Inicio Una mirada de la ciudad «La realidad, en general, es mucho más linda que los sueños»

«La realidad, en general, es mucho más linda que los sueños»

–Cuando uno tiene diecinueve o veinte años se come un par de sueños que no son reales. Yo empecé con esto en Buenos Aires en el año 2000 y la ciudad estaba destrozada. Varios que fuimos a buscar algo más artístico nos la dimos contra la pared. No había trabajo. Yo pensaba que buscar trabajo era eso, que todo el mundo te dijera que no había. Yo pensaba “esto es ser adulto”, entonces es una mierda. Y resultó que no, que era parte de un proceso histórico del cual no tenía ni idea de lo que estaba pasando.

Quien habla es Juan Pablo Sánchez, conocido artísticamente como Rulo Godar. En mis notas mentales tengo pensadas algunas preguntas, que no son más que aquellas que sirven de guía para conocer el trabajo de alguien: el origen, el recorrido, sus historias, etcétera. También quiero charlar con Rulo sobre su banda llamada Rulo Godar & Nación Wiphala, sus proyectos y el último disco “En la luz” que está en camino. Pero, a veces, la voz del otro se impone y entonces hay que cambiar de planes, porque lo que se encuentra puede ser más interesante que lo que se va a buscar.

–Soy más músico que diseñador. Ser diseñador me da de comer. Estudié diseño y entiendo que lo hago lo suficientemente bien para vivir de eso. Pero arañando los cuarenta te puedo decir que toda la vida fui un músico algo miedoso, y que recién hace cuatro o cinco años tomé la decisión interna de tomarlo realmente como una profesión. Estuve titubeando durante varios años con diversas formaciones de rock. Siempre con el sueño de que quizás alguna disquera te vea… Pero esos sueños que uno tiene son lo que a veces te impide ver la realidad y la realidad en general es mucho mas linda y satisfactoria que lo a uno le venden, ¿no?

«No entendía por qué había bandas que tocaban en Cemento. No entendía el negocio. Lo que yo compraba era que había que ser La Renga y llenar estadios. Ese era el objetivo»

Espero de Rulo la historia de su nombre artístico, que me cuente que rulo le dijeron desde chico –por sus rulos, claro– y que Godar quedó de su primera banda de rock, “La nieta de Godar”, que el nombre proviene de una chica que era muy fanática del director de cine francés Jean-Luc Godard y que ellos la llamaban así, pero Rulo dice que la realidad suele ser más linda que los sueños y entonces me invita a transitar ese camino. Porque lo que encuentro es más interesante que lo que busco:

— Uno compra el discurso de la disquera que te va a ver y se va a dar cuenta de que vos sos único y te va a llevar de la noche a la mañana a Obras, ponele, como era en ese momento -principios de los 2000-, y uno no entendía por qué había bandas que tocaban en Cemento. No entendía el negocio. Lo que yo compraba era que había que ser La Renga y llenar estadios. Ese era el objetivo. La otra movida de Cemento, Cromagnon, no la entendía. Y el tiempo te demuestra que ese camino es mucho más difícil, que no es para todos. Hay una elección ahí. El que quiere armar una banda super popular, lo elige. Es un trabajo medio de Jesucristo. Tenés que ser un mártir para poder llegar a ese nivel de productividad y de obsesión. Y ahora, de grande, uno ve que trabajar de la música también es ceder a cierta guita que te puede dar el mercado de la música, ceder para trabajar desde otro lado mucho más relajado y menos histérico. Yo no tengo una base familiar de artistas. Por ende yo al mercado del arte me lo inventé a base de fantasías de cosas que veía en la tele, en la radio. En ese momento estaba Mario Pergolini en la Rock and Pop, y había que llegar a él. Era como el vocero del rock. Ellos mismos propagan ese discurso del “ser exitoso”.

— ¿De ser exitoso como algo alcanzable a cualquiera?

— Alcanzable e inalcanzable a la vez. Esa es la paradoja. Yo creo que el 90% de los artistas del rock tienen a los 23, 24 años, la decisión más trágica que es dejar la música, porque no encajan, porque no hay público, porque el Panteón es para muy pocos. Y ese muy pocos tiene que ver con el filtro de uno, no de afuera. Es muy difícil ser ese tipo de artista. Es un camino que no todo el mundo lo quiere hacer, uno se da cuenta de grande, que tuvo ciertas oportunidades en algún momento y que uno decidió que no. A mí me decían, por ejemplo, tenés que ir a tal lugar que se junta Chizzo -líder de la banda La Renga- con tal persona. Si vos vas todos los jueves, te haces amigo, y listo. Tampoco es que si hacías eso la pegabas e ibas a llenar Obras. Lo que estoy diciendo es que hay un camino que uno puede elegir no hacerlo.

«Creo que el 90% de los artistas del rock tienen a los 23, 24 años, la decisión más trágica que es dejar la música, porque no encajan, porque no hay público, porque el Panteón es para muy pocos. Y ese muy pocos tiene que ver con el filtro de uno, no de afuera»

Busco que cuente que de chico se formó con los discos de la colección que sacó la revista Noticias en los 90 del Rock Nacional, que aquello fue su Biblia. Y que diga, también, que el rock internacional llegó mucho más tarde a su vida. Lo llevo a aquella época rockera, a la formación de “La nieta de Godar”, su primera banda. Supongo que le estoy dando un pie para que se luzca, pero Rulo, en cambio, reflexiona:

— Era una banda bastante combativa, de gusto. El rock adolescente sin mucho libro es una cosa insoportable. Es un yogurt al que hay que meterle alguna frutita que son los libros y las películas, un poco de información. Porque uno de adolescente quiere libertad y tomar mierda y drogarse. Es lo que nos vendieron. La gran influencia de Charly y Luca Prodan en la imagen del rock argentino no es buena para los pibes. Sí la música, obviamente. Pero es la imagen que los medios se empeñaban en mostrar y que no es real, porque no conozco a nadie en la música que haya trabajado tanto como Charly García. Pero uno de pibe compra esa imagen. Y La nieta de Godar era una cosa así, el último disco se llamó “Caigan las bombas”, imagínate…

Recuerdo a Pomelo, uno de los personajes de Capusotto, que es una sátira de esa imagen a la que hace referencia. Una impostura que también Rulo compró en aquellos años.

— Yo estaba narcotizado. Tenía como una presencia imitativa a Luca Prodan… Lo que pasaba con La nieta de Godar era que yo después me bajaba del escenario y era otra cosa, era un pibito buena onda. Era como una división que tenía en mí, el lobo estepario. Una vez me pasó de terminar un show y no acordarme que toqué, estaba completamente ebrio. Supongo que de los nervios me agarré tal pedo… pero la gente no se dio cuenta. Al otro día la banda me decía “qué buen show” y no me acordaba de nada. Nunca supe qué pasó. ¿Y para qué mierda vivir así? Porque si no te vas a acordar es lo mismo que no vivirlo. Así que, bueno. El proyecto andaba, pero no me representaba mucho más.

«Lo que pasaba con La nieta de Godar era que yo después me bajaba del escenario y era otra cosa, era un pibito buena onda. Era como una división que tenía en mí, el lobo estepario»

Si respetáramos la sucesión de los hechos –a modo de biografía– Rulo debería contar que junto a su compañera decidieron en el 2016 hacer un viaje de un año por distintos países de América, y que en ese viaje empezó a grabar un disco con un nuevo estilo producto de fuertes influencias musicales de los lugares visitados, y que ese recorrido terminó en México donde se juntó con baterista Martín Campissi con quien empezaron a tocar esos temas. La historia continúa al volver a la Argentina y golpearle la puerta a Marcos Porcar para grabar el disco “Desaparecer ”. Un disco que comenzó como solista y que finalmente fue la piedra fundacional de la banda “Rulo Godar & Nación Wiphala” que incluye, además de Martín, a Franco Dicatarina, Marcos Porcar y Santiago Suárez.

— Nación Wiphala es la sensación del recorrido, es como una nación andina. Uno va aprendiendo que la frontera no es real, es re ficticia. Pero no lo digo como una cosa utópica, es que es así. Vos cruzas una frontera y es raro, es un paso de un país a otro. No es real. Desde Tierra del Fuego hasta Oaxaca, por ejemplo, tenemos la misma cordillera, la misma cadena montañosa. Por eso Wiphala. Es una sensación que el indígena entendió. La nación real es esa cadena montañosa. Es la sensación de unión. Y como banda es unirnos en un proyecto artístico. Estoy muy agradecido por la banda que formamos, tengo como un amor muy grande hacia la banda.

Así se unieron como banda, casi sin querer. Así empezaron a tocar y se dieron cuenta de que la pasaban muy bien, casi sin querer. Así surgió, en una presentación en Paraguay, la idea de una gira por España y entonces concretaron fechas para tocar en Cataluña, casi sin querer. Y así, cuando Rulo tenía en mente componer el segundo disco (“En la luz”) en España, terminó por hacerlo después del viaje, ya en Mercedes, más precisamente en el Parque Municipal. Casi sin querer.

Y mientras yo miro cómo se luce el artista, es decir, el sonido de las cuerdas, Rulo hace foco en la idea del artista, es decir, en el clavijero.

— Acá en Argentina hay como una imposibilidad de pensarse uno como trabajador dentro de la música. Ese es el pensamiento que te imposibilita el sistema. Porque uno ya arranca en el todo o nada. Y en el medio te queda un montón de lugar y hay que buscar ahí. Hay que tener un propósito firme y seguir ahí. Yo no lo tuve durante varios años porque estaba perdido en esto de que te preocupás más por la gente que va a tu show que por la música que hacés. Pasa mucho eso. Ahora se preocupan por cuánta gente te sigue en Instagram. Si lo que hacés está bueno, no importa por donde, pero pasa. El tema es que por alguna razón nosotros nos la rebuscamos para no hacer lo mejor que podemos. Y capaz que lo mejor que podemos es sentarse cuatro o cinco horas todos los días para grabar un tema y subirlo a las redes. Eso es lo que no hacemos. Todo es urgente. Y ahí se pierde algo en el arte.

«A partir del disco de Nación Wiphala no hay mucho por arrepentirme. No hay mucha distancia entre lo que quiero hacer y lo que hago. Pero hubo todo un recorrido mío para llegar a sentir esto»

— ¿Y cuál es tu excusa?

— Hoy en día ninguna. Siento que a partir del disco de Nación Wiphala no hay mucho por arrepentirme. No hay mucha distancia entre lo que quiero hacer y lo que hago. Pero hubo todo un recorrido mío para llegar a sentir esto. Lo cual no quiere decir que esté bueno lo que hago, pero no me importa demasiado.

– ¿Creés que la pandemia traerá cambios en la manera de pensar y difundir la música o el arte en general?

– Con la pandemia saltó a la vista que todo el mercado que tiene que ver con la cultura está todo precarizado. Era hora. No lo vi en Sudamérica, pero en la Argentina está la creencia de que el tipo que es artista tiene que ser pobre, como que van juntos. Es como inadmisible que el guitarrista de una banda tenga un auto. ¿Por qué? Es como un permiso que no nos damos como ciudadanos. Como que la satisfacción misma de haberlo hecho ya es el pago. Es re loco eso, y de verdad pasa acá nada más. Hay como una cosa marxista del asunto, pareciera que no tiene utilidad lo que hacés, y entonces no te lo pago. Decime cuántos directores de cine viven del cine. Eso es política. Es tan obvia que nadie la ve. En Mercedes no hay ni uno que viva de su producción de arte. También hay una cuestión con el confort, yo tengo la idea de que si a un tipo le decís “te tenés que hacer una casa si o si porque si no te morís, el tipo hace la casa”. Si a cualquier persona le decís “tenés que vivir del arte y no te queda otra”, va a terminar viviendo del arte. Pero estamos divididos. En un punto uno va eligiendo que no quiere vivir del arte, porque el camino es sinuoso.

«Si a cualquier persona le decís “tenés que vivir del arte y no te queda otra”, va a terminar viviendo del arte. Pero estamos divididos. En un punto uno va eligiendo que no quiere vivir del arte, porque el camino es sinuoso»

La extensa charla llega a su fin. En tiempos donde no podemos salir, con Rulo Godar paseamos por lugares inesperados, nos damos el gusto de sentarnos a la mesa de un bar imaginario y hablar de tantas otras cosas que no estaban en el anotador. Tanto es así, que días más tarde le escribo un mensaje para que, al menos por WhatsApp, me diga que el sitio de la banda es www.nacionwiphala.com, que la discografía completa está disponible en Spotify, iTunes, Amazon y Google Play y para que me invite –invitar al lector– a seguirlos en Facebook, Instagram, Twitter y Youtube.

Antes del saludo final, Rulo se despide parafraseando a Sabina:

– Gracias por tanto, y perdón por tan poco.

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