Inicio Opinion Malvinas, caídos y sobrevivientes: ¿víctimas o héroes?

Malvinas, caídos y sobrevivientes: ¿víctimas o héroes?

Por Sergio Resquín.

Qué duda cabe que el significado de las palabras es relativo. O mejor equivoco, cada vocablo se resignifica al calor de contextos y circunstancias y la tan discutible objetividad sucumbe una vez más.

Esa equivocidad del lenguaje suele generar el peligro de la ofensa o el malentendido, pero es el riesgo de usar un lenguaje tan cargado de subjetividades.

Hace unos días en una de las redes sociales estalló un breve debate pero que puso en evidencia esta situación aludida acerca de las palabras y su uso. En una pequeña oración me permití sugerir que los caídos en la Guerra de Malvinas eran también víctimas. Por supuesto que rápidamente se enfatizó desde otros usuarios “que llamarlos víctimas era una falta de respeto a los héroes de Malvinas”. El intercambio transcurrió, lo que no es habitual en estos casos, en clima cordial, pero la cuestión quedó en términos futbolísticos “picando”.

La disyuntiva no es nueva y de entrada es más que obvio que la adjetivación de un fallecido de manera violenta no implica ningún menosprecio por él, sea cual fuera esta. Por un lado considerar a los muertos en Malvinas como “víctimas” se apoya en la falta de legitimidad de la dictadura militar que pretendió utilizar la invasión a Malvinas como un golpe de efecto, ante su decadencia inevitable. El recurso no era nuevo, agitar el nacionalismo ha sido siempre una posibilidad a la que tanto dictadores de todo pelaje o la propia burguesía han echado mano. En el caso argentino el objetivo nunca estuvo tan claro. El plan económico de las juntas militares ya había provocado una huelga general el 30 de marzo de 1982, con la muerte de un manifestante. Y si bien el pico de la represión del terrorismo de Estado había bajado, los grupos de tareas de las tres armas ya se habían cargado a miles, el movimiento obrero comenzaba a sobreponerse al terror.

La dictadura había seguido los planes urdidos por la embajada norteamericana y los manuales de los franceses utilizados contra los independentistas argelinos, una de sus colonias. Métodos de tortura, centros clandestinos de detención  y la instauración de la figura del desaparecido fueron la principal arma para tratar de imponer el plan económico de Martínez de Hoz. Claro que también hubo que usar otros recursos para manipular la conciencia de la población: un mundial de fútbol de dudosa transparencia.

Pero ya no alcanzaba con el fútbol y hubo que recurrir a un reclamo histórico contra el colonialismo decadente británico. Tres días después de la Movilización de la CGT, el 2 de abril, la dictadura juega su última carta: el desembarco en Malvinas. Según parece la masividad de la protesta, como reflejo de una situación social cada vez más caliente, adelantó los planes de Galtieri y sus secuaces.

¿Víctimas o héroes? ¿Héroes o víctimas?
En un punto este debate parece banal y la adjetivación sobre los muertos y heridos en esta guerra demencial puede no conducir a nada.

En muchos casos la exacerbación de la condición de héroes para los caídos y aun para todos los que fueron movilizados a las Malvinas conlleva un interés de aferrarse a un nacionalismo que hoy, en tiempos donde hasta el FMI tiene sus oficinas en el Banco Central, o nuestra vida cotidiana depende más de lo que hagan o decidan los agroexportadores, los banqueros y saqueadores de los recursos naturales, ya parece insostenible. O muy difícil de de fundamentar.

Obviamente a los defensores de la “heroicidad” les resulta peyorativo hablar de “víctimas” pero pensemos por un momento en un recién salido de un secundario, al que el Estado obligaba a cumplir con el “servicio militar obligatorio”, algo que hoy parece tan lejano. El “co.lim.ba” (corre, limpia, barre) tal como se denominaba a quien debía cumplir con esa obligación estatal, fue subido justamente por ese Estado a un avión y en la mayoría de los casos sin saber adónde era transportado se desayunó al bajar que ese lugar eran las famosas Islas Malvinas. Si bien en su mayoría la clase 62 venía de su año de colimba obligatorio (lo cual no garantiza nada) hay infinidad de testimonios de conscriptos que llegaron al teatro de operaciones con tan solo un mes de instrucción. Obviamente esta diferenciación en inevitable entre aquel que aunque nunca lo imaginó, ingresó en una carrera militar, y entre sus posibilidades estaba el ejercicio de la violencia estatal contra otro Estado. Aunque esa violencia los militares argentinos la hubieran ejercido contra sus compatriotas a lo largo de la historia. Desde la represión bajo el gobierno de Irigoyen a los huelguistas de la Patagonia, el bombardeo a la plaza de mayo en el 55, los fusilamientos de José León Suárez en el 56, la masacre de Trelew etc., etc. hasta llegar al paroxismo genocida entre el 76 y el 83. Por eso insisto en la diferencia entre unos y otros. Aunque la vida en un “pozo de zorro” inundado, soportando con ropa inadecuada el clima de las islas, el bombardeo constante de los buques de la flota que no iba a venir y si vino, pudo haber unido a soldados conscriptos con suboficiales en el hambre compartido o compartir la comida que se “robaba” de donde se pudiera. Un ex consejero escolar mercedino contó alguna vez que una noche casi se transforma en héroe mientras intentaba sacar comida de un galpón abarrotado y un soldado de La Plata, de custodia lo reconoció y no lo ejecutó. En realidad para sus compañeros de posición fue un héroe para apaciguar el hambre.

Víctimas fuimos todos
La gran estafa de la dictadura militar se concretó contra la mayor parte de la población, sólo que una cosa es ser embaucado por la propaganda nacionalista a través de los medios de comunicación y otra muy distinta haber muerto allí o haber resultado herido o terminar en el suicidio o no poder olvidar a un compañero descuartizado por una bomba. El aparato de propaganda de la dictadura más un triunfalismo cuasi deportivo llevó a muchos a deglutirse todas las mentiras no solo sobre el transcurso de la guerra sino también que, Inglaterra como viejo socio del imperialismo yankee, seguía siendo miembro de la OTAN. Pero la gran mentira de la dictadura respecto al trato con quien se combatía militarmente en las islas, es decir Inglaterra, no se afectó ningún interés económico británico en el continente. Ninguna de las cientos de estancias patagónicas del supuesto enemigo fueron expropiadas por el Estado argentino, ninguna cuenta bancaria bloqueada. La mayoría del país no reparó en esto, siempre las causas nacionalistas operan como un narcótico, cuyos efectos se pasarían rápidamente luego del 10 de junio.

Es obvio que en esa línea los más estafados han sido aquellos que cumpliendo con el servicio militar obligatorio se encontraron en un inusitado escenario, y que sufrieron vejámenes incluso de sus superiores. Los castigos disciplinarios, como el de estaquear a un soldado durante 24 horas, también fortifican el uso de la palabra “víctimas”. Pero aquellos que vieron truncada su vida a los 18 o 19 años, en una guerra que como ya fue descripta fue demencial, han sido y serán las mayores víctimas de la dictadura militar en este episodio.

* Sergio Resquín es docente, co fundador del SUTEBA Mercedes