
En la primavera mercedina de 2020, Ricardo España se dispuso a recordar. Lo hizo frente a la cámara de su sobrina, la realizadora Paloma España, quien había mantenido con él durante años un vínculo atravesado por la distancia impuesta por la vida parisina del músico, pero que tuvo durante el confinamiento de 2020, en otra edad de aquella niña, un gran acercamiento de almas.
“Habíamos hecho un viaje en 2011, cuando me invitó a conocer París, pero nuestra relación se afianzó en la pandemia, ya que la pasamos juntos y compartimos muchos momentos y charlas; allí pude conocer más sobre su vida personal y emocional”, completa Paloma emocionada por el inminente estreno de su documental Una compañera amorosa, el sábado 7 de marzo a las 19:00 hs. en una función de gala abierta al público que tendrá lugar en el salón de actos del Colegio Nacional Florentino Ameghino.
Paloma Josefina España estrena su documental el 7 de marzo en el Colegio Nacional Florentino Ameghino. La película reconstruye la vida del pianista mercedino, su etapa parisina y su fidelidad inquebrantable a la música, en un relato íntimo atravesado por el duelo y la memoria.
La película comenzó a gestarse cinco años atrás cuando le propuso a Ricardo registrar en profundidad sus vivencias en aquella París que marcó tan fuertemente su historia personal y artística, en parte como excusa para acercarse a su tío y conocer su pasado, pero, costumbres del destino, el proyecto se transformaría en algo más.
“La partida de Ricardo (N. de la R.: en abril de 2021, a los 79 años) atravesó profundamente el desarrollo del documental y lo convirtió en un camino personal, emocional y creativo —relata Paloma—. Hubo pausas, distancia y reencuentros con el material, hasta que tomó su forma definitiva. Cuando hicimos la entrevista principal no sabíamos que estaba enfermo; a las semanas lo supimos y a los cuatro meses falleció. Por eso el registro fue completamente natural, sin la conciencia de que iba a convertirse en su último testimonio audiovisual. Hoy tiene para mí un valor emocional muy profundo: sentí que dejó su historia en mis manos y partió” —cuenta la directora, tomada por el coraje frente a tamaño desafío.

Ese bordado de historias, confesiones y memorias narradas —por el propio protagonista en su legendaria casa de estilo español de calle 28— se completa en parte con las voces de quienes lo conocieron. El recorrido abarca su migración a Europa en 1972, su instancia parisina con su carrera musical y el regreso a la Argentina, pero entremezclada entre los hechos también emerge su mirada sobre el arte, la disciplina, el paso del tiempo y el sentido de la vida. Destaca la joven realizadora que “hay reflexiones muy profundas sobre lo que significa dedicar la vida a la música”.
Uno de los ejes centrales del film es un hallazgo documental de enorme valor histórico: un cuaderno que Ricardo llevó consigo cuando partió a Europa en 1972. “En él escribió cada día sus sensaciones en ese viaje en barco, sus experiencias y las personas que conoció; la alegría por la decisión que había tomado, la incertidumbre al migrar, la tristeza de alejarse de su familia, la soledad y el acompañamiento de nuevos amigos, pero sobre todo, el amor por la música, ese motor que lo incentivó a partir hacia Europa”, explica la directora.
El trabajo se destaca por su riqueza audiovisual: contiene entrevistas, fotografías, correspondencia familiar, registros de distintas épocas y hasta material ficcional, piezas que dialogan con un elemento que lo atraviesa todo: la música. “Toda la banda sonora son interpretaciones de Ricardo en un concierto ofrecido en la radio francesa, registrado en casete”, subraya Paloma.
El resultado es un documental que trasciende el homenaje a la figura de un pianista querido por su ciudad. Es, ante todo, el retrato de una fidelidad inquebrantable: “Uno de los signos de su vida fue su valentía. Fue una persona que tomó decisiones difíciles, como migrar joven a Europa, guiado únicamente por su vocación. Vivió con una convicción muy fuerte respecto al arte y nunca negoció ese amor por la música, un hecho que interpela a cualquiera” —sostiene la realizadora con la mirada encendida por compartir el fruto de años de trabajo con la ciudad que siempre abrazó a Ricardo y en un marco tan ligado a su historia afectiva como el Centro de Egresados Pro Arte, institución que éste presidiera durante largo tiempo, más allá de futuros planes que apuntan a su exhibición en espacios
culturales y festivales.
Paloma Josefina España es mercedina, vivió en CABA entre 2015 y 2024 y actualmente se desplaza entre ambos puntos al frente de su productora POMI FILMS, con la que además de abordar producciones autorales, realiza trabajos publicitarios, contenido para redes y cobertura de eventos.
En este marzo de 2026, con sus 29 años, está a un paso de graduarse como Licenciada en Artes Audiovisuales con orientación en Iluminación y Cámara en la Universidad Nacional de las Artes. Una compañera amorosa constituye su proyecto de tesis y el cierre de una etapa formativa tan exigente como apasionante.
Una compañera amorosa fue, admite, el mayor desafío artístico de su vida, no solo por la responsabilidad profesional que implica una tesis y la dirección de una película, sino por la carga emocional que implicó contar la historia de su tío, un proceso profundamente transformador tanto a nivel creativo como personal: “El trabajo de postproducción implicó largas jornadas de revisión, análisis y toma de decisiones junto a mi primo Sebastián Remolgado, quien estuvo a la par mía en todo el proceso técnico y creativo. Volví una y otra vez sobre el material, observándolo desde distintas perspectivas, intentando comprender qué elementos eran fundamentales para el relato y cuáles debían quedar fuera. Este proceso estuvo lejos de ser lineal: muchas veces armé y desarmé secuencias
completas, probé diferentes estructuras narrativas y exploré múltiples formas de articular entrevistas, imágenes de archivo y registros sonoros. El montaje se convirtió así en un trabajo artesanal comparable al armado de un rompecabezas, donde cada pieza debía encontrar su lugar exacto dentro del conjunto. Cada decisión de montaje implicaba no solo una elección narrativa, sino también emocional, ya que el material estaba íntimamente ligado a la figura de mi tío y al proceso personal de duelo que atravesé durante la realización”.
La cita del próximo sábado 7 de marzo se presenta así como un reencuentro colectivo. Para quienes conocieron a Ricardo, será la oportunidad de volver a estar con él y conocer desde un lado más íntimo cada proceso de su vida, escuchar su voz y su particular manera de sentir la vida junto a su amorosa compañera; para quienes no, el descubrimiento de un artista que se atrevió a dejarlo todo para cumplir sus sueños, y una invitación a preguntarse qué lugar ocupa la pasión en la propia vida.
Nota de Gerardo Simonet


























