Inicio Una mirada de la ciudad Mercedes, diez años después

Mercedes, diez años después

Si diez años después te vuelvo a encontrar en algún lugar no te olvides que soy distinto de aquel, pero casi igual…

Así empieza “Diez años después”, una conocida canción de Andrés Calamaro (Los Rodríguez). La misma canción que canta Mauricio Gelves cuando le propongo la charla. Hace diez años que vive en Madrid y hace diez años que vuelve casi todos los años. Quiero saber su mirada de Mercedes en esta última década, la percepción en la distancia y cómo vive los cambios, los propios y los de la ciudad.

–Dale, nos encontramos en Vinilo o en La Vieja –propuso.

Llega puntual. Su cabeza parece seguir el ritmo de lo que está escuchando. Se saca los auriculares –último modelo– y me saluda. Después va a la barra y saluda a Quique. Se quedan conversando. La cerveza en el vaso que acabo de servirle se entibia. Quique señala su colección de vinilos. No me extrañaría que Mauricio le esté pidiendo algún tema en especial.

–Vinilo es el mejor bar del mundo –afirma al volver–. Siempre que vengo le saco fotos y siempre encuentro joyitas nuevas. Mirá lo que son estas paredes y mirá esa colección de vinilos –dice como si fuera mi primera vez en el bar.

–Es una rareza un bar así, ¿no?

–Allá no se ve. Conozco miles de bares de todos lados, pero como este…

–Es una visita obligada cada vez que volvés.

–Sí. Termino de trabajar y me vengo a escuchar música

Cada vez que lo dice suena extraño, pero Mauricio no viene de vacaciones. Ya no. Quizás los primeros años, cuando todavía trabajaba en relación de dependencia, pero ahora no. Ahora es “nómade digital”, así se nombra. Trabaja con su computadora desde cualquier lugar del mundo donde haya señal de internet.

Así como estos quince días trabaja desde Mercedes, lo ha hecho también durante este año –solo en el 2019– en Alemania, Italia, Inglaterra, México, Costa Rica, Bulgaria, Macedonia del norte y todavía le resta, antes de fin de año, Kosovo, Jordania y Albania. “Si estuve dos meses en el año en casa –en Madrid– es mucho”, dirá en algún momento de la charla.

–¿Tenés otros lugares obligados en Mercedes?

–Además de visitar amigos y familia, no hay año que venga y no vaya a Aloísio, ya sea a tomar helado o a comprar churros. Y también Sorrento. No puede faltar una cena en Sorrento con amigos. Soy muy nostálgico de los negocios típicos mercedinos y si bien por un lado me pone muy contento ver todos los cambios en estos últimos años: las plazas reformadas, calles pavimentadas y fiestas populares con organizaciones que no tienen nada que envidiar a las de otras grandes ciudades, por otro lado me apena que cada vez haya menos comercios tradicionales. Siento que yendo a estos lugares estoy aportando mi granito de arena para que aguanten un tiempito más. De chico me acuerdo que merendaba en la cafetería Capurro que estaba en la calle 24 y 29 y también iba a Oykos. ¿Qué chico de veinte años iba a esos lugares?

–Decías que ves muchos cambios en Mercedes. ¿Seguís la vida política mercedina?

–No. No me gusta hablar ni participar de la política, pero estando acá sale el tema todo el tiempo. Ya sea con mis amigos o con mi familia, y en general coinciden en el buen trabajo de la actual intendencia. Bueno, en realidad estas mejoras de la ciudad tendrían que ser moneda corriente sea cual fuera el partido político de turno. En todo caso lo de ahora deja mucho más al descubierto todo lo que no hicieron las gestiones anteriores, pero en fin. Me gusta cómo está la ciudad. Me acuerdo de mi segunda vuelta al pueblo ¿cerca del 2013 habrá sido? Vine con Anita –Ana Ruiz, conocida actriz española y su pareja de entonces– y nos hospedamos en el Hotel Mercedes. Eran épocas de elecciones y todos los días me taladraba un Renault 4 con los altavoces y la cancioncita «Mercedes crece con Juani y Cristina, Mercedes va a estar mejor…» Nos volvimos a Madrid y seguíamos cantando esa canción. Terrible. Nos taladró la cabeza.

–Fue en el 2011

–Bueno, ese año. Al final el tiempo le dio la razón –sonríe.

Si diez años después no estamos igual, qué le vas a hacer…

Quique pone un vinilo de Rod Stewart. Mauricio gira hacia la barra y Quique le levanta el pulgar. El bar se va llenando. Es esa hora en la que los bares se vuelven conservadores y pasan “la música que se escucha”. Pero a Quique nunca le importó este tipo de comportamiento comercial. La música que se escucha es la música que escucha él. Es decir, casi todo.

Una chica se acerca a la mesa. Ambos recordamos con sólo mirarnos que alguna vez, en la década del noventa, esa chica le había dicho “no” a Mauricio. Ahora, veinte años después, le dice que lo sigue por Instagram, que le encantan los viajes que hace, que a ella también le gustaría viajar en bici, y para incluirme en sus confesiones, también dice que había leído mi libro. Nosotros sonreímos y asentimos con la cabeza. Repetimos “gracias”, cada tanto, más él que yo, y después de su monólogo, se va con sus amigas.

Si la casualidad nos vuelve a juntar diez años después algo se va a incendiar, no voy a mostrar mi lado cortés...

–¿Por qué te fuiste de Mercedes?

–Ya tenía el título universitario (Licenciado en Informática) y laburaba como un mono y me cagaba de hambre, sumado a que no quería vivir más en Capital. Además ya había empezado con los viajes en bici y me gastaba fortuna y sólo veía colonias españolas –ríe. Buscaba más aventura, viajar. Y allá es mucho más fácil.

En el 2009 Mauricio hizo su primer viaje en bicicleta por Sudamérica que retraté, un par de años después, en mi primer libro “La persona de al lado”. Quizás a ese libro hacía referencia la chica, quizás a aquellos viajes de pedal que Mauricio hacía con mucha más frecuencia que ahora.

–Este año tuviste suerte con la estadía mercedina. Llegaste en las mejores fechas.

–Sí, totalmente. Pegué la Fiesta de la Cerveza y el Mastai. Me empaché de música, de amigos y de bebida, por qué no. Nunca antes había visto tanta movida en Mercedes, y menos en ese nivel.

Un pibe que ambos conocemos entra al bar y se sienta a la barra. Nos vio, pero disimula. Lo vimos, pero disimulamos. Hace unos años, de casualidad, lo cruzamos en un bar de Madrid y lo había saludado con un entusiasmo desmedido. Aquel día, recuerdo, elogió hasta el cansancio los viajes que Mauricio emprendía en bicicleta y confesó la estupidez de aquel período adolescente donde el prejuicio –y ser contemporáneos en colegios diferentes–, había provocado algunos encontronazos.

–¿Ves? La ciudad cambió un montón. No es la Mercedes de antes. Hay heladerías de marcas que no conozco por todos lados, cafeterías de grandes cadenas de Buenos Aires… pero también pasa esto. Me encuentro todo el tiempo con personajes que fueron parte de mi adolescencia, y si me los encuentro acá la relación es como si nunca hubiera pasado el tiempo. Ya sea con chicos con los que nunca me hablé como con aquellos con los que compartí actividades.

–¿Te has cruzado muchos mercedinos en otros lugares del mundo?

–No sé si muchos, pero sí. Y te juro que cuando estás afuera la relación cambia.

–O cambia cuando estás acá, depende de cómo lo mires…

Mauricio es parte de la comunidad WordPress y da conferencias y charlas en toda Europa. Además, en los últimos años, se ha convertido en uno de esos viajeros que arman videos muy cuidados y de una excelente calidad de edición y que los suben a las redes. En el perfil de su cuenta de Instagram (@maugelves) se nombra como “creador de videos” y “youtuber de viajes”. Tiene cerca de cinco mil seguidores y ya empezó a ganar dinero con la cantidad de suscriptos y visualizaciones que tienen sus videos en Youtube.

A sus amigos mercedinos de toda la vida –nosotros– no les importa cuánto crezca; seguirán mofándose de su tonada y sus muletillas típicamente españolas y de la forma como pronuncia “vídeos”, acentuando la i.

–No hace mucho te invitaron a dar una charla WordPress en Mercedes, ¿no? ¿Cómo fue esa experiencia?

–Sí. Lo organizó Walter Panessi. Queríamos mostrarle al pueblo mercedino las posibilidades que hay de trabajar internacionalmente y ganar dinero estando afuera a través de WordPress. La experiencia me hizo acordar a la película “El Ciudadano”…

–La del escritor que vuelve al pueblo…

–Sí. El tipo que vive en Barcelona y vuelve al pueblo. Fue algo parecido, porque de hablar en súper lugares a hablar en el Unzué con muy poca gente y un calor terrible, y no había nada preparado… –interrumpe la frase como si no fuera necesario terminarla. Niega con la cabeza y continúa– Es decir, las personas que preparaban todo eran empleados municipales que no entendían nada de lo que yo iba a hacer, no sabían si yo iba a utilizar computadora, nada. Me miraban como los nenes de Jujuy miraron a Menem cuando prometía estar en Corea en una hora y media a través de vuelos espaciales. Después se sentaron ahí con una computadora en cada banco del año setenta y cinco que no servía para nada. Pero la experiencia estuvo buena aunque fue semilla que cayó en tierra infértil. La idea era que supieran que programando con WordPress se puede trabajar muy bien en el exterior. Todos escuchaban pero me parece que pensaban “todo muy bonito pero esto acá no aplica”. También quise mostrar lo que hacemos en Europa, el tema del compañerismo, de la unión, de trabajar en equipo con una comunidad como la de WordPress que parece una secta, pero que funciona. En cuanto les dije que se reunieran una vez por semana para ver sus problemas y trabajar sobre ello… olvidate. No lo hicieron nunca.

Diez años después quién puede volver atrás diez años después, mejor decir que callar…

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