiares permanece en el mar, pero su voz sigue aquí, firme, recordándonos que la memoria no es solo mirar al pasado, sino una herramienta de gloriosa resistencia contra el odio y la indiferencia del presente.

Jorge Rafael Videla y Javier Milei

Dentro de la entrevista, Daniel Tarnopolsky se muestra sumamente directo y sin concesiones al analizar tanto la figura histórica del dictador Jorge Rafael Videla como la actualidad política bajo la gestión de Javier Milei.

Tarnopolsky utiliza términos muy duros para describir al actual mandatario, Javier Milei, vinculando su ascenso al poder con una falta de empatía social que observa en parte de la población. Lo define como un «facho» y llega a utilizar términos más fuertes como «psicopáta». Expresa que es «grave lo que tenemos como presidente» y sobre el apoyo popular señala con preocupación: «Lo peor es que la gente lo sigue votando».

Daniel se define como «de izquierda, socialista y solidario», y afirma que, bajo la gestión actual, esas palabras son tratadas como insultos: «Con este facho que tenemos de presidente, solidaridad es una mala palabra». Y sostiene, sin ambages, que el gobierno actual representa la «destrucción del otro» y que va en contra de la solidaridad social y la empatía.

Ahora bien, al referirse al dictador Jorge Rafael Videla (cuya figura cobra relevancia en la charla por ser Mercedes su ciudad natal), Daniel desmitifica la idea de una «guerra» y se enfoca en la criminalidad del proceso. Recuerda con precisión que él participó en el Juicio a las Juntas de 1985 y que Massera fue condenado, entre otros casos, por el exterminio de su familia. Daniel rechaza tajantemente la teoría de que lo ocurrido en los 70 fue una guerra civil. Para él, lo de Videla y la junta fue «asesinato puro y robo».

Además vincula a la figura del dictador y a su ministro Martínez de Hoz con un «industricidio» (el asesinato de la industria), explicando que se secuestraba a empresarios no por militancia, sino por afán de lucro para robarles sus bienes y empresas.

Y aunque reconoce que Mercedes es la cuna del dictador Videla, Daniel comenta que hoy percibe en la ciudad una «posición más democrática» y que no se ha cruzado con gente que salga a reivindicar la figura de Videla abiertamente.

Salir de la versión móvil