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Una breve historia de trabajo, vocación y superación

Por Fernando Lapolla. Permítanme contarles una breve historia. Una historia de trabajo, vocación y superación.

Ella es hija de un albañil, él es hijo de un empleado del correo, sus madres fueron ambas amas de casa. Se conocieron en su baile de egresados… allá por el año 1970, y desde entonces son un equipo inseparable. Y cuando digo inseparables lo digo en serio: estudiaron juntos en la UBA haciendo un gran esfuerzo, siempre nos cuentan que para poder costearse los estudios traían pantalones de jean importados desde Capital para venderlos en Mercedes y en el verano ponían kioscos de venta de espuma de nieve y antifaces -que ellos mismos fabricaban- en los corsos. Lograron recibirse de licenciados en Economía, ambos con excelente promedio, y con el tiempo coronaron sus carreras con maestrías y posgrados.

¡Llegaron lejos! Y juntos. Dieron miles de horas de clases en distintos colegios, institutos y finalmente en su querida Universidad Nacional de Luján, su segundo hogar, en donde el reconocimiento no se hizo esperar: ocuparon los cargos de secretarios, vice decanos, decanos y rectores.

Tuvieron cuatro hijos a quienes criaron con inmenso amor y a quienes les inculcaron sus valores: el trabajo, el esfuerzo, la dignidad y la integridad, valores nunca negociables.

Hasta aquí una breve reseña de su historia académica, pero cuando hablo de éxito y superación no solo me refiero al triunfo profesional, ellos se dedicaron con igual tesón a formar su gran familia. Tuvieron cuatro hijos a quienes criaron con inmenso amor y a quienes les inculcaron sus valores: el trabajo, el esfuerzo, la dignidad y la integridad, valores nunca negociables.

Fueron excelentes padres. Sí, soy uno de esos cuatro hijos y les aseguro que tuvimos una infancia inmensamente feliz en la que su presencia fue una constante… Tantas veces pienso cómo fue que pudieron abarcar tanto.

Fue una niñez repleta de celebraciones de cumpleaños y navidades en familia, con amigos. Jamás nos faltó nada, y si alguna vez no fue así, con mis hermanas no nos dimos cuenta.

En estos días llegan al final de su carrera en la UNLU. Se jubilan, también juntos, y dejan sus entrañables cargos de vice decana y rector en la casa de estudios que nos vio crecer como familia y tantas satisfacciones les dio. Y entonces volvemos, mis hermanas y yo, a tenerlos (todos) para nosotros…

Pero ahora ya no somos sólo sus cuatro hijos, ahora se sumaron sus nietos y somos doce los que los esperamos ansiosos para abrazarlos, como lo hacíamos cuando éramos chiquitos y volvían de trabajar.


Fernando A. Lapolla, hijo orgulloso de Amalia Testa y Antonio Lapolla.

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