
Mientras que en la actualidad el tenis es una disciplina muy practicada en Mercedes, que cuenta con canchas gratuitas de superficie rápida en el Parque Municipal y una amplia oferta en clubes locales para sus socios, e incluso varias canchas privadas, los cimientos de este deporte en la ciudad se remontan a una iniciativa de un ilustre habitante de estas tierras con visión social.
A principios del siglo pasado, en el jardín lindero a la emblemática casona de calle 12 y 21, la familia Míguez construyó la que se considera la primera cancha de tenis de la ciudad y una de las pioneras en toda la provincia de Buenos Aires.
Hoy esa cancha no existe más que en fotografías de época y en su lugar se ubica el Conservatorio de Arte, edificio que fuera construido en la década del 70 para concluir los términos de la donación con cargo que Sofía Míguez –hija del doctor Víctor Míguez, quien había mandado a construir la cancha en su jardín– hizo a la Municipalidad de Mercedes.
Un refugio contra «el peligro de la calle»
La construcción de la cancha no fue solo un capricho deportivo, sino una declaración de principios del Dr. Víctor Míguez.
Según los registros que se conservan en la actual Casa Museo Histórico Municipal «Víctor Míguez», el médico sostenía que era fundamental brindar a los jóvenes un entretenimiento saludable en la propia casa para evitar un «pernicioso alejamiento del hogar». Sus hijos incluso terminaban jugando los torneos que allí se desarrollaban.

Debido a que era la única instalación de su tipo operativa en la zona durante esa época, el predio de los Míguez trascendió el uso familiar para convertirse en un centro de reunión para jóvenes deportistas, llegando a organizar campeonatos a nivel provincial.
El legado de Víctor y Sofía Míguez
El impacto de esta iniciativa solo se comprende a través de sus protagonistas, cuya influencia marcó la cultura mercedina.
En las salas del museo hay mucho material valioso de todo tipo, muebles, instrumentos musicales y reproductores de discos de hogar que aun funcionan y colecciones de libros de autores y filósofos de época en perfecto estado de conservación y encuadernadas, y hasta la colección completa de La Gazeta de Buenos Aires, primer periódico patrio, entre otros tesoros.
Víctor Míguez fue un médico de renombre y hombre de una vasta cultura. Sus constantes viajes le permitieron traer ideas vanguardistas para la época.
Y bajo la premisa de que la salud y el deporte son sinónimos, impulsó la actividad física como un pilar del bienestar social y familiar.
Su compromiso con la comunidad fue tal que su antigua residencia fue donada por parte de su hija Sofía, y hoy funciona como el Museo Histórico Municipal que lleva su nombre.
De esta manera hay que ver en perspectiva la evolución del tenis en la ciudad. Lo que comenzó como un deporte de élite en un jardín privado del centro mercedino, hoy se ha multiplicado en clubes y espacios públicos, cumpliendo, quizás de una forma más amplia, aquel deseo original del Dr. Míguez: acercar a los jóvenes al deporte para mejorar su calidad de vida.
En el museo que vale la pena visitar por múltiples razones, hay varias fotografías de época que muestran a los jugadores con la vestimenta tradicional blanca y raquetas de madera, una postal de la Mercedes de principios y mediados del siglo XX que hoy forma parte del archivo público de la ciudad.

























