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Otra vez sopa

Más allá de esta expresión que popularizó tanto la querida y recordada Mafalda con sus amigos, «otra vez sopa», y que nos puede traer a la reminiscencia alguna repetición y algo que nosotros mismos decimos «otra vez sopa» frente a cualquier situación que nos toca vivir y que parece repetida, precisamente «otra vez sopa» nos habla de algo repetitivo, algo casi aburrido y hasta en muchos casos rutinario.

La palabra rutina es una palabra que tiene poca y mala prensa, sin embargo cuando se habla de «mi rutina en el gimnasio» es una cosa que suena distinto. Porque «rutina» nos habla de orden y orden es lo mismo que ordinario. De ordinario acontece esto, que no tiene nada que ver con modos o modales de alguna persona. Una persona puede tener modales y gestos soeces pero no ordinarios. Puede ser que una persona ordinariamente tenga actitudes soeces, lo que no significa que sea ordinario. Ordinariamente actúa de esa manera. Es decir, la riqueza que tiene nuestro idioma español.

Pero volviendo a lo nuestro, la rutina es lo que hacemos todos los días, como conversábamos ayer, «lunes otra vez». Volver otra vez a nuestras actividades. Solamente que nuestra rutina, este orden, este hacer de nuevo, este repetir, lo podemos hacer de un modo nuevo. Y estamos invitados precisamente a esto.

Como nos hemos renovado en la Pascua, como hemos dejado atrás algunas cosas (cada uno sabrá que) se supone que ha nacido el hombre nuevo. Si bien nuestras acciones son ordinarias –es decir que son de orden– nuestras actitudes son rutinarias, son de una rutina –porque nos levantamos a una hora, porque vamos a nuestro trabajo, porque hacemos tal o cual cosa– todo esto lo podemos realizar, si queremos de otra manera, es decir con otro animus, con otro ánimo, con ese ánimo que nos da la Pascua, el resultado. Es decir, con otro sentido.

Hermanos míos: Jesús no vino a explicar el sufrimiento. Jesús no vino a dar una clase teológica – filosófica – antropológica sobre el dolor humano. Vino a santificar el dolor humano y vino a santificar el hacer nuestro de cada día, nuestra cosa rutinaria. Lo ordinario nuestro de todos los días. Quiera Dios que –como decía Teresa de Ávila– no hagamos cosas extraordinarias sino que a las cosas ordinarias las hagamos extraordinariamente bien.

Renovadas felices Pascuas (estamos en la octava y el saludo vale hasta el próximo domingo). Felices Pascuas de Resurrección. La Virgen de Luján te bendiga.

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