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Las grandes empresas se lanzan al uso de los ERP en pleno proceso de digitalización

Las nuevas tecnologías. Los teléfonos móviles. Internet. Palabras y conceptos que poco a poco se han ido materializando en soluciones que están cambiando nuestras vidas por completo. Durante el último año, hemos visto cómo todo lo vinculado al sector digital ha crecido a un ritmo imparable.

Una evolución lógica y natural, dado que la pandemia que todo el mundo conoce ha obligado a las personas a permanecer más tiempo en sus hogares, a recurrir a internet para informarse y satisfacer muchas de sus necesidades. Las plataformas digitales han sido el bote salvavidas para gran parte de la sociedad.

 

De hecho, lo han sido también para las empresas. Muchos sectores han quedado gravemente heridos al no poder operar como de costumbre. El miedo a los contagios entre consumidores, las restricciones de movilidad, reducciones de aforo y recortes en horarios han llevado a los negocios a trabajar bajo mínimos.

Algo que ha provocado un enorme descenso en la facturación de muchas empresas, pero que también ha generado nuevas oportunidades. Renovarse o morir, se suele decir. Una máxima que los negocios se han tomado al pie de la letra, apostando al máximo por una digitalización que se ha vuelto imprescindible.

Construir portales web, implantar soluciones informáticas y, sobre todo, apostar por los ERP. Estos sistemas informáticos se han integrado de lleno en muchas empresas que, de hecho, se han lanzado a utilizarlos en su día a día.

Una solución que ya se puede ver en muchos más negocios, y que poco a poco ha ido ganando terreno, porque es la clave para evolucionar en la dirección que el contexto actual dibuja. En este sentido, ya hay empresas también que se han especializado en la elaboración de estos sistemas. Es más, echa un vistazo aquí si quieres un buen ejemplo.

¿Por qué este vuelco hacia los ERP?

La principal baza de estas herramientas es que permiten a los negocios controlar al máximo la gestión de todos sus procesos. Una empresa es como un complejo sistema de engranajes en el que todas las piezas deben encajar perfectamente, acoplarse y funcionar al mismo compás para que todo rinda como es debido.

Con el ERP se comprueba que todo eso va como debe ir. De hecho, en el caso de que haya un proceso que no esté ofreciendo el rendimiento adecuado, este software a través de sus herramientas permite detectarlo y, además, determinar cuáles son las mejores soluciones para remediarlo.

A través de esto, esta solución garantiza una mejora considerable en el rendimiento de un negocio. La correcta gestión siempre es clave para la optimización, aunque no es lo único que este tipo de herramientas consiguen en las empresas que apuestan por ellas.

Y es que, además de en lo anterior, el ERP también ayuda a mejorar y afinar los gastos. Indica, a través de su recogida de datos y la variedad de informes que construye, cuáles son los recursos que se deben invertir y en qué partes del negocio debe hacerse.

Una ayuda esencial para optimizar gastos y que permite a la empresa conseguir un importante ahorro. Organizando mejor el gasto realizado, al final un negocio siempre ahorra, porque los beneficios serán máximos.

También resulta interesante para las empresas por cómo automatiza procesos. Todo aquello que sea repetitivo o que se tenga que hacer con cierta periodicidad, puede automatizarse gracias al ERP. Así, la empresa puede volcar personal y recursos antes invertidos en estas tareas a hacer otras cosas.

¿Son todo ventajas para las empresas?

Hasta cierto punto, la implantación del ERP se antoja como algo obligatorio al igual que ventajoso para los negocios. Mejora numerosos procesos, garantiza un importante ahorro, mejor gestión de recursos, de personal y hasta facilita la elaboración de nuevas estrategias para el negocio.

Pero no es oro todo lo que reluce. También hay que tener en cuenta que se trata de un sistema que debe integrarse prácticamente en la raíz de la empresa. ¿Qué significa esto? Que, si un negocio se lanza a utilizarlo en su día a día, va a tener que hacer una importante inversión inicial.

No solo económica, también de tiempo y de personal. Todo el equipo del negocio tiene que aprender a implantar el ERP en su metodología de trabajo habitual. Cambiar procedimientos tradicionales por tareas que tengan en cuenta esta solución informática, cambiar la estructura informática y prácticamente todo el funcionamiento del negocio.

Todo eso requiere una adaptación que puede ser costosa durante los primeros meses. No obstante, tampoco es un problema de gran escala ni prolongado en el tiempo. El proceso de adaptación se limita a tan solo pocos meses, por lo tanto, a la larga la inversión y el esfuerzo se ven recompensados.

Un paso esencial en la digitalización

Se habla mucho del fenómeno de la digitalización, y lo cierto es que sus efectos son algo que vemos a diario en todos los frentes. Aunque los ERP no sean algo conocido de cara al público general, dentro del ámbito empresarial son ya uno de los pasos esenciales que cualquier negocio debe llevar a cabo si busca digitalizarse.

Lanzarse a las redes sociales, abrir plataformas online, plantear nuevos productos y/o servicios digitales… Todo esto forma parte de este nuevo movimiento que está ayudando a las empresas a crecer y evolucionar incluso en los tiempos más complicados.

Porque la digitalización no solo sirve para que un negocio pueda seguir adelante o crecer más que nunca, también sirve para que el consumidor tenga más facilidades. Gracias a esto, ahora podemos hacer compras por internet, podemos concertar citas con expertos en plataformas digitales o incluso enterarnos de las novedades de una empresa cogiendo el teléfono.

Todo esto forma parte de un conjunto en el que, sí, el ERP se ha posicionado como la gran piedra angular para el día a día de las empresas. Pero desde luego no es lo único que está ayudando a los negocios.

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