
Por Alfredo Uncal
Cómo me cuesta escribir estas líneas…
La historia comienza en la infancia en el barrio del Club Gimnasia, calle 23 entre 36 y 34.
Después del turno tarde en la Escuela Normal había que ir a la casa de los abuelos Branchini a tomar la merienda y luego juntarnos con los chicos del barrio a jugar: Bocha Calloni, los Bojorge, los Rosli, y por supuesto el infaltable Panchito Lombardi que en primaria iba a la Escuela 10, también del barrio.
Así transcurríamos las tardes de la infancia entre pelotas, autitos de carrera y otras yerbas.
La secundaria nos volvió a juntar ahora en el querido Colegio Nacional. Pancho en la división primera y yo en la segunda, mientras Bocha Calloni seguía en la Normal, a pesar de lo cual la amistad no se perdió.
Pancho ya despuntaba su inteligencia y sabiduría por la historia. Fue abanderado en primaria y en secundaria.
Luego vino la universidad y nuevamente la vida nos juntó a los tres. Abogacía en la Universidad de Morón, viajando todos los días de ida y vuelta en el Tren Sarmiento, con charlas interminables, juegos de truco y mucha, mucha risa, hasta que llegaban los turnos de exámenes y se terminaba lo que se daba.
Pancho me invitaba a estudiar los interminables apuntes y códigos jurídicos en su casa de la calle 23, momentos aburridísimos regados con los sabrosos mates de la abuela que no paraba de ir y venir de la cocina con el elemento yerbatil en la mano, sin mediar una sola palabra, respetando con su silencio nuestra admirable concentración estudiosa en su apariencia.
Con el pasar de los años Panchito abandonó la carrera y se incorporó a las filas de empleados del Banco Provincia, donde su padre Toto Lombardi había hecho su carrera bancaria.
Y medio periodístico mediante, conoció a su actual esposa, Silvia Filonzi, de Paso del Rey, con quien se casó y se fue a vivir a dicha localidad del partido de Moreno.
A pesar de la distancia y de no compartir más el tren Sarmiento y los mates de la abuela, no perdimos el contacto amistoso. Y tanto es así que de sus cinco hijos, para dos de ellos nos eligió padrinos de bautismo a Bocha Calloni y a mí. Una consideración amistosa y afectuosa de su parte.
Una vez jubilados los tres, Panchito, que amaba su ciudad y los colores y olores mercedinos, nos avisaba con anticipación de manera mensual el día y la hora en que viajaba a Mercedes para encontrarnos, café de por medio, y contarnos la vida, las enriquecedoras charlas sobre política y actualidad de las que nos nutríamos y enriquecíamos.
Panchito, que amaba su ciudad y los colores y olores mercedinos, nos avisaba con anticipación de manera mensual el día y la hora en que viajaba a Mercedes para encontrarnos, café de por medio
Eran encuentros que disfrutábamos Bocha, Pancho y el que escribe estas líneas porque era actualizar a través de los años la amistad indestructible que habíamos construido y conservado.
En diciembre Pancho nos avisa con tiempo que el viernes 2 de enero a las 10 horas nos encontrábamos en el Club Mercedes porque viajaba a esta ciudad a disfrutar y gozar del momento que nos unía mensualmente.
A la hora convenida y acordada Bocha y yo estábamos sentados en una mesa del Club. Pero Pancho nunca llegó a sentarse con nosotros. La vida, el destino, quiso que su viaje a Mercedes para estar con sus queridos amigos se truncara en el Tren Sarmiento. Traía sus vivencias, sus historias, sus pensamientos, su sabiduría y análisis de lo que había leído en estos días para compartirlas con nosotros.
Querido Panchito, con Bocha sólo nos resta agradecerte tu sincera amistad, tu fidelidad y tu hombría de bien. Te vamos a extrañar tanto en la mesa de café como en la radio. Hasta pronto Rubén Oscar Lombardi. Que descanses en paz.
En el día de ayer, viernes 2 de enero de 2026, Rubén «Pancho» Lombardi, cuando estaba viajando para Mercedes a una habitual reunión de amigos, se descompensó en el tren y falleció.
Alfredo Uncal es abogado, comunicador y director de la FM Santa María – UDPlay




















