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El periodismo líquido y el desafío de la credibilidad en tiempos de inmediatez

Hoy nos encuentra la llegada de un nuevo Día del Periodista (que será este domingo 7 de junio) en un escenario complejo, caracterizado por un estancamiento generalizado que afecta tanto a los salarios de los trabajadores de prensa como al consumo de los propios medios de comunicación.

Vivimos en una dinámica del «día a día», donde la incertidumbre económica obliga a la sociedad a pensar exclusivamente en el presente inmediato, sin margen para planificar el mañana.

En el Día del Periodista, la profesión enfrenta una crisis de confianza motorizada desde el poder y una mutación cultural en el consumo de contenidos, obligando a los comunicadores a revalidar su rol social más allá de las plataformas.

Esta realidad no es idéntica a crisis de años anteriores, como podría suponerse, ya que está profundamente atravesada por las secuelas de la pandemia y por cambios culturales y tecnológicos definitivos que han reconfigurado por completo nuestra estructura social.

La llegada de esta fecha clave se da, además, en un contexto de marcada desconfianza hacia la profesión, muchas veces impulsada y alimentada de manera algorítmica  programada desde los propios ámbitos de poder. A este recelo institucional se le suma una transformación radical en la producción y en el consumo de todos los bienes , incluso los periodísticos.

Hoy la audiencia demanda una inmediatez absoluta, volcándose masivamente a contenidos rápidos, piezas breves y videos diseñados para ser consumidos de forma veloz en dispositivos móviles.

La vigencia de la profesión depende de la capacidad de seguir respondiendo con precisión a las cinco preguntas esenciales del periodismo (qué, quién, cuándo, dónde y por qué)

Esta mutación responde a la consolidación de lo que podríamos definir como una «sociedad líquida»: un entorno fluido e inconsistente donde los pilares que antes otorgaban solidez y previsibilidad al ciudadano —como el valor del salario, la estabilidad laboral o la propiedad— se encuentran severamente erosionados.

Ante este panorama de fragmentación, el desafío del periodista de contenidos se vuelve más imperioso que nunca. La respuesta a esta coyuntura no radica en resistirse a las nuevas herramientas, sino en adoptar formatos innovadores sin resignar el rigor metodológico.

Hoy, la vigencia de la profesión depende de la capacidad de seguir respondiendo con precisión a las cinco preguntas esenciales del periodismo (qué, quién, cuándo, dónde y por qué), garantizando una base sólida de veracidad frente a la corriente de información superficial.

Los comunicadores debemos seguir adelante, asumiendo un rol definido y necesario dentro de la sociedad, que no solo abarque la comunicación de los hechos, sino también una función pedagógica de educación y divulgación indispensable para echar luz en tiempos de gran incertidumbre como los actuales y los que se vienen.


Cristian Falabella es periodista digital, docente y desde hace 20 años editor de Noticias Mercedinas