
En el marco de un nuevo aniversario del derrocamiento del gobierno constitucional de Juan Domingo Perón, el dirigente justicialista y concejal de Mercedes con mandato cumplido, Juan Carlos Benítez, ofreció una profunda reflexión histórica e ideológica sobre el impacto del golpe de Estado cívico-militar perpetrado el 16 de septiembre de 1955.
Para encuadrar el escenario político de la época, Benítez recordó que la acción destituyente ocurrió apenas dos meses después del luctuoso episodio del 16 de junio de ese mismo año, cuando aviones de la Armada bombardearon la Plaza de Mayo. Aquella masacre dejó un saldo de 308 personas asesinados y más de 1200 heridos, entre los que se contaban escolares que visitaban el lugar y transeúntes ocasionales, constituyéndose hasta la fecha como el mayor atentado terrorista registrado en la historia de la Argentina.
A través de su análisis, el referente mercedino destacó dos situaciones sociales que grafican el antagonismo de la época. En primer lugar, evocó el testimonio del reconocido escritor Ernesto Sábato, quien en los días posteriores al golpe asistió a una reunión de la alta alcurnia salteña donde se celebraba la caída del régimen. Al dirigirse a la cocina de la finca, Sábato observó el contraste directo con la celebración: las dos trabajadoras domésticas de la casa lloraban ante la renuncia del líder de los trabajadores.
«La historia no se repite como un anillo cerrado pero sí de modo espiralado. El odio al peronismo proviene de un escalafón moral, económico, social que construye el antiperonismo, que subsiste como un método de establecer poder de sumisión a los sectores del trabajo»
El segundo hecho relatado se situó en la Casa Rosada durante un cruce entre el contralmirante Arturo Rial —uno de los cabecillas de la autodenominada «Revolución Libertadora»— y una delegación de trabajadores municipales. En esa oportunidad, el jefe militar expresó duramente: «Sepan ustedes que esta gloriosa revolución ha venido a este bendito país para que el hijo del barrendero muera barrendero».
Finalmente, Benítez conectó el devenir de aquellos años con los procesos del presente: «La historia no se repite como un anillo cerrado pero sí de modo espiralado. El odio al peronismo proviene de un escalafón moral, económico, social que construye el antiperonismo, que subsiste como un método de establecer poder de sumisión a los sectores del trabajo».


























