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Los dos mandamientos

Este viernes 23 de agosto nos centramos en el Evangelio de San Mateo, capítulo 22 versículos 34 al 40, donde aparecen como co-protagonistas personajes muy asiduos en el Evangelio. Por un lado los fariseos, por otro los saduceos, que son otra secta dentro del pueblo de Israel. Ellos no creían ni admitían la resurrección de los muertos. Tenían unas ideas muy particulares del mundo espiritual. Y cuando los fariseos se enteran de que Jesús ha tenido una discusión con los saduceos, vuelven ellos a tomar la palabra para preguntarle sobre los mandamientos.

Los fariseos son del cumplimiento estricto de la ley. Recordemos que no solamente tenían la Ley de Moisés sino que de los 10 mandamientos habían hecho un sinnúmero de normas para sostenerlos, que los hacían invivibles.

Y le preguntan sobre los mandamientos, a lo que Jesús responde “amar a Dios sobre todas las cosas” y todo lo que conocemos. Y agrega el segundo mandamiento, “amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Es como que se adelante a este segundo mandamiento que está comprendiendo el “no matarás”, el “no codiciarás”, etcétera. El “amarás a tu prójimo” resume.

De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas, dice Jesús, y está queriendo decir que no es necesario inventar más cosas para entrar en la presencia de Dios o agradar a Dios, sino que con el cumplimiento del amar a Dios y el amor al prójimo ya tenemos mucha tela para cortar. Esto es lo que Jesús le dice a los fariseos y a nosotros, cuando muchas veces en nuestras vidas hacemos promesas de alguna cosa, cuando estamos pidiendo algo. Hermanos: alcanza y sobra con que cumplamos los mandamientos de Dios, fundamentalmente este amarlo a El sobre todas las cosas, llevar una vida de oración para que si eso que nosotros pedimos es bueno y nos conviene para nuestra vida eterna el Señor lo conceda.

No seamos fariseos inventando normas o sobrecargándonos con cosas que carecen de sentido, cuando lo que debemos saber en realidad ya lo sabemos.

Quiera la Virgen Santísima de Luján acompañarnos a todos en nuestra mente y en nuestro corazón para no solamente conocer los mandamientos sino intentar vivirlos en nuestras vidas

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