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Para eso fuimos hechos

Seguimos hablando del amor, y de que todo pasa por él –como decíamos ayer– porque fuimos hechos para el amor.

Dice San Agustín que tenemos una capacidad de amor infinito que solamente un infinito la puede colmar.

Y esto es así. La capacidad de infinitud la puede colmar solamente un infinito, y ese infinito es Dios.

Y ese amor para el cual estamos hechos no es algo ficticio, irreal, sino absolutamente palpable, lo que no significa que sea placentero.

Nuestro mundo, totalmente hedonista, como se dice hoy por hoy pour la gallerie, de demasiadas luces, de demasiado brillo, de demasiado oropel, ese no es el amor que ofrece de Jesús, que es otra cosa: es el silencio, es el servicio, la oración. Fundamentalmente servicio y oración que primero se amasa, se hace en la escucha. Escucha atenta de la palabra. Y para la escucha atenta de la palabra es necesario apartarse.

Y el aparte nos habla de separarse, de retirarse. Pero de esto vamos a hablar en otro momento, porque fuimos hechos para el amor, para hacernos en plenitud, y esa plenitud comienza a hacerse en el aparte.

De esto charlamos mañana.

Que la Virgen Santísima de Luján te bendiga.

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