Inicio Entrevistas ENTREVISTA EXCLUSIVA A MONSEÑOR SANTIAGO OLIVERA EN VILLA CURA BROCHERO, CORDOBA

ENTREVISTA EXCLUSIVA A MONSEÑOR SANTIAGO OLIVERA EN VILLA CURA BROCHERO, CORDOBA

Villa Cura Brochero vive un tiempo especial: sus calles se han poblado de turistas llegados desde distintos puntos del país. La Iglesia del Tránsito ha reprogramado sus misas ampliando los horarios, y el sector donde se exhiben las reliquias del Santo es un constante desfile de fieles que se acercan a agradecer y pedir una gracia.

Si bien siempre hay gran actividad, durante esta semana se vive un tiempo distinto: el próximo 26 de enero se conmemora un nuevo aniversario de la Pascua de Brochero, fecha en la que el Santo emprendió el camino definitivo hacia el Padre.

Como todos los años, una figura clave en la canonización de Brochero llegó para recordar ese día especial. Tuvimos la gracia de reencontrarnos con él para rememorar la vida y obra de nuestro santo argentino, Monseñor Santiago Olivera.

¿Cómo se presenta esta Pascua Brocheriana?

Monseñor Santiago Olivera: Pensaba en estos días que es impresionante: pasaron 112 años desde que Brochero partió a la casa del Padre. No sé si hay muchos santos cuya figura siga tan viva después de tanto tiempo. Creo que, en parte, es por la feliz iniciativa de nuestros antepasados de haber celebrado las «Semanas Brocherianas» para pedir la canonización del Cura; así, el 26 de enero se instaló como una verdadera fiesta. El pueblo estuvo triste aquel 1914, pero también intuyó que, pese a su partida, él estaba vivo y presente. Tanto es así que, a los dos años, el pueblo de El Tránsito cambió su nombre a Villa Cura Brochero.

Creo que el pueblo entendió que era un hombre de Dios. Por eso el libro que escribí, «El Cura Brochero, pastor con olor a oveja», después pude actualizarlo y lo llamé «Pastor con olor a oveja y pastor con olor a Dios», porque la gente pudo intuir esa fama de santidad que justamente es una vida según el querer de Dios.

Y volviendo a la pregunta, a mí me impresiona que pasados tantos años, sin embargo, la semana brocheriana ya es una marca registrada, un punto de encuentro de muchos sacerdotes, seminaristas, pueblo fiel, religiosos, religiosas que vienen a seguir como metiéndose en la espiritualidad de Brochero que tanto da, tanto tiene para dar; este hombre profundo, simple, sencillo, gaucho, amigo, padre, hermano.

Cuando estuvimos juntos antes de la Beatificación de Brochero siempre le decía que el pueblo había hecho Santo a Brochero mucho antes que el Vaticano decidiera aprobar la causa ¿Recuerda? 

Monseñor Santiago Olivera: Sí, sin duda. Toda causa comienza con la fama de santidad y Brochero fue un hombre muy cercano a su gente. Obviamente hay todo un proceso: el camino de la gracia de los milagros, que es la confirmación que la Iglesia necesita, y la constatación de las virtudes vividas de modo heroico. Pero nunca hay que perder de vista que partimos de esa fama de santidad; el pueblo intuye verdaderamente cuándo está ante un hombre de Dios.

Ciertamente, en los tiempos de Brochero existía esa pasión por llevar a los hombres y mujeres al encuentro con Jesús. Esa era su razón de ser. Los Ejercicios Espirituales, que él mismo experimentó en Córdoba desde su etapa de seminarista y en sus primeros días como cura, le permitieron percibir la transformación de los ejercitantes; por eso construyó la Santa Casa de Ejercicios.

Actualmente, en el Parque Temático, ofrecemos un nuevo servicio de Ejercicios Espirituales. Brochero no solo construía puentes y caminos de piedra o de hierro; su gran preocupación eran los puentes al cielo, los caminos al corazón de Dios. La gente busca, como él decía: «baños del alma», y nosotros simplemente tratamos de imitarlo.

Impresiona la obra ciclópea que ha hecho en toda la zona, sobre todo teniendo en cuenta la época en la que vivió —mediados del siglo XIX y comienzos del XX—, donde todo estaba por hacerse.

Monseñor Santiago Olivera: En toda la espiritualidad de la zona, los Caminos de Brochero han tenido mucho que ver, porque su primera sede parroquial no fue aquí en Villa del Tránsito sino en San Pedro, a unos 40 o 50 kilómetros de distancia. Allí estaba la parroquia a la que él vino a servir, para después seguir por Panaholma, Ambul y toda esta región.

La provincia de Córdoba tomó también este verdadero tesoro que significa Brochero para fomentar el turismo religioso. Existe esta relación gemela de amistad con España: los Caminos de Santiago son los Caminos de Brochero. A mí me impresiona particularmente, porque me llamo Santiago y tengo mucha devoción a Brochero, el hecho de que se haya consolidado este vínculo y que se realicen los caminos desde tantos lugares: Soto, San Pedro, Villa Dolores… La Diócesis, en general, vive con una pertenencia profunda a este hombre de Dios que nuclea, es un referente, una huella y un faro.

¿Qué lo motivó a iniciar el proceso de su canonización?

Monseñor Santiago Olivera: Cuando me nombraron Obispo de Cruz del Eje, en 2008, el Nuncio me dijo: “Le pedimos que se ocupe de la causa de Brochero”. Yo tenía conocimiento de él, pero no el que desarrollé después. Durante todo mi seminario y mi sacerdocio, tuve un cuadro suyo sobre mi cama. Fui sacerdote durante 24 años en la Diócesis de Morón y había venido varias veces a la Villa; su figura no me era extraña, pero, sin duda, conocer su tierra, su lugar, su obra tan extraordinaria, su pasión sacerdotal y su vida pobre y desinteresada marcaron un antes y un después en mi vida religiosa.

¿Qué mensaje podría dar en esta nueva Pascua de Brochero que se acerca, en un momento de nuestro país que es dificultoso, con gente que tiene problemas y necesidades?

Monseñor Santiago Olivera: Por lo pronto, ni el dolor, ni la muerte, ni la enfermedad, ni la pobreza son la última palabra. El Señor triunfó y Brochero supo —en tiempos difíciles para su historia, su Patria y su Córdoba— transformar la realidad y trabajar para que los hombres y mujeres de su tiempo tuvieran vidas más dignas. No olvidemos, por ejemplo, todo su trabajo para que el ferrocarril fuera una realidad; una ley que aún sigue vigente, aunque estuvo parada por temas económicos. Fue lo suficientemente creativo como para darle a su región nuevas fuentes de trabajo.

«Todo su trabajo para que el ferrocarril fuera una realidad; una ley que aún sigue vigente, aunque estuvo parada por temas económicos. Fue lo suficientemente creativo como para darle a su región nuevas fuentes de trabajo»

La vida cristiana tiene sus momentos de cruz y de dificultad; ser cristiano no es tener una vacuna contra todo riesgo. Las dificultades se sufren, pero el Señor sostiene, está, anima, y juntos podemos transformarnos en esperanza. Cada uno de nosotros puede ser constructor de una historia más digna, fecunda y fraterna para todos.

Esta Pascua de Brochero nos invita a pensar que la vida evangélica no termina. Navidad es ‘el Dios con nosotros’, un Dios que está permanentemente. Brochero está presente porque encarnó el Evangelio; su vida la podemos leer a la luz de la Palabra. Por eso, siempre va a ser compañero de camino y nos invita a marchar codo a codo, como hermanos y como pueblo, para hacer una vida más digna.


El próximo 26 de enero, a las 11:00, este hombre que trabajó incansablemente por y para la causa de Brochero, oficiará una de las Misas de su Pascua.

Han pasado 10 años desde la canonización en Roma y más de 15 desde que todo comenzara, pero él mantiene firme su compromiso y su amor por este Cura Gaucho que le cambió la vida, como a cada uno de los que toca con su gracia.

N.B: Desde marzo de 2017 monseñor Santiago Olivera fue nombrado por el Papa Francisco como Obispo Castrense de Argentina.

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