Inicio Opinion La inseguridad más peligrosa: animarse a transitar la Ruta Nacional 5

La inseguridad más peligrosa: animarse a transitar la Ruta Nacional 5

Por Sergio Resquín

¿Hasta cuándo tendremos que escribir sobre lo mismo? ¿Habremos llegado al punto en el cual la muerte de vecinos de la ciudad (o de otra) cada semana en la Ruta Nacional 5 sea una noticia periódica que no nos mueve a nada? ¿Nadie se conmueve al leer las noticias y ver que la lista no para de crecer?

Esa lista de víctimas fatales o heridos que la ruta nacional se cobra tan solo por ser usuarios de un tramo que va desde Mercedes hasta Santa Rosa, La Pampa.

Una tragedia repetida que se naturaliza mientras la autovía prometida nunca llega

En eso consiste el proceso de naturalización y acostumbramiento en el que se amparan cínicamente los gobernantes: que los ciudadanos perciban las muertes en la Ruta 5 como un hecho que obedece a una ley ineluctable y, por lo tanto, irreversible.

El mismo recurso que se utiliza con los incendios en la Patagonia, la contaminación del Río Luján o la pobreza estructural.

Una ruleta rusa cotidiana

Por estos días, en esta ruleta rusa que implica utilizar la Ruta Nacional Nº 5, una madre con su hijo pasaron a engrosar la tenebrosa lista.

Una familia destrozada en una ruta vetusta, antigua y anacrónica, donde los vehículos transitan por dos carriles a escasos centímetros uno del otro y en los que todo el tiempo parece rondar la tragedia.

Una ruta nacional por la que circulan vehículos de gran porte y donde el sobrepaso entre autos o camiones implica una maniobra por demás riesgosa.

Peaje obsceno, promesas incumplidas

Desde hace décadas se cobra un peaje vergonzoso, incomprensible y obsceno, porque la Ruta Nacional 5 nunca se transformó en una autovía desde Luján hasta Santa Rosa como se promocionaba en los años 90.

No: por el contrario, la vieja traza de la Ruta 5 sigue igual, solo que el tránsito ha crecido de forma exponencial.

Eso sí: las cabinas de peaje siguen recaudando.

Privatización, negocios y silencio político

La tragedia de la familia Cadena invita otra vez a pensar en esta verdadera estafa y obliga a ser reiterativo acerca de las causas del estado de las cosas.

En esta ruleta rusa bien podría algún concejal proponer el monumento a los caídos “en el intento de usar la Ruta 5”.

Tal vez ninguno lo plantearía porque sería asumir el fracaso absoluto de la privatización de las rutas nacionales en tiempos del menemato.

Fracaso para las víctimas y usuarios, pero no para los grupos económicos que han logrado enormes beneficios y subsidios del Estado durante casi tres décadas.

A cambio, solo cortan el pasto de las banquinas y agregan algún cartel. Pero de la autovía prometida, ni noticias.

Todos responsables

Ningún gobierno nacional posterior al menemismo revirtió esta política en materia de infraestructura vial.

Como en otras áreas claves (minería, por ejemplo), la “década ganada” no incluyó revertir los efectos desastrosos del “curro” de las rutas.

Nunca se revisaron los contratos leoninos de los concesionarios ni se los conminó a terminar la obra.

Solo por la gran movilización de los vecinos mercedinos se pudo completar el tramo Luján–Mercedes, donde la cantidad de víctimas era exorbitante.

“Pague primero y luego muérase”

La muerte absurda de un joven de 22 años junto a su madre de 61, como consecuencia de las desastrosas condiciones de la Ruta Nacional 5, no produjo pronunciamiento alguno de los sectores políticos que actúan la falsa grieta con la que pretenden embaucarnos.

Son todos responsables de cada una de las muertes y, por tanto, “mejor no hablar de ciertas cosas”, parece ser la opción elegida.

Unos porque cuando gobernaron continuaron con la matriz privatizadora, y los otros porque venden la zanahoria de que “la mano invisible del mercado” algún día terminará la obra que ya fue pagada varias veces en las cabinas de peaje.

Chicanas para distraer, muertes por goteo

Mientras tanto, concejales de uno y otro lado se enfrascan en discusiones menores para entretenernos con chicanas baratas.

Pero de las muertes en las rutas, nada.

A diferencia de “la masacre de Once”, que conmovió por su trascendencia mediática, en este caso no surte el mismo efecto.

Las muertes por goteo facilitan la naturalización.

¿Hasta cuándo?

Estamos llegando a un punto en que todos tendremos a algún familiar, amigo, compañero de trabajo o vecino integrando la lista que desde hace treinta años todos los gobiernos han colaborado a engrosar.

¿No se les ocurrió a los intendentes por cuyos municipios pasa la ruta reunirse e intimar al gobierno nacional a terminar o continuar la obra?

¿Ningún Concejo Deliberante ha podido emitir una declaración para salir de este desastre?

No: no se les ocurrió ni se les ocurrirá.

Porque la única forma de parar esto es volver a nacionalizar la ruta, salir de la privatización menemista y avanzar en la construcción de una autovía que brinde mínimos estándares de seguridad.

Mientras tanto, solo resta saber quién será el próximo.

Y dónde emplazar el monumento a los caídos, no de una guerra, sino tan solo intentando ir o venir a Mercedes.


* Sergio Resquín es profesor jubilado

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