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La Economía Circular como forma de enfrentar los efectos del consumismo

Cada vez que asume un nuevo gobierno, siempre en el período más álgido de la campaña proselitista que le permitió llegar al poder, nunca se deja de mencionar la problemática medio ambiental.

Lo mismo sucede con entidades de orden mundial y organizaciones de la sociedad civil que se han convertido en nuevos actores políticos, bajo el convencimiento de que si no se hace algo para detener el deterioro ambiental, no es posible esperar nada auspicioso para el desarrollo de la vida de las futuras generaciones.

En tal sentido, hace unos días el ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible de la Nación, Juan Cabandié, participó del lanzamiento de la primera convocatoria de la Mesa Técnica de Trabajo de Economía Circular.

La intención es promover a través de políticas ministeriales la gestión integral de los residuos en el país. A criterio del ministro el objetivo de la mesa es “buscar una solución definitiva y superadora” después de la derogación del Decreto 591/19 (sobre el cual nos referimos cuando dijimos que “Como si acá no hubiera, ahora se va a importar basura”) que autorizaba importar basura sin mayores restricciones.

Cabandié señaló sobre el mencionado Decreto que “era un problema en sí mismo porque en nuestro país, que tiene un problema estructural de escasez de divisas, destinábamos divisas a la importación de basura, como si no hubiera basura en nuestro país, y favorecíamos la economía circular de otros países en vez de la nuestra”.

Adujo, además, que se construirá “una sinergia para que las industrias que necesitan elementos que están en los residuos, y aquellos trabajadores que reciclan y los obtienen, puedan vincularse para que no dependamos de la importación”. Todo esto en un contexto, en que en nuestro país existen 2500 municipios y 5000 basurales a cielo abierto.

El centro de la cuestión deriva de la manera de consumir de las sociedades actuales, que a través del marketing y las tecnologías aplicadas a la comunicación, han creado una maquinaria publicitaria gigantesca, con la que han conseguido exacerbar el consumo, al que se le ha constituido como fin último del mercadeo, sin preocuparse en absoluto de la parte residual del proceso de consumir. Es decir, el post-consumo, que ha dado como resultado montañas de basura diseminadas por todo el planeta, fenómeno presente también en la Argentina.

Es allí en donde empieza a funcionar la denominada economía circular, cuya función esencial, sería ir recuperando todo aquello susceptible de ser reutilizado y reincorporarlo al proceso fabril. Por supuesto, que para lograr tal cometido es necesario una importante inversión económica y establecer con claridad quienes deben hacerse cargo de implementar un proceso de por sí complejo, que implica cambios en la manera de manejarse en la forma de consumir de toda la sociedad.

Reutilizar implica por un lado, retardar el proceso extractivo y no ir permanentemente a la naturaleza por materia prima para industrializar y; por otra parte, disminuir notoriamente la cantidad de desechos que engrosan basurales a cielo abierto o rellenos sanitarios, como se los denomina de manera eufemística para hacerlos más amables y ambientalmente correctos.

En ese entendimiento resulta plausible la iniciativa del ministro Cabandié. Habrá que ver cómo avanza.

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