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Comienza el Santo Tiempo de Adviento

Ya llegamos a este último mes del año y litúrgicamente comenzamos un nuevo año litúrgico. Por lo que correspondería decir “Feliz Año Nuevo”. Con el Santo Tiempo del Adviento, comienza la preparación de la venida del Señor, y volvemos a finalizar un ciclo de vida y damos inicio a un nuevo ciclo de espera de la presencia del Señor.

El Adviento, igual que la Cuaresma, es un tiempo de los que llamamos “fuertes” dentro de la Iglesia. Se nos invita a una especial atención a la oración, a la penitencia, al ayuno, a la limosna, actitudes interiores y exteriores que nos hablan de una preparación, de disponernos.

Una cosa es celebrar el encuentro con alguien, para lo cual nos preparamos, a sufrir un encontronazo, como cuando nos topamos con alguien por la calle y no estábamos preparados. La Navidad no tiene que ser un encontronazo sino un encuentro, para el que no preparamos en la Iglesia en estos domingos que nos separan del 24 de diciembre, Nochebuena, y el 25, Navidad.

Y en el Evangelio de hoy, de Mateo capítulo 24 versículos 37 al 43, se nos dice “estén prevenidos porque ustedes no saben qué día vendrá el Señor”. Estamos invitados a prepararnos para la venida del Señor.

La expresión propia de este Santo Tiempo del Adviento es tomada del libro del Apocalipsis, “Maranatha” (*). Ven señor Jesús. Y es lo que decimos, ven pronto, no tardes.

En el Adviento celebramos primero la venida histórica de Jesús que se dio y es la Navidad, pero también pedimos al Señor que venga pronto, que su Reino sea instaurado, que vuelva como ha prometido a juzgar a vivos y a muertos. Estas son las dos dimensiones del Adviento que comenzamos a vivir.

Que sea un tiempo de propósitos cumplibles, que podamos hacerlos y evaluarlos. Hagámonos un tiempito hoy para hacer algún propósito, algo que nos cuesta dejar de lado, alguna privación, alguna actitud que tenga que ver con la caridad y sirva de prenda exterior a esta preparación interior a la venida del Señor.

Que seamos acompañados en esto por María Santísima, Virgen de Luján.

Y, como decimos siempre, solos, con amigos, en familia, pero siempre con el Señor. Que tengan un santo y bendecido domingo.


(*) Maranatha significa ‘el Señor viene’. Es la transcripción de la palabra griega μαραναθα (maranatha), que a su vez proviene de la expresión de origen arameo mâran’athâ