Inicio Entrevistas Carmen Gioscio de Guinot: «Vivir es una gracia infinita»

Carmen Gioscio de Guinot: «Vivir es una gracia infinita»

Entrar a la casa de Carmen Gioscio de Guinot es como abrir la caja de Pandora de la memoria mercedina.

Allí, entre cuadros y recuerdos que trascienden el tiempo, se despliega una historia que me atraviesa personalmente: en este mismo ámbito di mis primeros pasos en el periodismo (escribiendo en una pequeña PC en el «Write», cuando ese equipo en DOS convivía con las máquinas de escribir en las redacciones) junto a Hernán, quien fuera hace 30 años el director del periódico «El Bolsillo» y el jefe de esta familia de intelectuales y artistas que trabajan por el otro y hacen lo suyo.

Carmen, hoy con casi 87 años, me recibe para un raconto que ella siente necesario: «No quisiera morirme sin haber dicho esto… el universo me dio un don y quiero compartirlo».

Dice que sus neuronas son como autos viejos, que van despacio, pero que gracias a su funcionamiento “lo gordo” que lee –de lo que aún estudia– le va quedando. También que se abraza a la vida y que, aunque sabe lo malo que trae, quisiera vivir lo más que pudiera.

La herencia del esfuerzo y el refugio en la justicia
Carmen es la custodia de un archivo que respira. Ante la inminencia del paso del tiempo, ha decidido donar el registro fotográfico y documental de la tarea periodística de su esposo al archivo judicial.

«¿Quién se va a acordar de Hernán ahí si no lo guardo? Si mis nietos alguna vez quieren saber quién fue su abuelo, ahí va a estar», explica sobre el hombre que falleció en el año 2000 y con quien compartió «toda la vida».

«¿Qué Argentina era aquella que permitió que un abuelo con 11 hijos pagara dos carreras de medicina y tuviera su mueblería? Eso me hace pensar si le he retribuido a la vida todo lo que me dio»

Su genealogía es la de la Argentina de los inmigrantes que se hacían a sí mismos. Hija del Dr. Manlio Gioscio y prima del ex intendente Julio César Gioscio, como nieta del mueblero de ese apellido que llegó de Italia y se robó a su amor tras ser rechazado por su suegro,

Carmen creció viendo cómo el trabajo permitía ascender en una sociedad «muy especial» como la de Mercedes. «¿Qué Argentina era aquella que permitió que un abuelo con 11 hijos pagara dos carreras de medicina y tuviera su mueblería? Eso me hace pensar si le he retribuido a la vida todo lo que me dio», reflexiona con emoción.

La docencia como acto de liberación
Su carrera docente no fue un camino llano. Sus primeras armas las hizo en la escuela de la 30 y 47, trabajando con los niños del Instituto Unzué, a quienes la burocracia de entonces llamaba «irregulares sociales». «Me volvía en bicicleta llorando hasta mi casa», recuerda sobre aquellos grupos complejos.

Sin embargo, su verdadera transformación llegaría con la fundación de la escuela parroquial y su contacto con la Teología de la Liberación en los años 60. «Descubrí un mensaje de Cristo que no viene a darnos carga ni a que suframos para ganar el cielo, sino que viene a liberarnos. Pero en esa época, todo lo que cambiaba las reglas se veía mal». Esa convicción le costó el cargo: renunció a la dirección de la escuela parroquial cuando sus ideas chocaron con la jerarquía eclesiástica.

Ese acto de integridad tuvo consecuencias en cadena: su novio, Hernán Guinot, fue despedido de su trabajo en el Molino Cores por su vínculo con ella. «Nos quedamos en Pampa y la vía. Pero la familia nos ayudó. Mi tía Olga Videla, madre de Jorge Rafael Videla, sabía que no éramos disolventes de los trabajadores, de lo que nos acusaban, y nos dio una mano. Hoy lo cuento y no me lo entienden, pero fue así». Gracias a ese apoyo y a un crédito por una fotocopiadora por parte de un importador («Era otra época», aclara Carmen), nació «Fotocopias Mercedes», el negocio que sería el sustento de la familia y el centro de operaciones de Hernán.

Madre de cuatro hijos que hoy brillan con luz propia en el arte, la música y la medicina (Lucas, Camilo, Juan y María), Carmen sintetiza su presente con una vitalidad asombrosa: «Es una gracia infinita la vida».

Criar artistas: Resiliencia y austeridad
Carmen y Hernán criaron cuatro hijos que hoy son figuras centrales de la cultura y de la ciencia: Lucas, Camilo, Juan y María. Para Carmen, el éxito de sus hijos no es casualidad, sino el resultado de observar la persistencia de su padre. «Hernán quería escribir y exponer sus ideas, pero teníamos que mantener la familia. Mis hijos heredaron su resiliencia; se las ingeniaron para sobrevivir hasta que el arte les fue reconocido».

Recuerda con especial nitidez los 50 años de búsqueda de su hijo Camilo hasta consolidar su estilo visual: «Tardó años en encontrar su formato, y lo ayudamos un montón en esa persistencia. Hoy todos ellos tienen una vida austera, porque se acostumbraron a que lo que sobra de esa forma de vivir debe emplearse en algo que valga la pena».

La lucha ambiental: El legado de «El Bolsillo»
El compromiso social de los Guinot tuvo su faceta más arriesgada en la denuncia ambiental. Hernán, desde el periódico «El Bolsillo», fue un pionero en denunciar la contaminación de empresas como Dupont, aun a costa de perder sus contratos más importantes de fotocopiado. Carmen continuó ese legado liderando la organización SOS Hábitat tras el incendio de la planta de agroquímicos Sigma y la contaminación grave que dejó la explosión y liberación masiva de tóxicos.

«Tuvimos una lucha permanente de 10 años. Sigma finalmente tuvo una sentencia desfavorable, pero yo quería llevar nuestra organización a los tribunales y mi comisión no quiso. Renuncié porque me di cuenta de que no estaban para lo mismo que yo», explica sobre su salida de la militancia ambiental, marcada por la misma firmeza con la que dejó la escuela Parroquial décadas atrás.

La vejez: Perderse en Mercedes y encontrarse en los libros
A sus 86 años, Carmen describe la vejez con una honestidad brutal. «Es feísimo desear cosas que sabés que son imposibles por la edad». Relata con humor y vulnerabilidad cómo se perdió hace pocos días caminando cinco cuadras hasta el café en la estación de servicio ACA: «Me equivoqué de camino, distraída, y cuando me di cuenta agarré para atrás. Se lo conté a mis amigas y todas las viejas me dijeron que les había pasado. Si esto sigue así, voy para el geriátrico derecho», bromea.

Sin embargo, su mente se niega al retiro. Tras dejar el gremio docente, estudió Letras y sigue con el profesorado de Historia en el Instituto 7. «Soy la abuelita de los cursos. A veces me cuesta entender, las que tengo son neuronas que funcionan como los autos viejos: si no los apurás, llegan».

Su mente se niega al retiro. Tras dejar el gremio docente, estudió Letras y sigue con el profesorado de Historia en el Instituto 7. «Soy la abuelita de los cursos. A veces me cuesta entender, las que tengo son neuronas que funcionan como los autos viejos: si no los apurás, llegan».

Un mensaje final
Hacia el final de la charla, Carmen insiste en dejar un consejo a quienes conviven con «iniciadores» o «soñadores». «A quien tiene cerca a una persona con ese don de proponer cosas locas para bien: escúchenlo, sean benignos. Es muy feo que te ninguneen cuando estás segura de que algo es necesario».

Se despide hablando de sus seis nietos y de las canciones de cuna que aún resuenan en su memoria y que su nieto mayor, de 29 años, prometió transmitir. «Toda la vida está llena de milagros. Yo no quisiera morirme, vos sabés… a pesar de lo que veo en la tele, quisiera vivir lo más que pudiera. Es una gracia infinita la vida».

SUS HIJOS
Carmen y Hernán tuvieron 4 hijos. Estos tienen todos sus proyectos en plena expansión. Son difíciles de catalogar por sus trabajos, búsquedas, logros y hechos, pero podría intentar definírselos así:

  • María: es médica pediátrica y trabaja en el gobierno de CABA en salud, con visitas frecuentes a villas de emergencia que requieren de profesionales muy capacitados y sensibles como ella, referente nacional de su especialidad
  • Juan: conocido por sus trabajos en el mundo del marketing en grandes empresas pero siempre inquieto escritor, narrador, dramaturgo y cultor de la literatura en diferentes formas que lo han llevado al teatro y al cine, y por supuesto a las editoriales
  • Camilo: músico y artista, con un gran trayecto en el aprendizaje y búsqueda, dedicado en la actualidad al arte visual, es un referente de esta disciplina en Argentina y a ha sido parte de varias residencias y muestras en lugares recónditos como la Antártida o el continente africano
  • Lucas: genio y figura, maestro en la música, compositor y analista creativo con influencia desde su minimalismo en la vertiente contemporánea musical argentina con trabajos junto a grandes músicos del país e incluso del exterior.

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