Inicio Cultura Mercedes llora la muerte de un grande: Santiago Suárez

Mercedes llora la muerte de un grande: Santiago Suárez

Víctima de un cáncer fulminante, este 16 de diciembre se fue de este mundo Santiago Suárez, músico mercedino integrante del Quinteto Tiempo y gestor de la escena musical de los últimos años, maestro del folclore muy reconocido por los artistas de la ciudad. Su voz y su personalidad quedarán por siempre en el recuerdo, la memoria y la música popular latinoamericana, argentina y de estos pagos.

Santiago Suárez era médico y había nacido el 8 de septiembre de 1949. Como cantante de música folklórica de Argentina, su registro de tenor y primera voz del Quinteto Tiempo son una marca a fuego en su trayectoria que lo llevó por muchos escenarios.

 

Suárez había ingresado en 1971 al Quinteto Vocal Tiempo, un grupo de La Plata fundado en 1966, en reemplazo de Alfredo Sáenz, quedando integrado desde ese momento por el propio Suárez, junto a Alejandro Jáuregui, Eduardo Molina, Rodolfo Larumbe y Ariel Gravano, con la dirección de Carlos Groisman. Esta formación se mantendría estable y sin cambios en adelante, circunstancia inusual entre los grupos musicales. En 1972 adoptaron el nombre Quinteto Tiempo y grabaron su primer álbum “El río está llamando”, tomando para título una canción de Julio Lacarra sobre la insurrección popular conocida como el Cordobazo. A partir de 1975 y sobre todo con la dictadura instalada en 1976 el grupo sufrió amenazas y censura, lo que le impidió difundir su trabajo en Argentina. Con esas restricciones grabaron entre 1975 y 1982 cinco álbumes y participaron en festivales internacionales y trabajos en conjunto con otros importantes artistas latinoamericanos.

En 1984, con la recuperación de la democracia en Argentina, volvieron a poder lanzar un álbum en su país, su séptimo trabajo propio, titulado simplemente “Quinteto Tiempo”. Desde entonces se destacó su obra de difusión de la nueva canción latinoamericana (“Vamos a andar”) y Quinteto “Tiempo canta a Armando Tejada Gómez” (2002).

Sus inicios
El propio Suárez contaba así sus inicios en la música: “Recuerdo el bandoneón del Ñato Longarello, las guitarras de Luis Denis, mi tío Carlos Luna, don Morán que bordoneaba como sólo él sabía hacerlo, la armónica de Luciano, el bandolín del negro Morales, la voz tenorina de Saavedra, el alma pura del negro Marino, queriendo meter tonos con sus gigantescas y adormecidas manos, en aquella guitarra que le había regalado mi abuelo Mario. Allí en la 12 y 39, el boliche de mi abuelo juntaba un aroma musical, a veces se prendía mi padre, el que más me emocionaba, el mejor, cantando tangos inolvidables. En aquel lugar es donde me nació este torrente de amor por las cosas nuestras. Los veía con mis pequeños cuatros años, a esos gigantes de la música. Un boliche, parroquianos, casi toda gente de campo, de trabajo por tanto, de rudo cuero y corazón blando, que los hacía más queribles a mis queridos parroquianos. Gente que «chupaba por gusto» o para alejar amarguras de la vida, para olvidar tanta miseria o masticar alguna bronca con el patrón. Y allí todos estábamos extasiados por el hecho más hermoso que la vida regalaba: LA MUSICA, sintiendo la misma vibración, la de las notas, la del canto, el mensaje. El clima era de fiesta, de alegría: — Don Mario, sirva otra vuelta. Y así se sucedían las horas, hermanados por nuestro canto”.

“La vida nos lleva a percibir olores, colores y sonidos de tiempos lejanos, más un llamado genético cancionero, es que ella no pasa por el costado sino que nos declara protagonistas para los tiempos sin tiempo. Aquí en este amado Pueblo Verde, con alegrías y sinsabores, pero bien nuestro, creciendo a los tropiezos, lentamente como tantos otros del interior y nosotros adentro, armando recuerdos, hermosos recuerdos, siempre con la música y esta huella, canto fundamental que nos fraguaron nuestros abuelos”, decía

“El tiempo me fue creciendo y en adolescente encuentro con un amigo, el “Loco” Acuña, me invita a pasarla bien en el Centro Tradicionalista Ciudad de Mercedes, calle 17 y 28. Fluían zambas y chacareras, algunos poemas recitados por el «alma mater» de esa casa: Argentino Valenzuela. Conocí nuevos amigos, gente como la gente: don Luis Castro y familia, los Valenzuela, Cholo y Tito Sanguinetti, el Quirquincho Chávez, que nos deleitaba con sus cuentos y dichos cordobeses, el petiso Barboza, su sonrisa vuelve por mi mente, el Bocha Retegui con su chispa, Perico Laplaca v su vozarrón. Tantos más. Y ya me adentré a ese elenco para cantar todos los sábados, era mi casa musical, donde se reafirmaron los contenidos artísticos e ideológicos. Así se ensanchó esta huella, la de la defensa de «nuestras cosas», bebiéndonos las canciones de los consagrados: Los Fronterizos, El Cuchi Leguizamón, Los Chalcha, El Chango Nieto, Los Huanca Hua, Las Voces Blancas con Melania Pérez, Víctor Heredia y una interminable lista de artistas que elevaron como nunca su genio creativo para darle vuelo al sentir de nuestro pueblo. Mientras nos llegaban tantas propuestas, por radio, TV. Y discos, nosotros los mercedinos, con las nuestras, en este infierno grande, como dice el dicho, que nos permite encontrarnos todos los días, fortuna que brinda un pueblo chico. Pulsamos la guitarra con Juan Carlos, Ornar o Hugo Díaz, tratando con respeto y delicadeza nuestras canciones, o si se quiere con Alberto Delpópolo, el porteño Páez y Mario Cecco, buscando imitar a los Fronte que va hacían cuatro voces, todo un descubrimiento”, agregaba Suárez en su reseña autobiográfica.

“La vida nos lleva a percibir olores, colores y sonidos de tiempos lejanos, más un llamado genético cancionero, es que ella no pasa por el costado sino que nos declara protagonistas para los tiempos sin tiempo. Aquí en este amado Pueblo Verde, con alegrías y sinsabores, pero bien nuestro, creciendo a los tropiezos, lentamente como tantos otros del interior y nosotros adentro, armando recuerdos, hermosos recuerdos, siempre con la música y esta huella, canto fundamental que nos fraguaron nuestros abuelos”, decía y comentaba que en 1973 ingresaba al Quinteto Tiempo. “Desde entonces y por siempre la música va conmigo”, decía.

Su última presentación en Mercedes junto al Quinteto Tiempo, había sido un celebrado show en noviembre de 2019 en el Teatro Argentino, junto a La Familia Coplera y a modo de homenaje.

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