La historia parece moverse en espirales, repitiendo sus angustias pero con actores diferentes. No es la primera vez que se verifica que puede encajarse una pieza del pasado y coincidir perfectamente con la misma necesidad o problemática, muchos años después.
En 1969, mientras el mundo contenía el aliento ante la crudeza de la Guerra de Vietnam, John Lennon y Yoko Ono se instalaban en una habitación de hotel en Montreal. No buscaban el aislamiento, sino todo lo contrario: desde su «Bed-In for Peace», rodeados de periodistas, lanzaban al aire un ruego que se convertiría en himno: «Give Peace a Chance» (Dale una oportunidad a la paz).
Lennon entendía que la paz no era la ausencia de conflicto, sino la presencia de una voluntad colectiva que se negaba a aceptar la muerte como herramienta política.
Aquel gesto, cargado de ingenuidad para algunos que intentaban entenderlo pero de un simbolismo potente para otros millones, marcaba un límite ético frente a la maquinaria bélica de las potencias. Lennon entendía que la paz no era la ausencia de conflicto, sino la presencia de una voluntad colectiva que se negaba a aceptar la muerte como herramienta política.
Hoy, la guerra en Irán, una más en el mundo pero una estratégica y global por la implicancias económicas que mueve, nos devuelven a ese estado de alerta. El vocabulario ha cambiado —será una «guerra imperialista», se lucha contra el «extractivismo» y la «delincuencia fiscal», vamos por el petróleo y contra China— pero el trasfondo es el mismo: una humanidad que observa cómo los intereses geopolíticos y el control de la energía (antes el dominó del sudeste asiático, hoy el petróleo de Irán) vuelven a poner en riesgo la existencia misma del tejido social global.
Comparar aquel 1969 con este 2026 nos obliga a preguntarnos dónde están hoy las voces que piden esa oportunidad para la paz. En aquel entonces, Lennon enfrentaba al sistema desde la cultura; hoy, muchas pequeñas organizaciones intentan hacerlo desde la trinchera que pueden, detrás de la parafernalia desactivante de mentes que propalan los dispositivos que cada persona tiene en su bolsillo. Hoy que el tema es la guerra y la guerra puede ser tema o Temu, el rol de las plataformas y las redes son un elemento mas con sus mensajes personalizados para cada uno de los vigilados y que tienen sus datos biométricos expuestos y conectados en una red que los domina, que somos nosotros, los humanos cuando superamos el primer cuarto del siglo 21. Por eso es una Guerra Global que nos atañe a todos aunque muchos prefieran seguir estando «en un cumple».
Mientras el ruido de los tambores de guerra y las explosiones crece en el Medio Oriente, el mensaje del ex-Beatle resuena con una vigencia aterradora. Quizás, más que nunca, es necesario recordar que defender la paz no es una cuestión de neutralidad, sino un acto de resistencia frente a una barbarie que, como advierten las crónicas de hoy, no tiene objetivos limitados ni fronteras geográficas.

























