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Hablar con El: Alabanza

Ya hemos hablado de la oración en general, de ese estar con El como una de las actitudes del telón de fondo del santo tiempo de la Cuaresma. Y dentro de ese estar con El nos encontramos con diversos modos de estar con El. Uno de ellos, tal vez el menos practicado por nosotros, es lo que llamamos “oración de alabanza”, también “de adoración”. Es precisamente algo así como decirle piropos a Dios. Alabarlo y adorarlo por su gloria, por su creación, por su obra, por nuestra vida. Alabanza y adoración. De esto saben mucho los Carismáticos (*).

La alabanza y la adoración. Santo Tomás de Aquino, junto con otros grandes teólogos, nos dice que la adoración es algo propio de la virtud de la religión. Es decir, este darle a Dios lo que le corresponde.

La adoración, por nuestra parte, es darle a Dios lo que a Dios le corresponde. Es reconocerlo como Dios y como Señor, como creador, como Señor y dador de vida.

Hay una bellísima imagen de Cristo gloriosamente resucitado, que se conoce como pantocrátor, como Kyrios. Kyrios el pantocrátor, el Señor Cristo dominador, y a El alabamos, a El adoramos, a El damos gracia, y así es como debe comenzar nuestra oración.

Joseph Keeper, siguiendo la línea de Santo Tomás de Aquino pero en la actualidad, dice algo similar: que nuestra oración de alabanza y de adoración tiene que ver con la virtud de la religión, es poner en práctica en síntesis la virtud de la religión, es alabar a Dios, es adorar a Dios –insisto– por su gloria, por su creación, por su obra, en síntesis, por nuestra vida. Te adoramos y te alabamos, Padre, por lo que has hecho.

Como decíamos hace unos días atrás, el cielo proclama la obra de Dios. El cántico de Daniel, toda la Creación canta la obra de Dios.

Que la Virgen Santísima de Luján nos regale un corazón adorador. Un corazón de alabanza.


* Carismáticos: Renovación Carismática Católica. En Argentina y el mundo muy difundida con sacerdotes famosos, como el padre Betancour, el padre Jamut, el padre Stakelum.

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