
El fallecimiento de Taty Almeida, una de las referentes más queridas y emblemáticas de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, generó una profunda conmoción y una oleada de mensajes de dolor y reconocimiento en todo el arco político y social argentino.
Dirigentes nacionales y locales se volcaron a las redes sociales para despedir a la histórica militante por los Derechos Humanos, coincidiendo en la necesidad de mantener vivo su legado y su ejemplo de transformación del dolor en lucha colectiva.
Entre las principales repercusiones institucionales y políticas, se destacaron las palabras de los legisladores y mandatarios vinculados a Mercedes:
Vanesa Siley (Diputada Nacional): Manifestó un profundo pesar al señalar que «el dolor es inmenso». Destacó cualidades de Almeida como su perseverancia, coraje, amor, entrega y honestidad, y concluyó afirmando que «nos vas a hacer mucha falta».
Eduardo «Wado» de Pedro (Diputado Nacional): Definió a Taty como «una gran mujer, Madre y compañera que transformó el dolor en lucha». Asimismo, la catalogó como un ejemplo para las nuevas generaciones y se comprometió a «continuar con su legado de Memoria, Verdad y Justicia».
Juan Ignacio Ustarroz (Intendente de Mercedes): Expresó sus condolencias remarcando que «no hay mayor legado ni mejor ejemplo que tu lucha». Sostuvo que el mejor homenaje hacia su figura radica en «seguir tu huella y señalarla para que también caminen otros» bajo las premisas históricas de Memoria, Verdad y Justicia.
Un faro de la memoria colectiva
Lidia Estela Mercedes Miy Uranga, universalmente conocida como Taty Almeida, fue una de las personalidades más activas y representativas de la organización Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora.
Su vida cambió drásticamente en junio de 1975, cuando su hijo Alejandro Almeida, de 20 años, fue secuestrado y desaparecido por la organización paraestatal Triple A (Alianza Anticomunista Argentina), antes del inicio de la última dictadura militar.
A partir de la desaparición de Alejandro, Taty se unió a las Madres, adoptó el característico pañuelo blanco y dedicó las siguientes décadas de su vida a la búsqueda de la verdad, la exigencia de justicia y el juicio y castigo a los responsables de los crímenes de lesa humanidad. Con un estilo caracterizado por la calidez, la firmeza y la cercanía con la juventud, Almeida se transformó en un puente generacional para la militancia de los Derechos Humanos, recordada siempre por su histórica frase de despedida: «La única lucha que se pierde es la que se abandona».
