
El sábado 25 de abril se presentó en el Colegio Nacional el reconocido pianista argentino Antonio Formaro, en el marco de un concierto de gala organizado por el ciclo Pro Arte Mercedes – Centro de Egresados del Colegio Nacional “Florentino Ameghino”, con motivo de las celebraciones por el 120º aniversario de la institución.
Con un programa de notable amplitud estética, ofreció un recorrido que abarcó desde el rococó italiano hasta la música argentina contemporánea del siglo XX.
El recital se abrió con la Sonata en Fa Mayor de Baldassare Galuppi, obra representativa del repertorio para teclado del siglo XVIII. La interpretación se distinguió por su elegancia y cuidado estilístico, con especial atención a la articulación y a las exigencias expresivas propias del forte piano de la época.
Del rococó veneciano, el programa se desplazó hacia el romanticismo alemán con una obra de Carl Maria von Weber: la célebre Invitación al Vals (1819), pieza de carácter innovador dedicada a su esposa Caroline, difundida además por la orquestación realizada por Héctor Berlioz en 1841 para su inclusión como ballet en Der Freischütz (El cazador furtivo).
La interpretación ofreció una lectura sólida y expresiva, con refinamiento rítmico y un fraseo de notable elegancia, en el que los contrastes dinámicos y la flexibilidad del tempo contribuyeron a subrayar el carácter brillante de la obra.
La primera parte concluyó con las Variaciones Serias, op. 54, de Félix Mendelssohn, figura central del romanticismo temprano, cuya obra ha sido objeto de especial estudio por parte del intérprete.
El calificativo “serias” las distingue de las “variaciones brillantes”, entendidas como fantasías virtuosísticas sobre temas de moda. Mendelssohn se aproxima aquí al modelo beethoveniano de la variación, anticipando procedimientos que encontrarán en Johannes Brahms una de sus formulaciones más acabadas.
La interpretación se destacó por su fuerte carga expresiva y su carácter dramático, sostenido a partir de una cuidada atención a los matices y a las intenciones musicales, articuladas mediante un fraseo flexible y un uso preciso de los contrastes dinámicos, que permitieron delinear con claridad los distintos climas de la obra. El resultado fue una lectura de notable cohesión y alto impacto expresivo.
En la segunda parte del recital, Antonio Formaro abordó dos obras de Frédéric Chopin: el Nocturno op. 27 Nº 1, que generó una atmósfera de refinada introspección, con un fraseo expresivo y un equilibrio sonoro de notable sutileza; y el Scherzo Nº 1, donde se puso de relieve el carácter dramático de la obra mediante una interpretación de sólida construcción, evidenciando un preciso dominio técnico y el eficaz manejo de sus exigencias de gran dificultad pianística.
Avanzando hacia el cambio de siglo, el intérprete se aproximó a Claude Debussy, considerado por parte de la crítica como uno de los referentes iniciales del impresionismo musical, aunque el propio compositor rechazaba esa denominación.
Images I fue abordada desde una concepción centrada en el tratamiento del color armónico y la articulación de planos sonoros. Se destacó una cuidadosa diferenciación de texturas, con un uso preciso del pedal que permitió integrar y, a la vez, transparentar las distintas capas del discurso, junto con una atención particular a las transiciones internas y a la continuidad de los climas.
En la parte final del concierto se escuchó la Suite de Danzas Criollas, op. 15, de Alberto Ginastera, perteneciente a su período nacionalista subjetivo, según su propia clasificación.
El ciclo, integrado por cinco movimientos, se caracteriza por la síntesis de elementos rítmicos y expresivos de raíz popular, en piezas breves de fuerte condensación discursiva, que culminan en una coda de carácter brillante y enérgico.
Formaro ofreció una interpretación cuidada y musical de cada una de las danzas, con claridad en la articulación y preciso sentido del carácter, culminando en un final de notable brillo y proyección sonora.
El concierto del 25 de abril de 2026 constituyó un cierre de especial relevancia dentro de las celebraciones por el 120º aniversario del Colegio Nacional de Mercedes. En este contexto conmemorativo, Antonio Formaro ofreció una actuación de notable jerarquía artística, que dio pleno sentido al carácter de gala del acontecimiento, reafirmando la solidez de su trayectoria y la autoridad interpretativa que lo distingue.


























