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Excelente puesta de “Mary Poppins, el musical”

El 24 de agosto se estrenó en el Teatro Argentino de Mercedes “Mary Poppins, el Musical”, por el Grupo Move, Estudio de Danza y Arte, con la dirección general de Luciana Ossés y Eugenia Fraiese.

¿A quién no le gusta que le cuenten un relato?

¡A todos!

Cada vez que vemos una película o una obra de teatro, vamos en busca de esa hermosa costumbre de nuestra infancia: “escuchar una historia”.

Para evocar aquel misterio que significaba “contar un cuento” deben ocurrir dos cosas: el narrador debe saber contarlo y la historia debe ser buena.

Hace muchos años, en 1934, bajo el seudónimo de Pamela Lyndon Travers –Helen Lyndon Goff era su verdadero nombre– se publicó en Inglaterra el primero de ocho libros que contaba la historia de “Mary Poppins”, una niñera extraordinaria que llega a la casa de una familia para ayudarla a recuperar la fantasía perdida en sus vidas, convirtiéndose en un éxito rotundo.

Tuvieron que pasar treinta años, hasta que un hombre, un hacedor de historias para niños pudiera llevar este libro al cine y producir el mayor éxito de su carrera. El hombre se llamaba Walt Disney.

Julie Andrews, empujada por el viento del este, bajaba serenamente frente a la casa de Jane y Michael Banks, contestando el pedido que expresaban en su carta: «La niñera que buscamos la queremos sin verrugas, sin gruñir jamás, sabrá cantar. Con las mejillas sonrosadas, muy alegre y confiada. Que sepa hacer un buen pastel, silbar… también. Que a pasear nos lleve, que ricino nunca nos dé, ha de darnos golosinas, no debe oler a naftalina. Si no nos riñe ni castiga, siempre hemos de hacer lo que nos diga. Sus lentes jamás tendremos que romper, ni le hemos de echar pimienta en su té».

Dick Van Dyke, era el alegre y despreocupado deshollinador y nosotros, desde la butaca del Gran Rex, acompañados por nuestros padres, nos maravillábamos con la magia, el color y las canciones que trasmitía la pantalla.

No reparábamos demasiado en el señor Banks, severo e inmerso en su trabajo, sin tiempo para atender a sus hijos, empeñado en ser un importante ejecutivo bancario, ni tampoco en la sufragista señora Banks. Nuestra atención se centraba en Mary Poppins, la institutriz, prácticamente perfecta, siempre pegada a su paraguas con astil de pájaro, en Bert, los dibujos animados que se mezclaban con los personajes y los niños.

¿Cuántas veces vimos Mary Poppins a lo largo de nuestra vida?

Muchas, en distintos momentos: cuando la repitieron en el cine del barrio, cuando la vimos con nuestros hijos y reparamos en otros mensajes que la historia oculta.

El sábado 24 de agosto volvimos a sentarnos, esta vez no en el cine, sino en el Teatro Argentino, donde volvía a aparecer, después de muchos años un personaje que guardábamos en un rincón del corazón.

Las luces se apagaron, la música fluyó y, desde el fondo de la platea, emergió Bert cantando “Chim Chim Cher-re”

A partir de ese momento ocurrió lo impensado: entramos nuevamente a la casa de los Banks, nos internamos en su historia, Mary Poppins se hizo presente y apareció un mundo sorprendente.

El Grupo Move, Estudio de Danza y Arte brindó una versión excelente, basada en la Mary Poppins de 1964. Una adaptación ajustada y precisa, en la que se atendió a cada uno de los detalles de aquel film, incorporando tecnología y efectos especiales acertados que permitieron disfrutar una puesta de gran jerarquía.

Rocío García dio vida a Hellen, la diligente mucama de la familia. Jugó su papel con eficacia al crear una simpática y encantadora muchacha. Se mostró dúctil en el juego escénico y cantó con expresividad y ricos matices.

 

Paula Ezcurra interpretó a la despistada señora Banks con gran solvencia, dando a su personaje un aire risueñamente ingenuo que mostró, alternativamente a una madre indulgente, tierna, permisiva y una esposa temerosa de su marido.

Diego Contreras fue un circunspecto y adusto señor Banks, que supo administrar el ritmo de su actuación, conjugando la acción física y actoral de manera inteligente para marcar la evolución de su personaje.

Agustín Fraiese, cumplió con corrección su papel de policía preocupado por los niños.

Patricio Uncal, a pesar de su breve interpretación del señor Doocks, no dejó de sorprender por la ductilidad de su composición y la excelencia interpretativa que muestra siempre, aún en papeles pequeños.

Un párrafo aparte merecen las actuaciones de los niños María Kosinski y Solano Fuaz, que demostraron gran plasticidad escénica; sorprendente –y acertada– memoria para un texto extenso y óptimas condiciones para el baile y el canto.

No es fácil emular, a dos grandes del cine como Dick Van Dike y Julie Andrews.

Sin embargo Pablo Pighin supo estar a la altura de las circunstancias. Fue un Bert expresivo y carismático, que bailó, cantó y actuó de manera desenfadada y convincente, demostrando gran madurez en el armado de su personaje.

Nadia Boffi, se vistió con el ropaje de la mágica niñera y su composición resultó magnífica. Poseedora de una voz excepcional, fue alternativamente severa y graciosa, mostrando un equilibrio y seguridad perfectos en su actuación.

El cuerpo de baile del “Ensamble”, integrado por Agustín Fraiese, Sofía Bustamante, Magdalena Blanco, Juliana Ezcurra. Pilar Luppi, Catalina Masson, Inés Piazza, Nicolás Reinoso, Gabriela Quiroga, Guadalupe Guidi, Karen Grassi, Ana Bori, Florencia Mancusi, Daniela Martino, Milagros Cortes, Lucía Ferrandís, Agustina Bocaccio, Eugenia Fraiese, Luciana Ossés. Mencionamos, además, el desempeño de Carolina Ezcurra, que tuvo intervención en un cuadro donde bailó y cantó de manera excepcional.

El “Ensamble” acompañó la acción demostrando un gran ajuste en cada cuadro, brindando un lucido marco en las actuaciones, a través de la inteligente coreografía de Eugenia Fraiese y Luciana Ossés.

La puesta en escena, vestuario y dirección actoral, a cargo de Laly Fraiese, fue rigurosa y cuidada, sin dejar ningún detalle librado al azar. Manejar los elementos técnicos y actorales a un tiempo ha sido un esfuerzo encomiable, que revela en esta joven directora talento y un futuro promisorio en el “metier”.

El diseño de imagen y video, a cargo de Pablo Pórfido y Soledad Russo así como el sonido de Isaías Freire de Move Sound and Art fue ajustado y limpio.

Destacable que los actores cantaron en vivo, lo cual significa un doble esfuerzo ya que en ningún momento utilizaron play back.

Quienes hace muchos años fuimos con nuestros padres al Cine Gran Rex, al estreno de Mary Poppins, no pudimos dejar de emocionarnos al ver al señor Banks, remontando la cometa con su familia, al ritmo de aquella bella canción o ver emprender vuelo a la mágica niñera, en diálogo con la empuñadura de su paraguas.

Después de todo, a pesar del tiempo, el mensaje sigue siendo el mismo: mirar a nuestros hijos, dedicarles tiempo y entender que son lo más importante de nuestras vidas.

Por espacio de una hora y media, los chicos que asistieron al espectáculo, dejaron detrás la tecnología que domina el siglo XXI. Postergaron los celulares, la tablet, la play, demostrando que cuando el relato es bueno y el relator expresivo, nada se interpone entre ellos, porque a todos nos gusta oír y “ver” una buena historia.

Gracias a Move, estudio de Danza y Arte por brindarnos un espectáculo tan digno y por recordarnos, a los más grandes, que siempre es hermoso… que nos cuenten un cuento.

El espectáculo fue apoyado por P5ALMACEN.COM.AR

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