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Covid-19: La hipótesis 5G bajo la lupa

La narrativa de la pandemia no tiene nada que ver con proteger la salud de la población. ¿Hay base científica para afirmar que el Covid-19 es una cortina de humo para el 5G?

Por Claudio Guevara

¿Qué sabemos sobre el Covid-19 al cabo de dos meses de crisis mundial?

  • Es un diseño para dividir y enfrentar a la población entre sí. El Covid y la respuesta del confinamiento postulan que cada persona es un peligro para las demás, que debemos abstenernos de tocarnos o abrazarnos para no “contagiarnos”. Esto es pura pseudociencia, pero guía el accionar de muchos Estados.
  • El Covid es un artefacto pseudocientífico diseñado para confundir el debate científico, porque se han metido dentro de este concepto tantos síntomas, dolencias, estadísticas y opiniones, que ya nadie sabe de qué estamos hablando.
  • Las cifras de la “pandemia” se inflan artificialmente a partir de manipular los protocolos médicos: si un muerto dio positivo en el test, se diagnostica como muerto por Covid; si no dio positivo pero tenía los síntomas, también se diagnostica como Covid. Lo que antes eran muertos por gripe, neumonía, diabetes o cáncer, ahora son los muertos de la pandemia. Esto permite crear un “paquete de datos”, un recuento de muertos transmitido en tiempo real que crea pánico. Pero en general en casi todos los países, los muertos totales de los primeros cuatro meses del 2020, son muy similares a los del año anterior.
Covid-19 hipotesis 5G
Estadísticas de muertes totales en EE.UU. , años 2019/2020. Fuente: Center for Disease Control.
  • Los test no son fiables, nunca tuvieron validez para efectuar un diagnóstico, y arrojan un altísimo porcentaje de falsos positivos. Papayas, cabras y ovejas han dado positivo al «test». Por lo tanto no son indicadores de nada, y las estadísticas en torno a la cantidad de “infectados” son engañosas, porque no reflejan “cantidad de enfermos”.
  • Los sistemas de salud tienden a recompensar un aumento de casos. En EE.UU, los hospitales reciben un incentivo de 13 mil dólares por cada enfermo declarado de Covid, y si los entuban y les colocan el ventilador, reciben 39 mil dólares.
  • Sabemos, por los médicos honestos que tenemos por millones, que el protocolo del ventilador recomendado por la OMS es responsable de la muerte de muchos enfermos. En cambio, muchos remedios efectivos contra la gripe, como la vitamina C, el dióxido de cloro o el simple reposo, son ocultados y combatidos.
  • No hay un solo estudio sobre la tierra que haya demostrado que el virus provoca esos síntomas, ni tampoco que describa sus mecanismos de acción. El Covid, como enfermedad, tampoco cumple con los postulados de Koch, cuya primera premisa es: “Para atribuir la causa de una enfermedad a un virus o una bacteria, éste debe estar presente en los enfermos y ausente en los sanos”. Como es de público conocimiento, este principio no se cumple.
  • El Covid NO ha causado tantos estragos como la epidemia de hambre, suicidios, depresión, obesidad o violencia familiar. También sabemos que en nombre de la emergencia sanitaria, se le niega atención médica a la gente, excepto si es portador de Covid.

En resumen: Sabemos suficiente para razonar que este gigantesco operativo planetario no tiene nada que ver con proteger la salud de la población.

¿Cuáles son entonces sus motivaciones?

La hipótesis 5G bajo la lupa

El Dr. Miguel Palma, en la línea con miles de científicos en todo el mundo, avanza una explicación en torno a la influencia del despliegue del 5G en esta crisis: “La posibilidad de que el COVID-19 sea resultado de la mutación genética originada por radiaciones electromagnéticas”.

La narrativa del coronavirus, en esta perspectiva, sería una cortina de humo, un chivo expiatorio construido con fines de atribuir a un virus los múltiples trastornos que tendrán lugar a medida que avance esta nueva tecnología.

Esta perspectiva gana fuerza. Se conocen datos sintomáticos:

  • Una feroz censura en Youtube y la mayor parte de las plataformas digitales SUPRIME todos los contenidos que vinculan el Covid 19 y el 5G, incluso si son firmados por reputados científicos o especialistas médicos.
  • Todas las usinas que pusieron en marcha esta “pandemia”, trabajan aceleradamente para confinar a la población en un mundo virtual de clases a distancia, teletrabajo y trámites en línea. De esta manera, la demanda de mayores redes de transmisión de datos se vuelve generalizada y sistémica.
  • Al mismo tiempo, se multiplican las iniciativas para desplegar, con el pretexto del seguimiento epidemiológico, un sistema de vigilancia global de las personas (monitoreo de temperatura por cámaras en lugares públicos, aplicaciones de seguimiento) que también reposan en el lanzamiento del 5G.

El 5G no es sólo un sistema de telecomunicaciones: plantea también un sistema policíaco-militar, de espionaje y control social. Por eso el Covid 19 es un diseño que excede largamente la dimensión médica, y sus consecuencias se proyectan sobre todos los niveles de la vida en la tierra.

Ahora bien, en el plano de la salud: ¿Tenemos base científica para afirmar que el 5G es el responsable del Covid-19?

La respuesta es paradójica: SI y NO.

NO, porque el conjunto de síntomas asociados al Covid-19 es un concepto difuso, pseudocientífico, que no está sujeto a ninguna prueba experimental definida. Es un “paquete conceptual” donde hay trastornos de todo tipo. Es decir que hay muchos enfermos DIAGNOSTICADOS con Covid cuyas dolencias pueden residir en otros factores.

SI, porque la exposición a campos electromagnéticos provoca una gran cantidad de síntomas diversos, entre ellas hypoxia  (deficiencia en la cantidad de oxígeno en la sangre y en los tejidos) y alteraciones en la coagulación de la sangre, que muestran muchos de los enfermos diagnosticados con Covid. Es decir que muchos enfermos DIAGNOSTICADOS con Covid pueden en realidad ser víctimas de la exposición a 5G, 4G o a campos combinados.

Veamos esta aparente contradicción en más detalle.

Qué dicen las primeras investigaciones

La intuición de Miguel Palma tiene ya correlatos en muchos colegas. Bartomeu Payeras i Cifre, biólogo especialista en microbiología, en un temprano trabajo demuestra la correlación entre número de contagios y la proximidad de las redes 5G. El trabajo de Payeras desnudó uno de los datos más llamativos: el país que más alto índice de Covid-19 por habitante es San Marino, donde la red 5G funciona desde 2018. Otros indicadores sugestivos tienen que ver con la acumulación de enfermos de Covid en Madrid en las zonas donde ya se ha desplegado el 5G, y la ausencia de enfermos en los países donde esta tecnología aún no se despliega.

Arthur Firstenberg, uno de los más reputados investigadores en la materia, apunta más datos:

  • La red 5G de China comenzó a funcionar el 1 de noviembre de 2019. La epidemia de COVID-19 comenzó allí dos semanas después.
  • Irán no tiene 5G. Pero anunció el 13 de febrero de 2020 que el 4G, que en realidad es 4G-LTE, había entrado en funcionamiento en «casi todas las ciudades, pueblos y aldeas de todo el país». La epidemia de coronavirus comenzó en Irán menos de dos semanas después.
  • Desde Tailandia se reporta sobre una epizootia en caballos inmediatamente después del inicio de la 5G allí, el 21 de febrero de 2020. La primera muerte de caballos ocurrió el 24 de febrero. El brote se declaró el 27 de marzo, después de que 73 caballos murieron en Nakhon Ratachasima, una de las ciudades que formó parte del lanzamiento de 5G. La enfermedad (que se atribuye a un virus llamado peste equina africana), ha matado a 539 caballos en Tailandia a partir del 18 de mayo. También está matando cebras, camellos, burros y mulas. Los síntomas en animales infectados incluyen fiebre alta, secreción nasal, falta de apetito, dificultad para respirar y muerte súbita.
  • Las muertes masivas de pájaros han sido una constante en todas las ciudades donde se han realizado las primeras pruebas de 5G en Europa y Estados Unidos.

Otra enorme cantidad de materiales de análisis son sistemáticamente eliminados de las plataformas más populares. Pero se pueden rastrear a través de los grupos científicos que estudian los efectos de la contaminación electromagnética desde hace décadas: Bioiniciative Report, EMFscientist.org, 5G Space Appeal. También de autores paradigmáticos como Olle Johansson, Teo Litovitz, Neil Cherry, Ulrick Wanke, Alfonso Balmori, Leif Salford, Allan Frey, Andrew Goldsworthy, Henry Lai y muchos otros.

Video: Martin Blank, EMF Appeal

¿Los daños de la contaminación electromagnética están científicamente demostrados?

El cuerpo de investigaciones científicas hasta la fecha arroja una unánime conclusión: somos seres bioeléctricos, y los campos electromagnéticos artificiales (CEM) tienen influencia sobre nuestros organismos a niveles de exposición muy bajos (niveles no térmicos) (1)Los principales efectos patógenos residen en el estrés oxidativo, la fragmentación del ADN, el derrame de calcio, la ruptura de la barrera hemato-encefálica y la afectación de los neurotransmisores. Esto está plenamente demostrado en estudios de laboratorio.

Sin embargo, es más difícil comprobar cómo nos afectan los CEM en la vida cotidiana. Los estudios que miden la incidencia de ciertas enfermedades según la cercanía física de fuentes de emisión (antenas, wi-fi, líneas eléctricas), serán casi siempre objeto de inconsistencias.

  • En primer lugar, porque los abordajes más avanzados han demostrado que los campos electromagnéticos en las ciudades se propagan en forma azarosa y errática, y su concentración no necesariamente está determinada por la cercanía física de las fuentes de emisión. Más que aplicar una lógica lineal de contigüidad espacial, propia de la física clásica, es recomendable aplicar una lógica no lineal, propia de la física cuántica. En este gráfico se muestran mediciones de radiaciones de alta frecuencia (celulares) en Puerto Vallarta (México). Los puntos rojos indican zonas de alta densidad de campos, pero no están vinculadas con la contigüidad física de las antenas.

Covid-19 hipótesis 5G

  • En segundo lugar, porque los esfuerzos por “demostrar” el efecto de ciertos tipos de CEM (celulares, wi-fi o líneas eléctricas) encuentran en todas partes una concurrencia de múltiples fuentes de emisión, tornando imposible el estudio de cada CEM por separado. Este panorama será profundizado con el 5G, que se emite también desde miles de antenas en el espacio, en un proceso imparable por el cual pronto no habrá centímetro sobre la tierra libre de su influencia.
  • En tercer lugar, los estudios sobre los “efectos” de los CEM sobre los organismos en la vida real deben incorporar una gran cantidad de variables: la cantidad de metales pesados en los organismos, la calidad del agua que consumen y la relación geológica de cada zona con el centro de la tierra, entre otras (2).

Más allá de estas dificultades, un abordaje integral sobre el impacto del proceso de electrificación de la tierra arroja datos de innegable significado y claridad. Para visualizar claramente la influencia global que tiene este proceso, debemos mirar estadísticas comparadas a lo largo del tiempo.

Epidemias y electrificación del planeta

El despliegue del 5G es otra capa más en el proceso de electrificación del planeta.

La historia no oficial de los brotes epidémicos en los últimos dos siglos marca una clara coincidencia entre cada nueva etapa de electrificación y la aparición de epidemias y nuevas enfermedades. En su libro “The invisible rainbow. History of electricity and life”, Arthur Firstenberg detalla esta reveladora cronología.

  • La aparición de la “neurastenia” en 1860 coincide con el despliegue de la telegrafía en todo el mundo.
  • La gripe no existía como una enfermedad anual antes del despliegue masivo de electricidad para luces y energía que ocurrió en 1889. Muchos de los médicos que presenciaron la epidemia de influenza en 1889 nunca antes habían visto un caso.
  • La epidemia de “gripe española” en 1918 se esparce por el mundo a la par que las estaciones de radio.
  • Décadas más tarde, con el radar y las subsiguientes oleadas de nuevas tecnologías inalámbricas se fueron registrando diferentes brotes de nuevas gripes en todo el mundo.

Firstenberg señala una serie de hechos importantes sobre la gripe de 1918 que no se conocen:

  • No fue causada por un virus, no fue contagiosa y no se propagó por contacto directo de persona a persona.
  • Comenzó en las bases militares de los EE. UU., donde los soldados estaban siendo entrenados en tecnología inalámbrica. La Marina de los EE. UU. desplegó más de 10,000 estaciones inalámbricas de última generación durante la Primera Guerra Mundial.
  • La gripe se volvió mucho más mortal en septiembre de 1918 cuando salió al aire la primera estación de radio lo suficientemente potente como para ser recibida en la mayor parte del mundo

La obra de Firstenberg es inmensa: con cientos de referencias históricas y científicas, se sumerge en las primeras experiencias del hombre con el uso de la electricidad, durante el siglo XIX. En ese entonces, la medicina oficial detallaba una larga lista de síntomas asociados con la exposición del cuerpo humano a la electricidad. En la actualidad, el dogma médico ha eliminado ese interés, y los médicos en general desconocen qué síntomas pueden estar asociados con la electrificación del ambiente.

Sin embargo, “The invisible rainbow” recoge una impresionante cantidad de estadísticas comparadas que reflejan cómo las principales enfermedades del mundo moderno (cáncer, diabetes, trastornos cardiovasculares, obesidad, etc) incrementan su incidencia a medida que se intensifica la electrificación del planeta. Firstenberg y los autores que cita también explican los mecanismos que provocan estos trastornos (3).

En resumen: el nivel de electrificación del ambiente es una variable que explica mucho mejor la naturaleza de la enfermedad y las epidemias, que la actualmente predominante teoría de los gérmenes.

La endeblez de la teoría del contagio

La idea de que podemos evitar compartir virus usando máscaras y manteniéndonos a pocos metros de distancia de los demás, es tan realista como ponerle una máscara a un pez y pretender que lo protegerá de mojarse”. Arthur Firstenberg.

Volvemos al Covid-19. En estos momentos, miles de médicos y científicos apuntan que las evidencias no indican que el confinamiento y las medidas de distancia social haya servido para disminuir el número de casos.

No es la primera vez que la teoría del contagio no funciona.

Durante de la gripe de 1918, los médicos que trabajaban para el Servicio de Salud Pública de EE.UU. fracasaron en forma repetida cuando intentaron demostrar su naturaleza contagiosa:

  • Intentaron infectar a voluntarios sanos con influenza poniendo secreciones de los hospitalizados.
  • Inyectaron sangre de pacientes enfermos en voluntarios;
  • Filtraron material mucoso de pacientes enfermos y lo inyectaron debajo de la piel de voluntarios;
  • Pidieron a los voluntarios estrechar la mano de pacientes enfermos, hablar con ellos, toser directamente en la cara del voluntario, cinco veces.

Ninguno de los voluntarios de estos experimentos se enfermó.

Un siglo después, ningún experimento empírico replicable en laboratorio ha logrado demostrar la teoría del contagio.

Esto es asumido por todos los paradigmas de la medicina que no comparten la teoría de los gérmenes: la medicina china, la medicina ayurvédica, la naturopatía o la nueva medicina germánica, por ejemplo, no reconocen a la “cadena de contagio”, ni a los gérmenes como la fuente de enfermedades.

Los enfoques médicos más sensatos reconocen que virus o bacterias no son causantes de enfermedades, sino que aparecen como consecuencia de la enfermedad. El Dr. Thomas Cowan lo explica brillantemente en uno de los videos más censurados de estos tiempos:

Dr. Thomas Cowan: Covid-19 caused by 5G?

Por lo tanto, las cuarentenas, aislamiento social, uso de cubrebocas y otras medidas impuestas por “comités de expertos”, son imposiciones de indudable sesgo ideológico y no tienen ninguna base científica. Por eso miles de científicos, autoridades políticas y ciudadanos cuestionan la “nueva normalidad”, y denuncian que ninguna evidencia surge de la efectividad del encierro forzoso para mejorar la salud de las poblaciones. Más bien, la experiencia indica que ha sido una catástrofe y que no debemos hacerlo nunca más.

En cambio, debemos estar atentos a otras amenazas.

Más allá del Covid: la pandemia que viene

Desde el punto de vista médico, el Covid-19 es “paquete pseudocientífico” de síntomas y trastornos diversos, aparentemente aplicable a casi todos los enfermos. Este es un artefacto engañoso como el SIDA, un diseño deliberado para empantanar la investigación científica. Se multiplican las complicaciones atribuidas (sin pruebas) al virus:

  • Una misteriosa complicación de la coagulación de la sangre está matando a pacientes con coronavirus. Los pacientes desarrollan coágulos sanguíneos y sufren derrames cerebrales. En los Estados Unidos, hasta el 40% de los pacientes con COVID-19 están desarrollando coágulos. En China el 71% de los pacientes con COVID-19 que murieron habían desarrollado coágulos.
  • Los jóvenes de entre 30 y 40 años están sufriendo accidentes cerebrovasculares en números récord. El 22 de abril, un médico de Nueva York le dijo a CNN que había visto un aumento de siete veces en el número de jóvenes con derrames cerebrales durante las dos semanas anteriores. En el Hospital Mount Sinai Beth Israel, un médico que eliminó un coágulo del cerebro de un paciente «vio formarse nuevos coágulos en tiempo real a su alrededor» mientras lo sacaba.

Todo se atribuye a un virus. Pero todos esos pacientes, en esos lugares, están siendo bombardeados por las ondas milimétricas del 5G. Sabemos por la literatura científica que las ondas milimétricas causan coagulación (3).

  • Se está describiendo una enfermedad desconocida en niños en Reino Unido, España, Italia y los Estados Unidos. Los niños están apareciendo con «inflamación multi sistémica”: están agitados, tienen dificultad grave para respirar, convulsiones, presión arterial baja, inflamación del corazón, dolor abdominal y erupción cutánea.

Se está culpando de ello al Covid-19. Pero los síntomas son todos efectos clásicos de la enfermedad por las ondas de radio.

Simultáneamente, vecinos en todo el mundo reportan malestares diversos a medida que se despliega la red 5G, mortandades masivas de pájaros y otras señales que indican el advenimiento de un cambio brutal en el ambiente.

En estas semanas, el despliegue de antenas ha sido incesante en muchos países. Si este proceso no se detiene, veremos nuevos «brotes epidémicos» que justificarán la extensión del confinamiento. Eso explica que la OMS y sus voceros anticipen (sin datos científicos que respalden el «vaticinio») la «segunda oleada» y las «futuras pandemias».

Por esta suma de evidencias, antecedentes científicos y razonamientos, podemos decir que el enmascaramiento de los daños biológicos del 5G es uno de los ejes principales del diseño globalista del Covid 19. Pero no el único.


(*) El autor es Doctor en Sustentabilidad y Desarrollo por la Universidad de Guadalajara. Master en Estudios Transdisciplinarios para la Sustentabilidad por la Universidad Veracruzana (UV). Estudia desde hace 10 años la influencia de los campos electromagnéticos en la salud y en la conducta. Es autor de «Contaminación electromagnética: Un esquema conceptual» (en proceso de impresión, Academia Jalisciense de Ciencias) y de numerosos artículos sobre el tema.

REFERENCIAS

1El dogma oficial (conocido como “patrón térmico”) sólo reconoce efectos a partir de exposiciones tan intensas que alcancen a calentar los tejidos. El “patrón térmico” es la base de las actuales regulaciones, y permite una proliferación de campos electromagnéticos responsable de la muerte de millones de personas.

2) A la par de estas dificultades, esta investigación científica es oscurecida desde hace años por poderosos intereses que financian estudios “ad hoc” para darle cobertura legal a la actividad de las telcos.

3) Por la amplia extensión de este punto, debo omitir el desarrollo que merece.

4En un estudio de 1978 de Zalyubovskaya y Kiselev, «Efecto de las ondas de radio de un milímetro Rango de frecuencia en el cuerpo del hombre y los animales (JPRS 72956, 1979, pp. 9-15; traducido de Gigiyena i Sanitariya 1978, no. 8, pp. 35-39), los autores monitorearon la salud de 72 ingenieros y técnicos de entre 20 y 50 años de servicio de onda milimétrica observaron «una tendencia a la hipercoagulación» en estos trabajadores.

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