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Mitos y verdades sobre el seguro de hogar

Alrededor de los seguros de hogar todavía circulan algunas ideas que influyen en la decisión de contratar —o no— una cobertura. Que solo sirven para viviendas costosas, que protegen absolutamente todo, que resultan difíciles de contratar o que únicamente tienen sentido ante un incendio son algunas de las más extendidas. Sin embargo, el alcance de estas pólizas suele ser bastante más amplio y, al mismo tiempo, más específico de lo que sugieren esas creencias.

Mito 1: Si vivo en una zona tranquila, no necesito asegurar mi casa

La ubicación de una vivienda puede modificar algunos riesgos, pero no los elimina. Incluso en barrios con bajos niveles de robos pueden ocurrir incendios, roturas accidentales, daños en cristales o problemas domésticos que terminan generando gastos inesperados.

Por eso, pensar el seguro de hogar únicamente en función de la inseguridad deja afuera buena parte de las situaciones para las que puede ofrecer respaldo. La protección puede contemplar tanto la vivienda como determinados bienes que se encuentran en su interior y otras responsabilidades asociadas al uso cotidiano del inmueble.

La pregunta, entonces, no debería ser solamente qué tan seguro parece el barrio, sino qué impacto económico tendría para una familia afrontar determinados daños sin cobertura.

Mito 2: El seguro de hogar solamente sirve ante un incendio

El incendio suele ser una de las coberturas más reconocidas, probablemente porque también representa uno de los eventos de mayor impacto sobre una vivienda. Pero reducir una póliza únicamente a esa situación da una imagen incompleta.

Según el producto contratado, pueden contemplarse riesgos como robo o hurto, rotura de cristales y responsabilidad civil, entre otros. La composición exacta depende de cada póliza y de las coberturas seleccionadas, por lo que no existe una única fórmula aplicable a todas las viviendas. No todos los eventos, incluidos ciertos fenómenos naturales, quedan automáticamente incluidos en cualquier seguro.

Esa distinción es importante. Tener un seguro no significa contar con una protección ilimitada frente a cualquier inconveniente posible, sino haber definido de antemano determinados riesgos sobre los cuales existirá cobertura.

Mito 3: Solo vale la pena asegurar una casa llena de objetos caros

A veces se piensa en el contenido de una vivienda a partir de sus objetos más llamativos. Un televisor grande, una computadora de alta gama, joyas o una bicicleta costosa son fáciles de identificar como bienes que sería difícil reponer.

Pero una casa está compuesta por mucho más que esos objetos.

Muebles, pequeños electrodomésticos, ropa, dispositivos electrónicos y otras pertenencias pueden representar, en conjunto, una suma considerable. El valor acumulado de objetos que individualmente parecen poco significativos puede terminar siendo relevante frente a una pérdida.

Esto tampoco implica asumir que absolutamente todo lo que hay dentro de una vivienda queda cubierto de la misma forma. Algunos bienes de valor elevado o características particulares pueden requerir límites, declaraciones o protecciones específicas, según las condiciones de cada seguro.

Mito 4: Tener seguro significa que cualquier daño será indemnizado

Este punto merece una distinción sencilla pero decisiva. Un seguro responde de acuerdo con lo estipulado en la póliza.

Que ocurra un daño dentro de la casa no implica, por sí solo, que ese hecho esté cubierto. Para determinarlo entran en juego el evento que produjo el daño, las coberturas contratadas, las exclusiones, los límites y la suma asegurada.

Algo similar ocurre con ciertos fenómenos naturales. Las condiciones pueden variar considerablemente según la póliza y el lugar, y determinados riesgos pueden requerir coberturas adicionales.

Por eso, leer qué se está contratando tiene mucho más valor que quedarse únicamente con el nombre comercial del producto. Saber de antemano qué situaciones están contempladas reduce sorpresas cuando llega el momento de utilizarlo.

Mito 5: Contratar un seguro de hogar es complicado

Durante mucho tiempo, la contratación de determinados servicios financieros estuvo asociada con formularios extensos, llamados, documentación y trámites presenciales. Esa imagen todavía persiste, aunque la experiencia digital cambió buena parte del proceso.

Hoy existen alternativas que permiten cotizar y contratar una cobertura desde internet. La aparición de cotizadores online también contribuyó a simplificar el acceso a este tipo de productos.

En Argentina también hay propuestas diseñadas con esa lógica. Hipotecario Seguros, por ejemplo, ofrece un seguro de hogar 100% online que permite personalizar las coberturas y ajustar las sumas aseguradas, con opciones para incendio, robo o hurto, rotura de cristales y responsabilidad civil. A eso suma asistencias disponibles las 24 horas para situaciones como problemas de plomería, electricidad o cerrajería.

La digitalización, por lo tanto, no modifica solamente dónde se contrata. También puede cambiar la forma en que cada persona arma la protección de su vivienda.

Mito 6: Las asistencias y las coberturas son lo mismo

Aunque suelen formar parte del mismo producto, no cumplen exactamente la misma función.

Una cobertura está asociada a determinados riesgos previstos en la póliza y a las condiciones bajo las cuales la aseguradora responderá frente a un siniestro. Una asistencia domiciliaria, en cambio, puede estar pensada para resolver una urgencia cotidiana o facilitar determinadas tareas del hogar.

Pensemos en una pérdida de agua. Según las características del episodio y de la póliza, un seguro puede contemplar determinados daños derivados del evento. Pero, además, contar con asistencia de plomería puede permitir acceder a un profesional para resolver la urgencia.

La diferencia parece pequeña hasta que aparece el inconveniente. En esos momentos, disponer de un canal para pedir ayuda puede resultar tan práctico como conocer el alcance económico de la protección contratada.

Mito 7: Una vez contratado, no hace falta volver a mirarlo

Las casas cambian incluso cuando permanecemos muchos años en ellas. Se compran dispositivos, se reemplazan muebles, aparecen bicicletas, mascotas, nuevos electrodomésticos y formas diferentes de usar los ambientes.

Las opciones de protección también evolucionan. Algunas pólizas actuales permiten incorporar coberturas para bienes móviles, bicicletas, movilidad personal o mascotas, además de las protecciones tradicionalmente asociadas con la estructura y el contenido de la vivienda.

Eso convierte al seguro de hogar en algo menos estático de lo que suele suponerse. Revisar cada cierto tiempo qué se tiene contratado, cuáles son las sumas aseguradas y qué riesgos resultan hoy más relevantes puede ser tan razonable como controlar una instalación eléctrica o cambiar una cerradura desgastada.

Al final, buena parte de los mitos alrededor de estos seguros nace de imaginar la vivienda como algo fijo. Pero un hogar rara vez permanece igual. Cambian los objetos, las personas, las rutinas y hasta aquello que consideraríamos difícil de reemplazar. La protección elegida también puede acompañar esas transformaciones.

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