
Por Florencia Siri
«Para quien mira sin ver, la tierra es tierra nomás», decía Atahualpa Yupanqui. La tierra es nuestra madre, nuestro origen, nuestra casa común y la de todos los seres vivos que habitan en ella.
Millones de años de evolución han creado un equilibrio y una biodiversidad maravillosa para que podamos vivir en plenitud; para que a nadie le falte nada y todos tengamos lo esencial: alimento, agua, aire puro y salud.
Es alarmante que, tras esos millones de años de evolución, un puñado de personas sesgadas por la ambición del poder pretenda destruirla. Los glaciares no son un «pedazo de roca que no sirve para nada». Son un ecosistema vivo y representan el 70% del agua dulce del planeta. Son fuentes de agua pura y la única reserva que abastece las cuencas en épocas de sequía.
En nuestro país, más de un tercio de la población depende del agua y del hielo. Doce provincias y más de siete millones de personas se verían gravemente perjudicadas si se modifica la Ley de Glaciares
En nuestro país, más de un tercio de la población depende del agua y del hielo. Doce provincias y más de siete millones de personas se verían gravemente perjudicadas si se modifica la Ley de Glaciares. Hablamos de comunidades enteras —muchas ya en emergencia hídrica— que serían arrasadas por la sequía y la contaminación que trae aparejada la mega explotación minera que se intenta instalar en la zona. Este impacto irreversible no solo es a corto plazo, sino que afectará a todo el territorio argentino y a las generaciones futuras.
Una reforma inconstitucional y regresiva
Nuestra Constitución Nacional establece que todos los habitantes gozan del derecho a un ambiente sano, equilibrado y apto para el desarrollo humano, de modo que las actividades productivas satisfagan las necesidades presentes sin comprometer las de las generaciones futuras. Es un deber preservarlo; se los recuerdo por si lo olvidaron.
Esta modificación es inconstitucional y viola las leyes ambientales nacionales y los acuerdos internacionales por su carácter regresivo. A su vez, las instancias de audiencia no han representado una verdadera participación ciudadana, ya que se ha restringido el acceso y no se las considera vinculantes. Esta reforma parece estar hecha a medida de las corporaciones mineras extranjeras. Empresas como Barrick Gold llevan años explotando y contaminando nuestro territorio con un daño irrecuperable: voladuras, desertificación y el consumo de millones de litros de agua diarios que devuelven contaminada por el uso intensivo de cianuro y ácido sulfúrico. Catamarca y San Juan son testigos de estos desastres.
Señores diputados, tienen en sus manos el destino de nuestro país. Si aún queda un poco de honestidad, coherencia y conciencia, espero que ninguno vote por la destrucción de esta ley.
El mito del «progreso» y el trabajo
No se trata de fuentes de trabajo dignas. Ningún empleo puede considerarse como tal si expone a los obreros a la muerte y a la destrucción de su propio pueblo. Trabajo digno sería fomentar la producción nacional sustentable de alimentos, de energías renovables; el turismo y la investigación científica nacional protegiendo nuestros bienes esenciales.
Es increíble que tengamos que defender lo obvio. Es increíble que existan funcionarios cómplices de este genocidio silencioso. Sin agua no hay vida posible.. No la podrán crear con su inteligencia artificial.
Señores diputados, tienen en sus manos el destino de nuestro país. Si aún queda un poco de honestidad, coherencia y conciencia, espero que ninguno vote por la destrucción de esta ley.
Un camino hacia la extinción o hacia la soberanía
Las graves consecuencias del capitalismo absurdo —guerras, contaminación, cambio climático— están a la vista. Si no revertimos este modelo hegemónico, vamos camino a la extinción humana. Sin embargo, tenemos las herramientas y la capacidad como pueblo para reconstruir colectivamente el país que queremos: uno que preserve sus bienes comunes con producción sustentable y soberanía.
A pesar de que pretendan vender nuestro territorio y nuestras reservas de agua como mercancía, seguiremos resistiendo y recuperando lo que destruyen.
No a la modificación de la Ley de Glaciares. No al RIGI. Basta de quemar nuestros territorios. Por la vida presente y futura, ahora y siempre.
Florencia Siri es mercedina, Licenciada en Ciencias Biológicas (UBA).
