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Alfie nos contagiaba su forma de orar

Por Guillermo David San Martín

Mi primer trabajo, al terminar el secundario, fue en el Instituto Fahy de La Reja, partido de Moreno, como preceptor.

 

Allí comencé a conocer a los sacerdotes palotinos que, como ustedes también opinarán, son los mejores.

Así traté y llegué a querer a los que hoy recordamos a los 45 años de su asesinato.

Pero con Alfie Kelly la relación fue especial.

Cuando con otros muchachos y chicas organizamos el grupo Vi.Po.Al (Vivir por algo) Alfie fue nuestro asesor espiritual. Era uno más. Trabajaba en la asistencia a familias pobres junto con nosotros, nos enseñaba a interpretar lo que estaba sucediendo en la iglesia durante el Concilio Vaticano II y, sobre todo, nos enseñaba a rezar.

Alfie nos contagiaba su forma de orar, poniéndose en presencia del Señor y de la Virgen María, para expresar lo que había que decirles, lo que queríamos pedirles y, más que nada, para oír lo que nos tenían que decir a cada uno de nosotros.

Y eso lo hacíamos casi todos los sábados en esta iglesia y de vez en cuando en el campo de los Kelly y en un campo de San Antonio de Areco, donde al poco tiempo se organizó otro Vi.Po.Al.

A la iglesia San Patricio de San Antonio íbamos algunos de nosotros en calurosos eneros y en fríos julios para, con su dirección y ayudados por los ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola, discernir cuál era el camino que el Señor nos tenía asignado.

Y desde esa época fue mi director espiritual. Pero más que eso. Alfie se convirtió en un hermano más de los míos y de mi novia María del Carmen y en un hijo para mi madre. Entraba a mi casa cada vez que pasaba por Mercedes y tuve la suerte de que nos casara en la iglesia San Luis hace más de 53 años.

En los complicados años 70, cuando hasta de la Iglesia salían voces cargadas de violencia, Alfie, sin dejar de ser duro con las injusticias, reclamaba paz, pregonaba la no violencia.

Durante varios años, hasta poco antes de su trágica muerte, Alfie venía a Mercedes para que sus dirigidos tuviéramos la dicha de charlar con él para contarle nuestras cuitas, pedirle consejo, confesarnos, rezar juntos.

Unos días antes de llegar me pedía que le hiciera una lista de quienes deseaban entrevistarse con él. Y entonces nos traía su palabra tranquilizadora, cargada de paz.

Porque si algo lo caracterizaba era su espíritu pacifista.

En los complicados años 70, cuando hasta de la Iglesia salían voces cargadas de violencia, Alfie, sin dejar de ser duro con las injusticias, reclamaba paz, pregonaba la no violencia.

Tal vez ese espíritu lo había heredado de su madre, a quien los cercanos llamábamos cariñosamente la “Cacica”, por ser comandante de nuestra “tribu”, quien al enterarse de lo ocurrido nos dejó un inolvidable mensaje: “Doy gracias por ser la madre del muerto y no la del matador”.

Que el recuerdo de los mártires nos traiga paz.


Palabras ofrecidas por Guillermo David San Martín (amigo de los 5) durante la misa en la Iglesia San Patricio de Mercedes, en memoria de los mártires palotinos (víctimas de la Masacre de San Patricio, del 4 de julio de 1976: Alfredo Leaden, Alfredo Kelly, Pedro Duffau, Salvador Barbeito y Emilio Barletti) este domingo 4 de julio de 2021, a 45 años de su asesinato.

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