
Un gesto que parecía un simple acto de urbanidad se ha convertido en un emotivo símbolo de justicia histórica y un puente entre el pasado y el presente.
Después de años de espera, se ha instalado en la entrada a Mercedes, sobre la Avenida de los Inmigrantes y calle 113, un cartel que da la bienvenida a la ciudad y, a la vez, celebra el hermanamiento con Montesano Sulla Marcellana, una pequeña localidad de la provincia de Salerno, Italia.
La historia de este cartel, que muestra los escudos de ambas ciudades y las banderas de Argentina e Italia, tiene un protagonista inesperado: Pedro Veppo, un joven de 17 años, alumno del Instituto Padre Ansaldo. En 2019, cuando tenía solo diez años, Pedro viajó con su familia a la ciudad natal de su tatarabuelo, Giuseppe Picone, y quedó impresionado al ver un enorme cartel que anunciaba que Montesano estaba hermanada con su propia ciudad, Mercedes.

Impulsado por el deseo de un niño, Pedro tomó un cuaderno y escribió una nota para el intendente municipal, sugiriendo que Mercedes debería tener un cartel similar. A su regreso, su padre formalizó la solicitud y la presentó en el municipio.
Una historia que comenzó hace más de 15 años
La historia de este hermanamiento se remonta a 2009, bajo la gestión del intendente Carlos Selva, cuando se celebró el Acuerdo de Hermanamiento, convalidado por la Ordenanza 6698/09.
Sin embargo, a pesar de que la comuna de Montesano ya había colocado carteles en su territorio, la ciudad de Mercedes no lo había hecho.
En 2017, el entonces concejal José Cestari presentó un proyecto para la colocación de la cartelería en los accesos a la ciudad, el cual fue sancionado por unanimidad en 2018 con la Ordenanza N° 8016/2018.
A pesar de la autorización oficial, el cartel no se colocaba. El proyecto de Pedro, aunque llegó después de la ordenanza, sirvió como un recordatorio constante de la promesa. El joven recurrió a varias personas y siempre recibía la misma respuesta: que «el cartel se iba a colocar».
Un sueño hecho realidad
El fin de semana pasado, el sueño de Pedro se hizo realidad. Volviendo de Buenos Aires, vio con sorpresa que el cartel ya estaba instalado, rindiendo homenaje a su tatarabuelo y a todos los inmigrantes que, como él, dejaron su tierra para «labrar la tierra y en búsqueda de un mejor futuro».
Hoy, con 17 años, Pedro siente que la ciudad ha hecho un «acto de justicia» y un «reconocimiento para todos aquellos inmigrantes que vinieron a hacer grande a este país».
Aunque la colocación ya estaba dispuesta, el joven no puede evitar sentirse parte de un proceso que, impulsado por la inocencia de un niño y la perseverancia de una familia, finalmente se concretó, uniendo a dos ciudades a través de la memoria de sus antepasados.


















