Inicio Cultura Arte que transforma: Tano Verón dejó su impronta en Coco Pané

Arte que transforma: Tano Verón dejó su impronta en Coco Pané

El paisaje urbano de Mercedes suma por estas horas una nueva pieza de colección. En el marco de la remodelación y reinauguración de la cafetería Coco Pané, el artista visual Tano Verón presentó una obra que no solo embellece las paredes del local, sino que reafirma su conexión visceral con la ciudad que lo vio nacer.

Entre música de DJ con Mr Coque en la vereda y el aroma al café recién molido, el «profeta en su tierra» volvió a demostrar por qué su arte, nacido de la necesidad de escapar de la frialdad de los monitores, hoy es un lenguaje universal.

La jornada de hoy no fue una más para el centro mercedino. La propuesta de Leo Stanley, propietario de Coco Pané, fue ambiciosa: cerrar un día para reformar y abrir al siguiente con un mural terminado.

Verón, con la experticia de quien ha pintado cientos de muros —o «unos miles», como bromea al repasar su trayectoria—, aceptó el desafío de lo inmediato. «El arte urbano requiere muchas veces ese tiempo de lo rápido, lo espontáneo y fugaz. Eso es lo que lo hace majestuoso», confió el artista mientras los vecinos se acercaban a ver la nueva obra de tonos petróleo, ocres y naranjas que ahora da vida al local.

Hijo de Miguel Verón, el Tano lleva en su ADN la esencia de Mercedes, específicamente del barrio. Recordó con una mezcla de nostalgia y humor sus inicios en 2015, cuando realizó su primer mural en la antigua marmolería Deluca (calles 15 y 30), un sitio que hoy ya no existe debido al avance de nuevas edificaciones. «Ahí empezó mi búsqueda personal, un poco por salir de la computadora, yo soy diseñador gráfico y quería hacer algo distinto, al aire libre y sin clientes; hacer lo que yo quería porque quería, como un músico que toca la guitarra por placer», explicó.

Esa libertad fue la que, junto a su colega «YacaréBa», introdujo en la ciudad la técnica del pasteup (pegatina de afiches), transformando el espacio público que antes solo se usaba para publicidad en una galería de arte gratuita y accesible para todos. Hoy, con más de 60 intervenciones en la ciudad, Verón se siente un privilegiado: «Yo decidí vivir en Mercedes, es la ciudad que me gusta para dejar mi arte».

«Hace poco fui a sacar un seguro para el auto y el productor tenía de foto de perfil ‘Sea feliz, no joda al prójimo’. Nunca le dije que yo era el autor. Esa frase ya es casi vox populi, superó al arte y al color; funciona como un mensaje de texto directo al otro»

Mensajes que superan al autor
Frases como «Si no hay love que no haya nothing» o «Sea feliz, no joda al prójimo» ya no le pertenecen solo a él. Se han convertido en mantras sociales que aparecen en ciudades del País Vasco, en hogares de Japón o en estados de WhatsApp de desconocidos. El Tano, que se define como un «chabón positivo y buena onda» en la vida real, asegura que no hay una pose detrás de sus letras: «Escribo lo que siento, no es una búsqueda para quedar bien en las redes. Realmente me sale ser así».

La trascendencia de su obra ha llegado a tal punto que sus mensajes se han independizado de su firma. «Hace poco fui a sacar un seguro para el auto y el productor tenía de foto de perfil ‘Sea feliz, no joda al prójimo’. Nunca le dije que yo era el autor. Esa frase ya es casi vox populi, superó al arte y al color; funciona como un mensaje de texto directo al otro», relató entre anécdotas.

El legado de Astor
Más allá del reconocimiento internacional y de tener obras repartidas por Rusia o España, el motor actual del Tano tiene nombre propio: Astor. Su hijo de 7 años, que ya está creciendo y fue testigo de todo este proceso creativo desde su nacimiento, empieza a reconocer la firma de su padre en las calles mercedinas. «Me gusta que vea mi arte, él también está siguiendo el legado, le gusta pintar, se enganchó con esto», comentó con orgullo paternal.

La reinauguración de Coco Pané no fue solo un evento comercial, sino un encuentro cultural que celebró la identidad local. Y con calidez y sencillez el Tano Verón volvió a demostrar que, aunque sus obras puedan desaparecer bajo el cemento de nuevos edificios, el mensaje de amor y respeto al prójimo queda grabado en la memoria de los vecinos.