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Es verdad: Calle Corrientes explota

Por Walter Perruolo Sábado de Agosto de 2026. Volvemos de ver la obra Venimos De Muy Lejos, del grupo de teatro comunitario Catalina Sur en la Boca.

Nos sentamos con la familia a comer pizza en Kentucky, sobre la vereda, envueltos en paredes de nylon cristal. De allí, a metros del Obelisco, puedo ver al los Rapi y DIdo con sus caja roja en el lomo de las bicicletas. Van y vienen, como hormigas a las que se la pisoteado el hormiguero.

Me pregunto si ese trabajo de tracción a sangre estará relacionado con las desaparecidas cabinas de peaje que cruzamos rumbo a CABA. Tengo Telepase en el auto, por suerte. Pobre el desprevenido, que no suele venir para la Capital, que de no enterarse de que existe algo llamado Telepase será víctima del absurdo de cometer un infracción vehicular sin intención y le llegará una multa.

¿Y por qué pienso que está relacionado con los Rapi? Todos esos trabajadores precarizados podrían estar trabajando en cabinas de peaje, sin ponerse en peligro y con derechos, donde se priorice el factor humano por sobre la tecnología.

Donde “priorizan” el factor humano es Kentucky, bah, los dueños de Kentucky, porque el mozo, luego de que se le pide la cuenta para pagar, deja unos cartoncitos con QR a cada comensal de la mesa. ¿Para la propina?, pensé. No señor, es una encuesta para calificar al mozo. ¿Calificarlo como cuando en las compañías telefónicas envían un email para calificar al empleado que nos atendió? Claro, nos explica, porque el que tenga mejor calificación de todos los mozos y mozas podrá obtener un franco más, mejor comisión, etc. O sea, pienso, que si la pizza está fea o cruda, influenciado por el enojo terminaré calificando con bajo puntaje y perjudicando a un pobre pibe que se desarma para ganar un poquito más de su sueldo.

Mientras comía la pizza y tomaba una rubia tirada, del otro lado del nylon cristal explotaba Corrientes, los Rapi y los Dido seguían zigzagueando, un hombre joven sin una pierna en sillas de ruedas pedía en un cartel algo para ayudarlo, caravanas de gente pidiendo o revisando las mesas donde ya se habían retirado, una mujer probablemente adicta abrió violentamente el nylon para pedirnos algo para comer, un par de chicos revisaba la basura, una nena de no más de diez nos dejó un paquete de pañuelos para que lo compremos.

Y lo comparo, como aquella vez que estuve dos días sin internet por un problema de Speedy, y después de estar dos horas al teléfono hasta lograr solucionarlo me enviaron una breve encuesta para responder sobre la atención recibida. «Los dueños de Kentucky son unos maderfaquer», le dije en español napolitano al mozo, mientras lo calificaba con la máxima puntuación para no cagarle el franco ni cualquier otro beneficio.

Mientras comía la pizza y tomaba una rubia tirada, del otro lado del nylon cristal explotaba Corrientes, los Rapi y los Dido seguían zigzagueando, un hombre joven sin una pierna en sillas de ruedas pedía en un cartel algo para ayudarlo, caravanas de gente pidiendo o revisando las mesas donde ya se habían retirado, una mujer probablemente adicta abrió violentamente el nylon para pedirnos algo para comer, un par de chicos revisaba la basura, una nena de no más de diez nos dejó un paquete de pañuelos para que lo compremos.

Son ya las doce de la noche en Corrientes frente al obelisco. Un sábado de vacaciones de invierno de 2026. Es verdad: Calle Corrientes explota.


Walter Perruolo es músico local de gran trayectoria en varias bandas que van del rock hacia el tango y canta como solista, también profesor de guitarra y además escritor.