
En un emotivo y sencillo acto que entrelaza el pasado colonial con la gesta libertadora, La Pulpería de Cacho Di Catarina, emblemática posta de paso fundada en 1830, recibió una réplica oficial de la Bandera del Ejército de los Andes.
El obsequio fue entregado personalmente por el TC (R) Claudio Morales Gorleri, Doctor en Historia y ex-presidente del Instituto Nacional Sanmartiniano, quien se llegó por estas horas a Mercedes y visitó la Pulpería.
La entrega de este símbolo nacional no es un hecho fortuito. El espacio, ubicado junto al río Luján en el oeste bonaerense, ha funcionado por casi dos siglos como centro neurálgico de encuentro y sociabilidad rural. Con esta incorporación, el establecimiento refuerza su estatus como «museo viviente» de las pampas argentinas, integrando un objeto de alto valor simbólico a su ya vasta colección de reliquias históricas.
Un puente entre dos épocas
Los impulsores actuales de la pulpería expresaron su profundo agradecimiento por el gesto, destacando que este emblema «engalana» un rincón que ya respira tradición en cada ladrillo.
La bandera representa no solo la libertad sudamericana, sino también el reconocimiento institucional a los espacios que mantienen viva la identidad nacional fuera de los museos convencionales.
»Este lugar está lleno de recuerdos de distintas épocas. Recibir la bandera de manos de una autoridad del Instituto Sanmartiniano es un honor que nos obliga a seguir preservando este legado para las futuras generaciones», señalaron desde la Pulpería, hoy en manos de Fernanda y Oscar Pozzi, continuadores del legado familiar.
Una conexión institucional
El Instituto Nacional Sanmartiniano, cuya sede es una réplica de la casa del General San Martín en Grand Bourg (Francia), es el organismo encargado de difundir la vida y obra del Libertador.
Al elegir a la Pulpería de Cacho como depositaria de esta réplica, se reconoce al establecimiento no solo como un atractivo turístico, sino como un eslabón fundamental en la cadena de la memoria histórica argentina.
Actualmente, la pulpería continúa abierta al público, permitiendo a locales y turistas vivenciar la experiencia de una auténtica posta del siglo XIX, ahora custodiada por los colores que cruzaron la cordillera.




























